Alejandro Riaño y Matilde se ríen juntos de la vida

Desde que el comediante se convirtió en papá, ha tenido que hacer malabares para lidiar con el éxito de su personaje Juanpis González y sacar tiempo para esa bebé que le dio la vuelta a su mundo y un nuevo sentido a su vida.

"Voy en contra de esa educación que limita la libertad": Alejandro Riaño. Fotos: David Schwarz

A Alejandro se le encharcan los ojos cuando le pregunto qué ha sido lo más difícil de ser papá. Su reacción me sorprende. Estaba convencida de que se quejaría de la falta de sueño o se burlaría de las sorpresas que dan los niños cuando uno les cambia el pañal. Pero no. Empiezo a darme cuenta de que, cuando habla de Matilde –su bebé de nueve meses–, no anda con un chiste en la punta de la lengua, sino con la sensibilidad, áspera, acariciándole la piel. El humor, para él, es arma y escudo, y cuando se trata de su hija, anda despojado de cualquier protección: ella le ha dado un sentido a su vida y eso lo ha hecho vulnerable, mortal. 

“Lo más difícil de la paternidad ha sido tener que separarme de ella con tanta frecuencia. Por mi trabajo, viajo mucho”, contesta mientras hace el esfuerzo de esquivar las lágrimas. Desde hace unos meses, Alejandro la sacó del estadio con Juanpis González, un personaje que, en sus palabras, es todo lo que él no quisiera ser: "Un petardo machista, racista y clasista de ultraderecha, que trata mal a todo el mundo, y vive de apariencias y apellidos". Es uno de los youtubers más famosos y oportunos del momento. Reacciona rápido, viraliza videos, llena teatros en Colombia y Estados Unidos, y tiene una jornada que arranca a las 9:00 de la mañana y termina a las 12:00 de la noche (a veces a las 3:00 a.m.). Justo en medio de esta fama caótica, aterrizó una bebé, y ahora tiene que arreglárselas y sacar tiempo para todo.   

 

Fueron 10 pruebas de embarazo. En medio de un viaje a Brasil, María Alejandra Manotas, hoy esposa de Alejandro, empezó a sentirse diferente. Sabía que era un bebé, aunque no lo esperaban. Se hizo la primera prueba y nada. La siguiente fue igual. Esa única línea que aparecía una y otra vez le confirmaba que la vida continuaría como siempre, que no tenía nada a qué temer, pero ella desconfiaba de ese anuncio que iba en contravía de lo que su cuerpo le gritaba. Así que siguió. Y la décima fue la vencida. Cuando vieron las dos rayas, Alejandro soltó una carcajada: “¡Ese embarazo debe ser psicológico!”, le dijo. 

María Alejandra sintió miedo. De no haberlo planeado. De no haber terminado su carrera. De lo que diría su papá. Alejandro se puso feliz, siempre quiso tener hijos, pero le aclaró que la apoyaría en la decisión que tomara. “Ahora, María Alejandra no para de mirar a Mati –cuenta él–. Es su mejor amiga. Su compañía. Yo, después de verla nacer y ‘emperrarme’ a llorar, descubrí, así suene cliché, que en ella está el verdadero amor ”. 

 


"Voy en contra de esa educación que limita la libertad".

 

Primer mandamiento

“No la castigaré”

A Alejandro lo echaron del Gimnasio Campestre por emprendedor: tenía un creciente negocio de revistas pornográficas. Del José Joaquín Casas lo sacaron por enamorado: todos los días se escapaba para ir a visitar a su novia. Luego pasó por tres colegios más. Fue, en sus palabras, “un niño problema”.  

— ¿Qué va a pasar si Matilde resulta parecida a usted? –le pregunto. 

— Siempre la voy a apoyar. Sé cómo es eso. No voy a estar en el plan de castigarla de por vida. Si la sacan, quiere decir que no era feliz. Voy, más bien, a vigilarla para asegurarme de que es feliz. Si uno es feliz, hace todo bien. No es fácil encontrar colegios donde haya soluciones para los niños problema. La salida siempre es llamar a los papás y regañar y regañar. En mi caso no se daban cuenta de que venía de un hogar con papás separados y descargaba todo en el colegio. Si me hubieran invitado a entrar a un equipo de fútbol o a una clase de teatro, seguramente, habría encontrado un espacio para liberar frustraciones, pero eso no pasaba y aún no pasa. Yo voy en contra de ese tipo de educación, que no permite que las personas se desarrollen con libertad. Si veo que eso le pasa a Matilde, la apoyaré totalmente. 

Alejandro, María Alejandra y Matilde llegan al estudio a las 2:00 de la tarde. Vamos a hacer fotos con la bebé y eso nos preocupa: solo tenemos hasta las 5:00 y sabemos que en cualquier momento la niña querrá comer, dormir, llorar. Al bajarse del carro, los fotógrafos, la productora, la diseñadora y yo nos abalanzamos hacia ella. Tenemos clavada la mirada en esos ojitos que nos observan atentos y analíticos. Acaba de despertarse y pronto empezará el llanto, en medio de todos esos desconocidos. Pero la chiquita nos toma por sorpresa: en ningún momento de esas tres horas que estuvo con nosotros se le escapó una lágrima, ni un quejido, ni un grito. Matilde es solo paz.

Pensarán, los que se apresuran a sacar conclusiones, que tiene poco de su papá, pero estarán equivocados: “Se parece mucho a mí. Vive muerta de la risa. Y es muy tranquila. Mi mamá cuenta que yo era así, que ella me sentaba en una esquina y yo me quedaba ahí juicioso por horas, sin poner problema de nada”. Todo parece indicar que, en menos de lo que canta un gallo, Matilde estará haciendo negocios en el salón y planeando alguna picardía.  

Por ahora, no obstante, sus papás aprovechan su calma. Esa es una de las razones por las que Alejandro no relaciona la paternidad con dificultades o complicaciones: desde que era muy chiquita, Matilde pasó la noche derecho. No llora. Se deja alzar por cualquiera. Lograron que ella se adaptara a su vida, así que, sin importar el caos y la algarabía, ella queda fundida por horas, donde sea. Si está de mal genio, con unas buenas cosquillas se le olvida. Y, para rematar, avanza a mil por hora: a los siete meses gateaba y ya tiene ganas de caminar. 

 

"Cuando María Alejandra está cambiándole el pañal a Matilde siempre se le hace pipí. Y nos morimos de la risa. Afortunadamente, conmigo no pasa, yo soy muy asquiento".  

 

Segundo Mandamiento

“No la sobreprotegeré”

— El humor tiene mucho de burla, de matoneo. En tiempos en los que hay una mayor conciencia del bullying, y ahora que es papá, ¿ha cambiado de alguna manera la forma en que se aproxima a la comedia?

— Mi humor ha ido madurando. Ya no busco el matoneo en sí mismo, sino el sarcasmo, la denuncia. Juanpis González es todo lo que no debemos ser como seres humanos. En algún momento de mi vida fui matoneador, pero después de graduarnos les pedí perdón a esas personas. Y en otra época preferí hacerme del lado de los rechazados. Tenía el don de usar la palabra para hacer sentir menos a los demás, y empecé a usarlo para defender a los más vulnerables. Pero también pienso que estamos exagerando con lo políticamente correcto y creo que no tenemos que asumir estos temas con tanta sensibilidad. El matoneo hace parte de la vida. Debe ser muy duro si se la montan al hijo de uno, pero eso ayuda a formar, a desarrollar una personalidad. Aprender a defenderse en el mundo es muy importante. No solo ocurre con los humanos, lo vemos en los animales: desde el momento en el que nacen tienen que salir a cazar y buscar su comida. Volviendo al tema del humor, yo se la monto a mis entrevistados y ellos han aprendido a dejar el ego a un lado. Cuando se burlan de su condición y aceptan sus errores, hay una especie de catarsis. También es importante que nos riamos de nosotros mismos. Así que seguiré haciendo el humor que hago y acompañaré a Matilde cuando se enfrente con el mundo. 

Dicen que Alejandro Riaño es un gomelo que actúa como gomelo. Y sí, en parte lo es. Nació en un círculo social acomodado y nunca le faltó nada, pero tampoco le tocó fácil. “Vivíamos en un mundo en el que estaba todo, pero no era nuestro –explica–. Toda la vida vi a mi mamá esforzarse para sacarnos adelante, a mi hermana y a mí (y justo le toque yo, un chino que solo le traía problemas). Su berraquera y su tenacidad ahora influyen en el tipo de papá que quiero ser. Siempre la hemos guerreado y eso nos formó, eso sirve mucho para la vida. Por eso no le tengo miedo a que Mati se dé golpes, ahí estaremos para apoyarla. Y no le daremos todo lo que pida, es importante demostrarle que las cosas hay que trabajarlas, que no se obtienen tan fácilmente”.

Las palabras de Alejandro, por lo general, van acompañadas de risas, pero, también, de una sinceridad refrescante. Él responde sin máscaras, sin secretos. Su mirada no es dada al póker: mientras lo entrevisto, sus ojos no solo me hablan de las extenuantes jornadas que ha tenido estos días, sino de unas heridas que ya cerraron, pero han dejado cicatriz. Eso sí, nunca habla desde el drama, lo suyo es, más bien, sacar músculo, reírse de la vida y seguir adelante. 

“Duele mucho, al ver lo que pasa en el planeta, pensar que tu hija va a entrar en ese sufrimiento diario en el que uno se la pasa. En esa lucha no sé de qué. Pero ahora me desvivo por ella y trabajo con más ganas aún para darle todo y para que siempre esté bien”. 

 

"Las mujeres, efectivamente, tienen un don como madres. Tienen un instinto que uno no trae. Nosotros somos muy torpes. María Alejandra sabe exactamente qué le pasa a Matilde y cómo solucionarlo".
 

Tercer mandamiento
 
“No permitiré que traicione su felicidad (ni sus ideales, ni su libertad)”

— Si pudiera regalarle tres dones a Matilde, como las hadas de La bella durmiente, ¿cuáles serían?

— El de la felicidad, el de la sencillez y la bondad, y el del amor. Yo quisiera que todo lo haga siempre pensando en la felicidad. Que no se olvide de ella misma. Que sea un buen ser humano y respete la opinión de los otros, pero que busque su felicidad, no la que quieren los demás. Quiero que sea fiel a sus ideales, pero que encuentre los argumentos para sostenerse en ellos. Que diga lo que piensa y de la lucha por eso".

Para los papás suele ser problemático oír que sus hijos quiere ser artistas, actores, músicos… Y ni hablar de aquellos que deciden ser comediantes. En las sociedades actuales, es común que se le haga barra a carreras como Administración de Empresas, Ingeniería o Economía. No es que quieran limitar a sus hijos, es que piensan en su futuro y sospechan que será más fácil si buscan un camino más seguro. 

Eso pudo pasarle a Alejandro, pero él tuvo suerte: “Mi papá me enseño a ser libre; a buscar la felicidad, no la plata; a hacer lo que me gustaba. Él pensaba que yo podría cambiar muchas cosas desde la comedia, siempre y cuando recurriera a un humor inteligente y partiera del conocimiento. Él decía que siempre deberíamos estar estudiando. También me impulsó a que me expresara libremente, a que fuera yo sin medirme: podía escoger ponerme aretes o tatuajes o ser gay o punk… Y cuando la embarraba en el colegio me decía: ‘Yo qué saco con castigarte, lo que necesito es que entiendas los esfuerzos que estamos haciendo por ti. ¿Qué es lo que pasa? ¿No eres feliz en donde estás?’.

Las palabras de su padre retumban en su cabeza ahora que tiene una hija y su mentor ya no está. Parece que las llevara cocidas en la piel de los brazos y las leyera cada vez que se sube las mangas, porque es lo que repite una y otra vez, en cada pregunta que se relaciona con Matilde, con el tipo de padre que quiere ser y con el estilo de crianza que le quiere dar. En ese sentido, él espera honrar el legado de su padre. Busca que su bebé sea tan afortunada como él.  

 

"Juanpis González no va a ser papá. Y muy posiblemente, tampoco salga del clóset, porque la familia no lo va a tomar bien. En su círculo social no es bien visto que sea gay". 
 


“No pondré en riesgo mi vida"

— ¿De qué manera lo ha cambiado la paternidad?

— Uno se olvida de uno, solo piensa en ellos. Le da mucho sentido a mi vida. Uno cada vez se quiere cuidar más. Uno espera que no le pase nada, para poder disfrutarla. Sobre todo con lo que estoy haciendo, con el personaje, con todas las barbaridades que estoy diciendo en un país como este.

Pasa con frecuencia que Alejandro llega a su casa con un nuevo vestido para Matilde. “María Alejandra me regaña: ‘No le compres más, que ya tenemos. ¡Además, eso no le queda, es de cuatro meses y ella tiene 9!’”. Él siempre piensa que “la bebé cabe ahí”. Entra a un almacén y en lugar de buscar ropa para él, se antoja de cosas para ella. Esa chiquita, ahora, es su mundo y trata de disfrutarla todo lo que puede en los fugaces momentos en los que no está trabajando. También sabe que tiene que aprovechar este instante en el que Juanpis González está en boca de todo el mundo. Especialmente por ella y por su futuro.

El plan favorito de Alejandro, ahora, es bañarse con Matilde. A veces llega tarde, en la noche, y la encuentra despierta y se muere de la emoción. Hace frío y su esposa le sugiere que la deje abrigada, pero él sueña con ver a la bebé abrir sus bracitos, eufórica, en el momento en que la pasan a la ducha. En eso también se parece a él: le encanta la hora del baño. 

 

Quinto mandamiento

“La amaré sobre todas las cosas”

— Si pudiera darle un solo consejo a un papá primerizo, ¿qué le diría? 

— Que no se asuste. Que si hace todo con amor, nada saldrá mal. 

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Natalia Roldán Rueda

Maternidad y Bienestar

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