Entre Copas y Entre Mesas

Secretos del Tempranillo

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Las bodegas catalanas utilizan el nombre Ull de Llebre (Ojo de Liebre) para referirse al mismo Tempranillo que se produce en el resto de la península.

A la hora de elegir un tinto, nos acompañan varias certezas para escoger lo que buscamos. Certezas derivadas de habernos lanzado a experimentar con distintas variedades, aprender y retener en la memoria aromas y sabores, cuerpo y color. Y, lo más importante, poder distinguir lo que nos gusta.

En este punto, sabemos —o creemos saber— qué es un Tempranillo, un Syrah, un Cabernet Sauvignon, un Merlot, un Pinot Noir o un Malbec.

Podemos decir, sin vacilaciones, que el primero proviene de España y los demás son naturales de Francia, aunque el Malbec más popular se produce en Argentina.

¿Qué pasa si nos encontramos con un Ull de Llebre (Ojo de Liebre)? ¿Podemos decir de qué se trata? Lo primero es que reconoceremos un tinto con carácter: sedoso, con moderada acidez y definida astringencia. Incluso, podríamos manifestar que nos recuerda a un Tempranillo. Y sí: es un Tempranillo. En efecto, las bodegas catalanas utilizan el nombre Ull de Llebre (Ojo de Liebre) para referirse al mismo Tempranillo que se produce en el resto de la península.

Para quienes no lo saben, comparto estos secretos y curiosidades del Tempranillo, al que también se designa con otros nombres, según su lugar de origen: Tinto Fino o Tinto del País, en Ribera del Duero; Tinta de Toro, en Toro; Tinta del País, en Rioja. Y si cruzamos la frontera con Portugal, nos encontraremos con el apelativo Tinta Roriz para referirnos al mismo Tempranillo. A propósito, la cepa Tinta Roriz es componente esencial en la mezcla del vino de Oporto.

Pero si nos metemos en zonas de España poco frecuentadas por los visitantes, nos toparemos con otros nombres del Tempranillo como Arganda, Negra de Mesa, Escobera, Cencibel de la Mancha, Vid de Aranda, Verdiell, Chinchillana, Tinta Aragonesa y Tinta de Madrid. Pero, vamos, no se alarme: con saber que es un Tempranillo basta.

¿De dónde viene la variedad y por qué fue bautizada así?

Investigaciones realizadas por expertos han encontrado en su genética trazas de la blanca Albillo Mayor y de la tinta Benedicto Falso de Aragón. La primera sigue siendo emblemática en Castilla y León y la segunda se cultiva de manera residual en la provincia del mismo nombre. Su punto de origen es el Valle del Ebro. En términos de tiempo, se dice que está presente en la península desde el siglo XIII.

Su nombre alude a su condición de fruta de maduración temprana. Desde el punto de vista organoléptico, se comporta de manera diferente, dependiendo de la edad y del clima circundante.

En los Tempranillos jóvenes, en particular en los procedentes de climas frescos, se perciben aromas a frutos rojos: fresa, cereza o grosella negra. Aquellos Tempranillos expuestos a mayores temperaturas o sometidos a crianza transmiten, por lo general, recuerdos a tabaco, chocolate negro y ciruela. Y como resultado de su contacto con la madera, se perciben perfumes a coco o vainilla.

Como la variedad presenta un perfil de acidez intermedia, con taninos que van de moderados a altos y un porcentaje de alcohol no muy elevado, nos encontramos con sensaciones suaves en boca y una atractiva riqueza olfativa y gustativa.

Vendrán más secretos tintos; esté atento.

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