Notas del festival

Que artísticamente ha sido el mejor; que faltaron más piezas de Monteverdi; que las cantantes se lucieron; que Vivaldi resultó muy moderno y que Accardo ya no es el violinista de otras épocas. Lo que dejó el Estilo italiano.  
Notas del festival

Se notó el cambio de direcciónEste año hubo cambio de dirección general: en reemplazo del estadounidense Stephen Prutsman, varios años al frente del Festival, llegó el italiano Antonio Miscenà, quien en 2012 había oficiado como director técnico. Y el cambio de manos surtió efecto. Según los entendidos, este ha sido, artísticamente hablando, el más sólido de los festivales. Miscenà, experimentado productor de espectáculos similares en Europa y Asia, no fue una vedette, no intentó robarse el show; en cambio, presentó un programa suficientemente diverso sobre el Estilo italiano para quien quisiera llevarse una idea completa del tema. Y lo hizo con los mejores músicos que podían interpretarlo. Eso sí, algunos críticos, como Carolina Conti, extrañaron más repertorio de Monteverdi.De menos a másRinaldo Alessandrini, director del grupo Concerto Italiano, llegó precedido por el prestigio de ser uno de los mejores exponentes del Estilo italiano entre los siglos XVII y XVIII, justamente el tema del Festival. Su reputación estuvo a punto de irse al traste la noche de la inauguración, durante la cual Alessandrini y sus músicos se notaron no solo incómodos, sino en ocasiones francamente despistados en las interpretaciones de Haendel y Stradella. Sin embargo, a lo largo del Festival el Concerto Italiano se ganó tanto al público como a la crítica y se despidió ovacionado con Las cuatro estaciones, de Vivaldi. Un experimento exitosoEntrados en confianza tras un comienzo tímido, los integrantes del Concerto Italiano hicieron de la presentación de La serva padrona, la ópera bufa de Pergolesi, una delicia de espectáculo, con la complicidad de los cantantes, la soprano Valentina Varriale y el bajo Umberto Chiummo, quienes improvisaron sus propios disfraces con una bata de hotel y un delantal de servicio del teatro Adolfo Mejía. La interpretación resultó espectacular y fue un buen anuncio de que es posible abrirle su propio espacio a la ópera en el Festival.División de opinionesEl violinista Salvatore Accardo, de 70 años, cumplió con creces el objetivo de dirigir con destreza, y además con una clara intención pedagógica, la Filarmónica Joven de Colombia en los conciertos de cierre del Festival. Sin embargo, su interpretación al frente de su conjunto de cuerda Accardo y amigos levantó opiniones encontradas. Mientras el público se deleitaba por el hecho de tener en escena a uno de los violinistas más brillantes de su generación, críticos como Emilio Sanmiguel, entre otros, lamentaron que ya no tuviera la destreza de sus mejores años… y se le notara haciendo chillar las cuerdas. La mejor nocheEn un periodo como el Barroco, en el que las voces eran tan importantes al punto de competir con los instrumentos en el protagonismo de la interpretación, el Festival se fajó con la elección de las cantantes. La contralto Sara Mingardo y la soprano Valentina Varriale conmovieron al público con la dulzura y la energía de sus voces, y regalaron la que fue, quizás, la mejor noche del Festival, aquella en la que interpretaron el Stabat Mater de Pergolesi. A muchos espectadores se les aguaron los ojos. ¡Impresionante!Aire en la cuerda… flojaEl flautista italiano Gabriele Mirabassi, un jazzista con alma de brasileño, se hizo célebre por su particular estilo interpretativo: tocaba como si estuviera caminando sobre una cuerda floja, dando pasos hacia delante y hacia atrás en un amague por mantener el equilibrio. Más allá de su estilo estuvo su música. Mirabassi sorprendió con versiones muy modernas (y muy brasileñas) de Scarlatti. Él luego lo justificó: “Scarlatti es el papá de la música popular brasileña”. Movido por su devoción por la música del oriente suramericano (considera que Chico Buarque es el hombre más importante del mundo), confesó sus errores en la vida: “Dejé el cigarrillo, el jazz y la música contemporánea porque son nocivos para la salud”.El chelista rockeroEn 1986 Mario Brunello se convirtió en el primer chelista italiano en ganar el concurso Tchaikovski de Moscú. Luego se volvió famoso por hacer versiones vanguardistas de clásicos como Bach y Vivaldi. De este último, Brunello ofreció conciertos realmente emotivos, caracterizados por un toque tan de nuestro tiempo que parecía más bien un intérprete de rock. Brunello y su grupo, en fin, hicieron sentir a Vivaldi como un compositor moderno. ¡Sorprendente!Escenarios espléndidosHubo dos escenarios nuevos al aire libre: el convento del Cerro de la Popa y la Sociedad Portuaria. Ambos cumplieron las expectativas. La intimidad de La Popa contrastó con la grandiosidad de la Sociedad Portuaria, donde el concierto estuvo enmarcado nada menos que con el buque Gloria. Todo un acierto. Las sorpresivas tarantelasEntre tanto refinamiento propio del Barroco, el grupo más refrescante fue Accordone, especializado en la interpretación de tarantelas, canciones y danzas populares italianas cuyos orígenes se remontan al siglo XVII. Con canciones anónimas antiguas y de su propia autoría, conservando la raíz añeja y campesina, Accordone divirtió al público con interpretaciones llenas de energía. ¡Revelación italiana!Frío como el hieloLa cuota colombiana estuvo representada en virtuosos como el cuatrista Juan Carlos Contreras, el arpista llanero Elvis Díaz y el cuarteto Q-Arte, que interpretó música colombiana contemporánea con una calidad que, al decir de los entendidos, ya es hora de empezar a resaltar. El otro que llamó la atención fue el chelista Santiago Cañón, un prospecto que a sus 17 años ya toca como los dioses. Eso sí, todo el mundo se sorprendió con la temperatura de su carácter. Frío como el hielo, estuvo lejos de transmitir emociones, algo fundamental en un músico.