Crítica Saluda al diablo de mi parte

El secuestrado se convierte en secuestrador. La víctima se transforma en victimario. La venganza puede más que su dolor.
Crítica Saluda al diablo de mi parte

¡Cine colombiano de acción! ¿Y por qué no? Si les perdonamos a los productores estadounidenses cientos y cientos de películas llenas de clichés sólo por pasar un par de buenas horas de balaceras, peleas y velocidades extremas. Si les perdonamos sus malos bien malos y sus buenos impolutos. Si les perdonamos todo eso que sabemos y colaboramos para que películas increíblemente obvias e increíblemente costosas sean de las más taquilleras de la historia, ¿cómo no aceptar de buen grado el intento de un par de ingeniosos colombianos que se le han medido a inaugurar el cine de acción en nuestro país?

Los hermanos Orozco, los mismos que inauguraron en Colombia el cine de terror con Al final del espectro, han inventado una cinta de acción que bien podría suceder en Colombia. Un exsecuestrado (Ricardo Vélez) se obsesiona con ajusticiar uno por uno a todos los miembros del grupo que lo secuestró y que andan tan campantes por las calles de la capital después de ingresar a un programa de reinserción. Y para lograrlo, extorsiona a uno de ellos (Édgar Ramírez) con el secuestro de su pequeña hija.

El secuestrado se convierte en secuestrador. La víctima se transforma en victimario. La venganza puede más que su dolor. Sabe que se irá al infierno, pero lo hará con una sonrisa en la boca, así esa sonrisa sea amarga.

El tema es perfecto para una cinta de acción, y el desarrollo, digno de Hollywood. Hay policías corruptos que intentan salirse con la suya; y arrepentidos que saben que no basta con la intención. Y en medio de ello balaceras bien montadas y secuencias emocionantes. Pero hay una diferencia con Hollywood: la ira, la ciega emoción que nutre la historia y que nos hace caer en la cuenta que en ese desenlace no puede haber sino perdedores.

Los hermanos Orozco hacen cine de acción estilo Hollywood, pero quizás por eso mismo aún pecan (es su primera película en el género) de construir personajes caricaturescos como el del encarnado por Vélez. Sin embargo, el venezolano Édgar Ramírez y el peruano Salvador del Solar son suficientemente creíbles para echarse la trama al hombro, y salir adelante.

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Antes de que Tom Hanks protagonizara El código Da Vinci, sus películas eran sinónimo de buenas. Ahora no. Y menos como director. Esta cinta sobre un excocinero de la Armada que acaba de perder el empleo y ya viejo vuelve a la escuela, no convence ni en su trama ni en los personajes. Y todo sucede de manera tan gratuita que es fácil desilusionarse. Sorprende que un hombre como Hanks, que debería conocer la comedia a la perfección, se conforme con una trama tan gratuita.

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Si usted piensa que su jefe es una escoria, entonces se solidarizará con Nick, Kurt y Dale en su intento por deshacerse de sus insoportables superiores inmediatos. Sin dejar rastro, obvio. Pero como no cualquiera puede ser un asesino, su estrategia será un verdadero desastre. Lo admito, esperaba mucho más de la película, pero al menos garantiza unos buenos momentos jocosos. El personaje de Kevin Spacey es digno de odiar con toda energía.

 

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