Entre copas y entre mesas

La escalada de Franciacorta

Esta bebida con burbujas guarda una estrechísima relación con el sacrosanto vino de la Champaña.

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Los amantes locales de los vinos espumosos han encontrado otra interesante razón para sentirse a gusto. 

Su entusiasmo proviene del rápido ascenso del Franciacorta, bebida con burbujas que guarda una estrechísima relación con el sacrosanto vino de la Champaña. Puede generar tan encumbradas sensaciones como un ejemplar de Reims o de Épernay, y eso ya es mucho decir.

Sacando al Prosecco de la ecuación (porque, para empezar, usa otro método de elaboración), el Franciacorta es, a mi juicio, el más grande emblema de las burbujas italianas, no obstante haber hecho su aparición en 1961; el champán lo hizo en 1670.

Como no me gustaría que los agarraran fuera de base, los pongo al día.

Los vinos de la Champaña se elaboran de la misma manera desde hace trescientos años. Utilizan el llamado método tradicional, o champenoise, descubierto en 1670 por el monje Dom Perignon. Consiste en preparar un vino blanco de base, que luego se somete a una segunda fermentación en botella, hasta producir, gracias al gas carbónico resultante, burbujas bien integradas en el líquido.

Difiere del Prosecco y de otros espumosos jóvenes en que, en su caso, la segunda fermentación se lleva a cabo por medio del método Charmat, vale decir, en tanques de acero inoxidable. Dichos vinos son frescos y frutados, y de más rápido consumo, mientras que los de Champaña y Franciacorta generan sensaciones más complejas como a pan tostado y frutos secos, debido a su contacto con las levaduras muertas de la segunda fermentación.

La historia del Franciacorta es reciente y menos sublime que la del primero, cuyo cosquilleo en el paladar llevó a Dom Perignon a decir que era como beber estrellas.

El Franciacorta es hijo del pragmatismo. En 1960, el enólogo italiano Franco Ziliani hizo un viaje de trabajo a la bodega de Guido Berlucchi, en Franciacorta, no lejos de Milán. Al estudiar el clima y los suelos, Ziliani le comentó a Berlucchi que todo se daba para plantar allí uvas destinadas a espumosos y le pidió que lo dejara experimentar. Berlucchi, para su fortuna, asintió (hoy es uno de los mejores productores de Franciacorta en Italia).

El primer vino de Franciacorta se produjo en 1961, y el resultado fue formidable. En 1967, la zona ya había obtenido el calificativo de Denominación de Origen Calificada (DOC) y, en 1995, el de Denominación de Origen Calificada y Garantizada (DOCG), o sea, la máxima distinción entregada a un vino italiano de gran calidad.

La afinidad con los vinos de la Champaña es notoria: ambos pertenecen a la categoría de espumosos de calidad; cada uno se conoce exclusivamente por su lugar de origen (Champaña y Franciacorta); uno y otro utilizan el sistema de segunda fermentación en botella; los estilos resultantes son muy similares: Brut, Extra Brut, Extra Dry, semidulce, rosado; las uvas utilizadas son casi iguales: Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier (en el champán), Chardonnay, Pinot Nero y Pinot Bianco (en el Franciacorta).

Una diferencia importante es que la Champaña está localizada en una zona fría (latitud 49), donde las uvas no alcanzan su punto de maduración total; esto genera sensaciones más ácidas y minerales en el vino. En cambio, la región de Franciacorta (latitud 45), más al sur, entrega madurez total y permite obtener caldos más golosos y menos secantes. Pregunte por un Franciacorta; se llevará una sorpresa. Justo en estas fechas.