Entre Copas y Entre Mesas

Los nuevos envases del vino

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Las últimas cifras de consultoras internacionales como Nielsen indican que, en varios mercados de alto consumo, el crecimiento de vinos en lata ha crecido entre un 150 y un 230 %.

Con un pie adentro de 2021, es claro que el consumo de vinos y cocteles continuará mostrando cambios importantes debido a factores que van desde la necesidad de mantener y reforzar los protocolos de bioseguridad hasta la expansión de nuevos lugares de consumo al aire libre, como terrazas y jardines. Esto sin incluir las nuevas formas de peregrinaje iniciadas por miles de teletrabajadores, quienes han optado por cambiar de residencia y de espacios de trabajo de manera periódica, muy ligeros de equipaje. Más que comodidades, su mayor exigencia gira alrededor de la conexión de internet.

En todos estos nuevos entornos, la botella de vidrio y los delicados y costosos accesorios de servicio —como sacacorchos y copas de cristal— han comenzado a entrar en desuso.

Para acompañar sus comidas a domicilio o alegrar sus horas de esparcimiento, estos nuevos ejércitos de bebedores han declarado su preferencia por vinos, cocteles y, obviamente, cervezas, envasadas en lata o en dispensadores de cartón o tetrabrik. Cuestan menos, pesan menos, se dejan transportar fácilmente, y cumplen el propósito buscado. Además, permiten que cada usuario los manipule sin ayuda.

Esto ha hecho que la mala imagen que tenían hasta hace poco —principios de 2020, para no ir tan lejos— se ha revaluado.

Las últimas cifras de consultoras internacionales como Nielsen indican que, en varios mercados de alto consumo, el crecimiento de vinos en lata ha crecido entre un 150 y un 230 %. Incluso, anticipan que las ventas de cocteles ya preparados y envasados en recipientes de aluminio alcanzarán US$146.000 millones hacia 2030.

Igual ocurre con los vinos fraccionados en cajas de cartón o de tetrabrik. Son una alternativa para quienes buscan evitarse demasiados ceremoniales para tomarse una copa o un vaso de vino.

Uno de los conceptos más originales es el del bag-in-the-box, consistente en una bolsa de material flexible, resistente y oscuro, que se acomoda en una especie de urna liviana, dotada de un dosificador para servir el contenido. Se venden en capacidades que van de uno a tres litros. Caben perfectamente en la estantería del refrigerador, y basta abrir la puerta, accionar el dispensador y servir un vino fresco.

La locura del momento se llama Ramona, una bodega italiana de bebidas en lata. Sus productos se elaboran libres de aditivos, sulfitos o compuestos causantes de alergias, y encajan en un estilo de vida sana. Los veganos figuran entre sus clientes. Las ventas de Ramona en Estados Unidos crecieron en un 232 % durante la pandemia.

La diversidad de tipos, estilos y opciones es igual a la disponible en envases de vidrio: espumosos, blancos, tintos, rosados, con añejamiento o sin él, spritzers, sangría, gin & tonic, margarita, bloody mary, caipirinha, cubalibre y la lista sigue.

Para los productores, estas opciones se convierten en una ruta de escape para mitigar pérdidas de más del 50 %, causadas por el cierre de hoteles y restaurantes, dos de sus principales canales de venta antes del COVID.

Pasada la pandemia, el uso de bebidas en lata o cartón podrán mantenerse en despachos a domicilio, terrazas y bares al aire libre, y clubes deportivos. Con una imagen renovada.

No quiere decir que el vidrio vaya a desaparecer, pero sí es un signo de los tiempos por venir en el mundo de las bebidas tradicionales.

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