Mábel Lara: "La piel y las caderas son lo más característico que tengo del Pacífico"

Sensible, apasionada y carismática, hoy la vemos lucir sus crespos en Noticias Uno, siempre orgullosa de sus raíces.

Mábel Lara: "La piel y las caderas es lo más característico que tengo del Pacífico"
Hernán Puentes

El periodismo, ¿para qué?

Para servir, para ayudar a traducir la realidad y que la gente tome posición frente a la vida.

 

¿Qué siente en su cuerpo cuando las cámaras se encienden?

Cosquillas en la panza, vértigo.

 

¿Cuál es el encanto de la televisión?

La seducción de varios sentidos.

 

¿Y de la radio?

Es el arte de los silencios y las palabras bien contadas.

 

¿Una característica fascinante de Colombia?

Su mixtura, su diversidad.

 

¿Y una transformación urgente para el país?

El modelo educativo.

 

¿Qué es la belleza?

La impronta del alma.

 

¿Por qué hasta ahora tenemos el privilegio de conocer sus crespos?

Por timidez, por inseguridad y porque no era el momento de salir del cascarón.

 

¿Qué dicen sus crespos de usted?

Son una metáfora. Detrás de una situación enmarañada, retorcida y compleja también reside la belleza.

 

Un vicio.

Los chocolates y el mango biche con sal.

 

¿A qué ritmo anda?

Hay días de bossa nova, hay días de currulao y hay días de marcha militar.

 

Lo más hermoso de su cultura.

La capacidad de resistir, levantarse y sonreír.

 

La moda, ¿para qué?

Para gastarse la plata.

 

¿El mejor libro escrito y por qué?

Tal vez mi libro favorito es La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Me ayudó a entender el amor y la fragilidad de la vida.

 

¿Una canción que le haga mover tripas?

Hay amor, de Caetano Veloso.

 

¿Y los pies?

Tarde serena, de Rubén Blades

 

Un personaje vivo al que le gustaría entrevistar.

A Michelle Obama.

 

¿Y uno muerto?

A Débora Arango. Su obra y su carácter libertario en la sociedad en la que se crió siempre me han fascinado.

 

Un amor platónico.

Lenny Kravitz.

 

Un miedo que ha logrado combatir.

El de equivocarme como mamá.

 

Si fuera dueña del mundo por un día, ¿qué cambiaría?

El ciclo de la vida. Deberíamos vivir de atrás para delante, de viejos a bebés.

 

Alguien que la haría cambiarse de andén.

Nadie. A mí me gusta andar ‘apachichada’, revolviéndome con la gente.

 

Un momento histórico que le habría gustado vivir.

Lo viví: la firma de la paz en un país como el nuestro, con todos sus bemoles y con todos los sapos.

 

¿En qué cree?

Creo en un ser superior, en el bien y el mal, y en la ley de la compensación.

 

Un plato.

Me encantan los fríjoles.

 

Una lucha permanente.

El derecho a la diversidad.

 

¿Tres características de un buen periodista?

Sensibilidad y ganas de meterse en el barro y cambiar el mundo.

 

Su palabra favorita.

Churrumino.

 

¿Qué la indigna?

La hipocresía, la falsedad.

 

¿Qué la inspira?

El mar.

 

¿Cómo le gustaría morir?

En una hamaca, con un trago de whisky en la mano y el mar Pacífico de fondo.

 

Una virtud suya.

La sensibilidad.

 

Un defecto.

La impaciencia y la intensidad.

 

Algo que la apague.

Lo insulso, válido para conversaciones, personas y momentos de la vida.

 

¿Lo mejor de la maternidad?

Perder un poco las riendas de la vida y renovar la capacidad de sorprenderse, de admirar lo simple y mirar la vida más sencilla.

 

¿Lo más difícil?

Las trasnochadas. Uno no vuelve a dormir como antes.

 

Lo que más le gusta de ser mujer.

Que somos multitask. Hablamos de todo, tenemos una capacidad enorme para comunicarnos y somos empáticas.

 

¿Y lo que menos?

Que siempre tenemos que estar demostrándole al mundo de qué somos capaces.

 

¿Qué superpoder le gustaría tener?

El del ‘importacu…’. A mí todo me afecta, todo me duele, todo es un drama, quisiera vivir la vida un poco más suave.