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Entre copas y entre mesas

Partitura para el Júbilo

El aguardiente se llama Júbilo y aparece en escena justo en el año de las celebraciones del bicentenario de la Batalla de Boyacá, cruzada que marcó el final de la campaña libertadora.

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Comienzan a gotear las primeras notas de un nuevo himno dedicado al aguardiente nacional, bebida campesina de los Andes colombianos y ecuatorianos, aromatizada con anís y nacida en los cañaduzales traídos por los colonizadores españoles a las Antillas. Otros célebres elíxires de la misma planta fueron el ron caribeño y la cachaça brasileña.

Se llama Júbilo y aparece en escena justo en el año de las celebraciones del bicentenario de la Batalla de Boyacá, cruzada que marcó el final de la campaña libertadora.

Pese al arcaico monopolio de alcoholes ejercido por el Estado colombiano en torno a la producción de bebidas espirituosas, Júbilo se une a otros cuatro destilados independentistas de origen colombiano, cuyos secretos se roban constantemente los paladares de los degustadores internacionales: La Hechicera, Dictador, Parce y Pedro Mandinga (rones), y el también aguardiente Mil Demonios.

Hacía falta oír nuevas voces en este aburrido tinglado dominado por las marcas oficiales. Porque una cosa es elaborar pocos miles de botellas bajo una estricta atención al detalle, y otra, muy distinta, expulsar más de 80 millones de unidades de manera industrial.

Salirse del redil del monopolio demuestra que Colombia sí es capaz, con rones y anisados, de sumarse al ramillete de denominaciones únicas de Latinoamérica, como tequila y pisco.

El nacimiento de Júbilo se produjo en la imaginación de Andrés Felipe Rodríguez, exalto directivo de Bavaria y fundador de 2-Way Sports, firma de RR.PP. afincada en Miami y reconocida por el manejo de la imagen e inversiones de baluartes del deporte nacional como Édgar Rentería y Carlos el Pibe Valderrama, ambos incorporados a la marca.

Como crack para elaborar la nueva bebida, Rodríguez trajo como socio al sommelier y especialista colombiano José Rafael Arango, quien asumió el reto de crear en Colombia un aguardiente suave, elegante y de estándares globales, muy distante de los ya referidos productos industriales del Estado.

Dos años de trabajo dedicó Arango a investigar el vasto y complejo mundo de anises y botánicos como hinojo y canela. Esta juiciosa antesala permitió incorporar en Júbilo insumos naturales mediante maceraciones en frío. La otra tarea fue encontrar partidas de caña de azúcar y alcoholes puros en el Valle del Cauca, donde todavía se destila jugo de caña para elaborar biocombustibles. Aquí, Arango contó con el apoyo de la familia Constaín, dedicada a la confección y comercialización de licores durante décadas, entre ellos Coloma y Ron Parce.

Con una hoja de ruta de cinco pilares, Arango definió un estilo propio, basado en la utilización exclusiva corazones en los lotes de triple destilación (nada de cabezas ni colas), así como triple filtrado, cero azúcar y agua pura del Parque de los Nevados, en Quindío.

Júbilo tendrá tres diferentes líneas: Tradicional, con suaves anises naturales (caja azu); Reposado, con crianza de dos meses en barricas provenientes de Ron Parce (caja roja), y Botánico, con anís y una amplia selección de especias y hierbas andinas. La suma de los tres empaques conforma la bandera colombiana.

Porque conozco el trabajo de Arango, Júbilo se llevará rápidamente las palmas de los degustadores internacionales. Por ahora solo está disponible en los Duty Free del muelle internacional del aeropuerto El Dorado. Se disfruta mejor puro, a 12 grados de temperatura, en copa corta. O en cocteles de creativos bartenders.

 

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