7 consejos para enseñarle buenos modales a tus hijos, ¡Sé constante!

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Si comienzas a afinárselas desde que tu niño es muy pequeñito y con constancia, verás que dentro de poco tiempo convivirás en tu hogar con toda una dama o un caballero. ¿Sabes cómo?

“Oiga cuatro ojos, deje de hablar con este bobo y tráigame ya el balón que tiene su hermano, que de solo verlo me da rabia”, le dice Carlos a un compañero de clase. Claramente, Carlitos lo hace sin tener en cuenta, o sin conocer, los buenos modales, pues no saluda, no pide el favor, interrumpe y ofende con palabras despectivas.

Desafortunadamente no es un caso aislado; muchos niños actúan igual que el de nuestro ejemplo porque la buena educación no es un tema prioritario para algunos padres de familia, que dan más relevancia a los avances y calificaciones en áreas como matemáticas o geografía, o a las capacidades artísticas, deportivas o tecnológicas de sus hijos.

Y no es la actitud ideal, porque una adecuada formación es fundamental en el diario vivir de cualquier ser humano. Saludar, despedirse, dar las gracias, no interrumpir conversaciones y sentarse bien en la mesa, entre muchas otras, son conductas que deben inculcarse desde los primeros años de la infancia y no dejar la responsabilidad al colegio.

No se trata de que si vas con él a visitar a una amiga, en una cita médica o en un paseo con los compañeritos del colegio, permanezca como una estatua o que sea una máquina perfecta que solo produzca comportamientos intachables, porque hay que entender que es un niño y como tal cometerá imprudencias, hará uno que otro daño por brincar más de la cuenta o pasará por el lado de algún conocido sin decirle: “Hola, cómo estás”.

Pero sí es necesario que sepa cómo comportarse y cómo actuar en cada momento y espacio en el que se desenvuelva; de esta manera, será un niño aceptado, respetado y valorado en cualquier grupo familiar o social en el que intervenga. Además, también edificará bases sólidas para ser a corto y largo plazo un ciudadano íntegro, civilizado, seguro, amable y educado.

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“Los procesos de aprendizaje que implican hábitos, entre más temprano se enseñen, permitirán que los niños puedan ejecutarlos con mayor perfección y terminen finalmente moldeando el carácter, lo que facilita en el inmediato y a futuro su capacidad de socialización. A más temprana edad, mejores habilidades sociales”, anota Bárbara Lee Rojas, comunicadora social-periodista, experta en protocolo y psicopedagoga especializada en procesos de aprendizaje.

Pensarás que con tantas normas de cortesía y óptimo comportamiento tu tarea es titánica y tu camino largo y culebrero: formas de saludar, despedirse, hablar, sentarse, agradecer, pedir disculpas, coger los cubiertos, usar la servilleta; o cómo proceder en visitas, en la mesa, con los adultos, en clases o conferencias, con los aparatos tecnológicos… y más, y más y más...

Pero si comienzas a afinárselas desde que tu niño es muy pequeñito y con constancia, verás que dentro de poco tiempo convivirás en tu hogar con toda una dama o un caballero. ¿Sabes cómo?

Procede con consecuencia:

“Mami, y tú por qué pones los pies en el asiento”, “Mi papá se despierta y no me saluda”. Cuando quieras comunicar una enseñanza, ponla en práctica, pero no solo al difundírsela a tu hijo, sino siempre y como una norma de vida.

Y con buenas maneras:

Con gritos y malas palabras poco conseguirás, mucho menos si los buenos modales que estás implementando brillan por su ausencia. Al explicarle con tono moderado, respeto y cariño, es más factible que encuentres un niño receptivo, calmado y con muchas ganas de aprender.

Aliéntalo:

“Qué bien amor, dijiste gracias cuando te di tu juguete”. Con frases y expresiones similares reconoces sus avances y lo animas a seguir conquistando victorias que le permitirán ser cada día mejor ser humano.

Cánsalo:

En el buen sentido de la palabra. No bajes la guardia; recálcale cada vez que puedas sobre la importancia de mantener buenos modales, mucho mejor si puedes hacerlo con ejemplos cotidianos; por ejemplo, cuando un hermano o tu pareja llegan y te saludan o si vas por la calle y alguien te pide permiso para poder pasar.

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Poquito a poco:

Hay infinidad de conductas de sana convivencia y buen comportamiento, y tu hijo es muy inteligente y capta rápido las enseñanzas. Sin embargo, es aconsejable no abrumarlo con tantas pautas al tiempo. Cuando asimile adecuadamente una o dos, continúa con otras.

Interactúa con él:

Habrás notado que el juego es esencial en todo aprendizaje de un niño, pues esta vez no será la excepción. Posibilidades tienes por montones con sociodramas que lo inviten a reflexionar, juegos de roles en los que pueda disfrazarse y representar personajes con adecuados y malos modales, obras de teatro, creación de canciones y cuentos relacionados con cada temática, entre otras posibilidades didácticas y lúdicas.

Muéstrale ejemplos:

Tanto positivos como negativos. Para ello puedes apoyarte en programas de televisión, relaciones con vecinos y amigos y las propias vivencias experimentadas en el colegio, las escuelas deportivas o artísticas, etc. Y en este sentido, los modelos familiares son esenciales, como enseña Bárbara Rojas: “La mejor forma de educar a los niños es con el ejemplo. Es importante que los padres comprendan que los modales no son para fingirlos para los de afuera o en ocasiones especiales; son un sello personal que amplían la capacidad de las personas para ser empáticas y gentiles y, por tanto, resultan ser amadas por quienes las rodean”.

Bajo dicha perspectiva, el padre gentil, educado y considerado influye directamente en la capacidad que tendrán sus hijos de relacionarse hábilmente y elevar su calidad de vida al desarrollarse seguros, confiados e influyentes, concluye nuestra especialista.

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