En primera clase

El Museo de Arte Moderno presenta una exposición con más de un centenar de obras que Avianca ha venido coleccionando en los últimos 30 años. Un viaje por el trabajo de grandes maestros colombianos –Obregón, Negret y Grau, entre otros–, que durante una década estuvo guardado en las bodegas de la empresa. De alto vuelo.
En primera clase

En 1980 directivos de la aerolínea Avianca fundaron en Barranquilla un salón cultural con el fin de impulsar las distintas manifestaciones artísticas que por entonces se daban en el país. La elección de la ciudad no fue fortuita; después de todo, fue en La Arenosa donde nació la Sociedad Colombo Alemana de Trasporte Aéreo (SCADTA) –como se conoció en un principio–, aquel lejano 5 de diciembre de 1919. En 1981, un  año después de la apertura del centro, se iniciaron las actividades culturales con una retrospectiva del pintor Alejandro Obregón. Desde entonces el lugar se convirtió en un punto de referencia cultural de la ciudad, y a lo largo de los años pasaron por allí la mayoría de los grandes artistas nacionales: Santiago Cárdenas, Eduardo Ramírez Villamizar y Edgar Negret, por citar apenas algunos nombres.

El ciclo de exposiciones transcurrió sin interrupciones durante dos décadas hasta que el centro cerró en 2001, luego de 67 muestras. Durante once años, las obras que hacían parte de su colección privada permanecieron en las bodegas de la aerolínea en Bogotá. Hace unos meses, consciente del tesoro que tenía guardado, la aerolínea contactó al Museo de Arte Moderno de Bogotá para que organizara una exposición temporal, que irá hasta el próximo 23 de agosto.

Por todo lo alto

La muestra no es pequeña: de las 368 obras que hacen parte de la colección, se exhiben un total de 154. Una cuidadosa selección que estuvo a cargo de María Elvira Ardila, curadora del MAMBO, y que incluye los que, a su juicio, representan los mejores trabajos de esta colección privada. “Están dos obras de Santiago Cárdenas que son maravillosas; tres de Obregón, una de las cuales hizo parte de la primera retrospectiva del artista que se hizo en Barranquilla, y una de Freda Sargent (pintora inglesa que fue su esposa), que es de las piezas más bellas con que contamos. Tenemos un tapiz de la bogotana Olga de Amaral; una pintura de Gregorio Cuartas, y cuatro dibujos de Tiberio Vanegas, el artista bogotano que falleció en el accidente del avión de Avianca, junto a Marta Traba”, cuenta Ardila. Y eso es apenas el comienzo.

Enumerar los nombres que hacen parte de esta muestra implica hacer un barrido por los principales representantes del arte colombiano en el siglo XX: Juan Antonio Roda, Edgar Negret, Gustavo Zalamea, Maripaz Jaramillo, Luis Caballero, Enrique Grau, Darío Morales, Juan Cárdenas, Álvaro Barrios, Fanny Sannín y Norman Mejía, entre muchos otros.  

Por esa razón escoger entre una variedad tan amplia resultó un trabajo dispendioso. “Hicimos varias visitas al archivo de Avianca cuando empezamos con las negociaciones –cuenta Ardila–. Descartamos varias fotografías y acuarelas sobre la historia de la aviación, que eran más de interés de ellos, y otras obras que no coincidían con los lineamientos y la plataforma moderna del museo”. El resultado es una selección entre la que figuran, además, trabajos de artistas internacionales como el brasileño Arcangello Ianelli, el argentino Rogelio Polesello y el japonés Yakuta Toyota.

Una colección valiosa

Pero, ¿qué tan valiosa es en realidad la colección de Avianca? Álvaro Medina, historiador del arte y curador, considera que la muestra tiene unas cuantas joyas que la hacen sumamente apreciable. “Está echa a pulso y eso se ve en el hecho de que allí están representados los artistas colombianos más interesantes de una época –explica–. Hay que tener en cuenta que hacer colecciones no es fácil: cuando alguien se mete en esa tarea, es lógico que tenga aciertos y desaciertos. Pero esta amerita el esfuerzo: hay un Obregón extraordinario, por ejemplo, y las obras de Roda son magníficas”. 

El crítico Eduardo Serrano coincide en términos generales con su colega. “Hay que aclarar que está delimitada por fechas, pues fue recolectada en su mayoría en las décadas del setenta y ochenta. Eso no está mal, pues una colección debe tener un marco teórico que la ilustre. Pero claro: para Avianca fue un buen negocio porque obtuvieron muchas de las obras por canje, cuando varios de los artistas eran jóvenes y no tenían el reconocimiento que adquirieron con los años”, cuenta. Y refiriéndose a la obras en concreto, explica: “Hay un Obregón que es una joya porque ilustra sus inicios. Las obras de Olga de Amaral son excelentes, así como las de Maripaz Jaramillo”.

Lo cierto es que Avianca logró sacar provecho de la ayuda que en algún momento brindó, y fue eso, precisamente, lo que  permitió consolidar la colección. “En los primeros años y en las décadas que antecedieron al auge de los artistas formados en la academia, la Aerolínea estuvo presente como mecenas de jóvenes creadores –especialmente dibujantes– que, carentes de los recursos que demandaba una exposición acudían a la compañía para obtener apoyo con su traslado y el de sus obras. Durante varios años se brindó este apoyo en forma aislada”, explicó Fabio Villegas, presidente de Avianca, durante la inauguración de la muestra. 

Y aunque es difícil calcular el costo económico de la colección, no cabe duda de que su valor –artístico y monetario– es bastante significativo. “La de Avianca queda muy bien ubicada dentro de las colecciones privadas”, concluye Medina. Tal vez por eso es que vale la pena visitar la colección. 

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