Leonor Espinosa, la chef colombiana, y su hija, trabajan juntas por una causa social

Cocinando exquisitos platos, madre e hija trabajan juntas con comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinos de Cauca, Cundinamarca, Nariño y Atlántico.
Leonor y Laura juntas por una causa social

A Leonor Espinosa se le iluminaron los ojos cuando su hija Laura terminó sus estudios en Argentina. Finalmente la joven, que se fue becada a estudiar, regresaba a Colombia con la carrera de relaciones internacionales y una especialización en vinos en su currículo. En el 2010, madre e hija se reencontraron para sacar adelante Funleo, una fundación que, desde la gastronomía, trabaja con comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.

Con la incorporación de Laura a su dirección ejecutiva, la fundación se fortaleció en el desarrollo de proyectos sociales. Actualmente, uno de ellos, de la mano de otra fundación, se está llevando a cabo con la comunidad de San Basilio de Palenque, donde se realizan laboratorios de cocina creativa encabezados por la mismísima Leonor y por Laura. «Mi mamá y yo nos complementamos. He aportado un poco a la consolidación de la fundación desde la responsabilidad social y el desarrollo», dice Laura.

Madre e hija conocen de memoria Cauca, Cundinamarca, Nariño y Atlántico. En cada departamento han realizado proyectos que apuntan al sostenimiento de productos locales. «Mamá tiene mucha llegada a la gente; cuando ella habla, la escuchan. Cuando viajamos juntas, yo me encargo más de la parte logística», confiesa Laura. El trabajo social es una de las mitades que las mantienen unidas. La otra está en Bogotá, en el restaurante Leo, cocina y cava. En la intimidad de la cocina, entre ollas, ingredientes variados, cuchillos, cubiertos y vinos y mucha creatividad, elaboran platos que convierten a Leonor en una de las chefs más reconocidas del país. Algo de su éxito tiene la impronta de Laura, la experta en vinos de la familia Hernández Espinosa. «Nos complementamos con críticas constructivas. Nunca chocamos, es muy relajado y discutimos decisiones cuando nuestros puntos de pista no convergen», confiesa Leonor.

No obstante, Leonor reconoce que hay ocasiones en que no es fácil ponerse de acuerdo: «Las dos somos voladas, hay choques como en todo trabajo, pero inmediatamente hay una reacción. Tomamos un poco de distancia en el momento, y después nos volvemos a sentar y tomamos una decisión consensuada».

El secreto de su relación laboral es respetarse el espacio. «Somos independientes y al mismo tiempo muy cercanas. Podemos durar tres días sin hablar; yo respeto su vida privada», dice Leonor, y resume con las siguientes palabras lo que significa trabajar con Laura. «Me siento afortunada. Imagínate lo que puede ser una salida a comer nuestra; siempre lo hacemos desde el goce, más que desde la crítica». Con una mamá y una hija como ellas, ¿qué emprendimiento no sale bien?