Entre Copas y Entre Mesas

Yemenia

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Debo recordar que Yemen —país situado frente al Mar Rojo, entre Medio Oriente y África— fue el primero en cultivar café, planta originaria de Etiopía y países africanos circunvecinos, donde brotó de manera silvestre durante milenios. Yemen también fue el lugar donde comenzó a prepararse el café como lo conocemos hoy.

Así es que el papel de Yemen en la evolución de la especie arábica es protagónico y trascendental. Desde su territorio se llevaron de manera encubierta los primeros arbustos y semillas hasta India e Indonesia, primeros polos de expansión del producto, y desde esos lejanos lugares, así como desde el puerto yemenita de Moca, el cultivo y la cultura se propagaron al resto de Arabia, Asia, Europa y América. No en vano, se puede rastrear un origen yemenita en el 98 % de las variedades arábicas cultivadas en todas las naciones cafeteras.

Una destacada contribución de los cultivadores locales es su ancestral conocimiento para adaptar las plantas a unas condiciones climáticas extremas, y, en ese trasegar, han generado cambios genéticos. Este mismo grado de ajuste ha debido repetirse en otros países productores porque, en esencia, la arábica es vulnerable a las enfermedades. En este campo, Colombia es líder en cabeza de Cenicafé.

Dichos procesos, naturales o inducidos, dieron origen a la conformación de poblaciones madre o grupos genéticos, como las accesiones etíopes (propias del país africano), y las variedades Typica, Bourbon, SL34 y SL17, estas últimas creadas para atender particularidades específicas de producción.

Cuando el yemenita Faris Sheibani, empresario, filántropo y presidente del grupo Qima Coffee, se propuso mejorar las precarias condiciones de producción de los pequeños cultivadores de su país, se encontró con varias sorpresas. Para ello, contrató al investigador Christophe Montagnon, fundador del laboratorio de agricultura tropical RD2 Vision, con sede en Montpellier (Francia).

Después de una ambiciosa toma de muestras en un radio de 25.000 kilómetros cuadrados, Montagnon y su equipo encontraron un hecho inesperado. La arábica, en distintas zonas de Yemen, había dado a luz a un nuevo grupo genético desconocido hasta ahora. Se le bautizó con el nombre de yemenia y su descubrimiento se anunció el pasado 20 de agosto en las oficinas de Qima Coffee, en Londres.

Según Sheibani, la yemenia tiene el potencial de extender la vida útil de la arábica en los siglos venideros. La nueva revelación puede contribuir a calmar la angustia de entidades como la World Coffee Research, cuyo foco principal es diseñar cruces para evitar que la arábica se enfrente a un destino irreversible.

Montagnon y Sheibani aseguran que la yemenia se puede cultivar indistintamente en zonas cálidas o frías, sin perder calidad en taza. Para demostrarlo, la organización Alliance of Coffee Excellence reunió a los mejores catadores de catorce países para probar cafés de yemenia, y la respuesta fue todavía más sorprendente: son excepcionales.

Antes de que el resto del mundo celebre este hallazgo, transcurrirá algún tiempo. Pero Sheibani anticipa que, con el apoyo de organizaciones sociales, la yemenia se distribuirá entre los pequeños productores de Yemen y del mundo para que encaren la futura crisis climática. Sin ellos, dice Sheibani, no habrá café para beber. El tiempo será el juez.

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