Entre copas y entre mesas

Los vinos en 2050

Las consultas y compras se realizarán por medio de modernas plataformas digitales, que atenderán sus despachos mediante drones inteligentes.

Los drones ya son una realidad en los viñedos; en el futuro lo serán en la distribución del vino.Foto tomada de: www.justbeer.com

Con el 2020 a la vuelta de la esquina, varios futurólogos han puesto a funcionar sus neuronas para presagiar cómo serán los vinos en 2050 y cuáles serán los momentos habituales de consumo en 30 años.

Los cambios serán dramáticos, anticipa el experto gastronómico Morgaione Gayeen, en un informe escrito para la firma Armit Wines, que está celebrando sus primeras tres décadas de existencia. Armit es un destacado comercializador de vinos en el Reino Unido, con un portafolio de marcas provenientes de 35 regiones productoras.

Lo que buscan Armit y Gaye es anticiparse a las tendencias venideras para asegurar el futuro empresarial de la reconocida distribuidora.

Uno de sus principales hallazgos es que ya no será necesario ir a una tienda física ni solicitar un domicilio convencional para comprar una o más botellas de vino.

Las consultas y compras se realizarán por medio de modernas plataformas digitales, que atenderán sus despachos mediante drones inteligentes. Si el tiempo habitual de espera es actualmente de dos horas (atascos de por medio), los mensajeros aéreos llevarán el pedido en cuestión de minutos.

No será un domicilio puerta a puerta. El dron aterrizará en un depósito cercano a la residencia del comprador para que este se desplace una corta distancia y recoja su mercancía.

Amazon tiene en desarrollo el servicio “Prime Air”, que entregará productos comprados en su plataforma a bordo de un dron, en menos de 30 minutos.

Según los directivos de Armit, será tan común ver un dron mensajero en pleno vuelo como cruzarse hoy con un furgón de despachos en la vía pública.

En tres décadas se reducirá considerablemente el uso de etiquetas pegadas a la botella. Un pequeño sello con un código QR impreso será suficiente para que el consumidor averigüe qué contiene el vino, cómo fue hecho, en qué país y zona se produjo, y quiénes fueron los responsables de su elaboración.

Aquellos productores que insistan en usar etiquetas darán acceso a sus compradores a una aplicación de realidad aumentada, mediante la cual todas las ilustraciones utilizadas cobrarán vida. El vino 19 Crimes, producido por el gigante norteamericano Treasury Wine Estates, ya ilustra sus etiquetas con imágenes de convictos que les hablan a los consumidores mediante la cámara del teléfono.

Y si hasta hoy las botellas tipo burdeos o borgoña han sido la norma en el sector, en el futuro los envases tendrán formas y colores diferentes. Todavía más audaces serán los planes de eliminar el vidrio y utilizar materiales comestibles. Es decir, que al terminar la última copa, “a comer botella, mi amigo”.

También abundarán los vinos de colores, con sabores y aromas adicionales al de la uva. Es un retorno a las costumbres de la antigua Grecia. En esa época se hacían infusiones de vinos con albahaca, romero, tomillo y anís.

Y si en los últimos años las personas llegan a casa y abren una botella para beber solas, la tendencia en 30 años será siempre buscar ocasiones de consumo compartidas. Habrá un sentido más colectivo que individual.

Otro giro serán las máquinas expendedoras de vinos, que facilitarán la compra en cualquier momento del día o de la noche. Y para evitar que los compren menores de edad, contarán con un lector de iris con el fin de establecer con certeza la edad del interesado.

Quizá muchos no vivamos esos novedosos tiempos, pero cada día estos presagios se hacen realidad y nos retan permanentemente a imaginarnos el distante futuro.

 

 

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