Entre copas y entre mesas

Solubles gourmet

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La aparición del fenómeno de los cafés de especialidad, a comienzos de los setenta (en plena era hippie), nos volvió a reconciliar con valores como el respeto por el medio ambiente y el rescate de prácticas productivas naturales.

Nada que ver con los afanes de la industrialización, que sigue avanzando como un pedal sin frenos. Así, la nueva pauta en alimentación y nutrición es reducir los tiempos de la ingesta para no restarle minutos a la productividad. El impacto social ya se manifiesta en el estado de salud colectivo. Pero esto es harina de otro costal.

Por ahora, me referiré a lo que ha estado ocurriendo con el café, la bebida no alcohólica más consumida a escala global. Aquí, igualmente, la deseada lentitud para beberlo y apreciarlo ha cedido el paso a la rapidez y la simplificación.

Es el caso del instantáneo tradicional. Estamos ante un producto manufacturado por grandes conglomerados, utilizando granos irregulares, defectuosos y sobreextraídos, que luego se secan por pulverización y terminan rehidratándose con agua caliente al momento de servirse. Vaya molotov. En degustaciones profesionales, estos cafés muestran aromas y sabores a caucho caliente, humo molesto y malta fermentada.

Estos cafés, por supuesto, nunca llaman la atención de quienes admiran atributos como la buena práctica agrícola, el aporte del origen, la cosecha selecta de granos y los procesos posteriores de estricta trazabilidad.

Además, el avance del café de especialidad, inspirado en la búsqueda incansable de la taza perfecta, ha desatado toda una calentura alrededor de técnicas y accesorios que incluyen fórmulas para la mezcla de agua y café, molinos de precisión, balanzas, filtros, recipientes con émbolos o sin ellos, cafeteras con control de temperatura y otros adminículos. Algo similar impulsa a los fabricantes de máquinas de expreso y a los baristas que las operan, cuya misión es obtener creaciones líquidas, adosadas con arte e ingenio.

En cambio, para quienes carecen de tiempo, paciencia y presupuesto han surgido métodos que entregan resultados invariables, como las cápsulas.

Más naturales y novedosas son las nuevas propuestas de cafés premolidos y embalados en bolsas de una sola ración, que apenas exigen coladero y jarra de agua caliente. Otros empaques, diseñados para desdoblarse, incluyen filtros sostenidos por agarraderas de cartón, que se aseguran al borde de la taza. Un chorro de agua caliente, y listo.

Ahora llegan los instantáneos o solubles gourmet, hechos con cafés de especialidad, mediante nuevo método de pulverización en frío, que permite guardar en los cristales las esencias aromáticas y gustativas del producto natural. Muchos se empacan en pipetas transparentes cerradas al vacío. Son, por ahora, producciones bajas y casi artesanales.

La tendencia todavía no ha llegado a nuestras costas. Pero si les pica la curiosidad, váyanse de viaje por la red y miren lo que están haciendo marcas como Intelligentsia Instant Coffee, Sudden Coffee, Waka Instant Coffee, Dripkit Coffee, Starbucks VIA, Treeline Coffee Roasters, Voilá Coffee y Tandem Coffee, entre otras. Muchas de estas marcas se han aliado con tostadores e importadores de cafés de alta calidad para no fallar en su promesa de ofrecer una taza casi perfecta. Claro, son diez veces más caros que los instantáneos de supermercado. ¿Target? Los amantes de la vida gourmet que transitan por la vida sin detenerse. Por mí, que nunca desaparezcan los filtrados lentos.

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