Entre copas y entre mesas

King of Coffee

Con 100 años de tradición, Elida Estate Coffee es un proveedor atractivo porque ofrece un producto respaldado por cuatro generaciones de cultivadores.

Elida Estate, en Panamá, tiene en marcha prácticas que no son un caso aislado. / Cortesía
La finca Elida Estate, en Panamá, tiene en marcha prácticas que no son un caso aislado. Cortesía

En estos días de angustia para los caficultores colombianos, como consecuencia de la debacle del precio internacional del grano en Nueva York (por debajo de un dólar la libra), refresca conocer la historia del primer productor mundial de cafés especiales de lujo, donde la inquietud no es la plata, sino mantener el lugar de liderazgo que ya ocupa y que le viene permitiendo cobrar precios impensables: más de US$800 la libra.

Sí. Ese productor lo tenemos a la vuelta de la esquina y se llama Panamá, nación ungida por los microclimas creados por sus dos océanos. Es más, los astronómicos precios alcanzados por los cafés de la exótica variedad Geisha no son fuente de envidia entre los demás, sino todo lo contrario: de regocijo colectivo, porque a todos les sirve que un competidor local sea la estrella que hoy todos quieren mirar. En especial quienes cultivan las variedades tradicionales, sometidas a un perfeccionamiento continuo.

Más llamativo aún es que Elida Estate (la finca ganadora) tiene en marcha prácticas que no son un caso aislado. Y esto hace que no solo los compradores desfilen por Panamá, sino expertos mundiales que quieren entender lo que pasa allí adentro.

Uno de estos expertos es el mexicano Mario Roberto Fernández Alduenda, director técnico del Coffee Quality Institute y PhD. en alimentos. Durante una reciente estadía aprendió lecciones condensadas en un artículo publicado por la revista Roast.

Primero, ve una envidiable compenetración del productor con el mercado, reforzado por un espíritu curioso e innovador y una actitud de mejora continua, que mantiene a los compradores atentos y entusiastas con respecto a lo que pueda salir del país cada año.

Cada caficultor se mantiene motivado con la meta de lograr puntajes de 100 puntos sobre 100 en sus cafés (ya muchos están por encima de 95). Reflexiona Fernández: “Cuándo lo logren, en cuánto los vendan y quiénes se los beban son cuestiones que marcarán la historia del café en el mundo, como acostumbra a hacer Panamá”.

Y remata: “Para alguien como yo, interesado en el procesamiento poscosecha y de su impacto en taza, ha resultado invaluable convivir con los innovadores e inquietos productores panameños”.

Productores como Wilford Lamastus Jr., economista. Su familia proviene de Boquete, provincia de Chiriquí, el nuevo astro. Pasó su infancia en las fincas de Elida Estate, propiedad de su abuelo y de su padre. Y con un título de mercadeo bajo el brazo, Lamastus ha conseguido con sus Geishas (lavado y natural) los precios más altos en dos ocasiones: US$601 y US$800 la libra. Por su nivel de excelencia, los compradores le pagan lo que pida. Y con 100 años de tradición, se vuelve un proveedor atractivo, porque ofrece un producto respaldado por cuatro generaciones de cultivadores, y esto, a su vez, incentiva la puja y la repuja en las subastas.

Adicionalmente, los Lamastus investigan cómo mejorar la calidad de sus granos y qué inversiones y métodos son necesarios para lograrlo. Por ejemplo, pasar del cinc al concreto para asegurar un mejor control de temperaturas y una evolución más lenta de los granos, así como dejar de secar sobre suelo y hacerlo sobre malla, y –punto clave– enseñarles a sus recolectores a identificar granos de calidad y tener conciencia sobre cuáles cerezas y procesos entregan sabores exóticos para los asiáticos (naturales) o más tradicionales, para estadounidenses y europeos (lavados).

Esto y mucho más es lo que anima el día a día de los caficultores panameños. Sin duda, un espejo para mirarnos.

 

últimas noticias

Qué es y cómo hacer musaca

Amasando paz

Partitura para el Júbilo