Cinco cosas que nadie te cuenta antes de tener un hijo (y que deberías saber)

No nos avisan que nosotras también tendremos que usar pañal, que entrar al baño dolerá o que las contracciones no paran después de que sale el bebé.

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Creo que he asumido el embarazo en posición de periodista: quiero saberlo todo. Contrario a otras mujeres, que dejan que la naturaleza haga su magia sin hacer preguntas, a mí me interesa conocer todos los detalles. Tengo la idea –ingenua, tal vez– de que la información me permitirá estar más preparada para el parto y el posparto, y me dará la posibilidad de tener una experiencia más gozosa y tranquila –a pesar del dolor y la incertidumbre que hacen parte del proceso–, en la que podré sentirme dueña de mi cuerpo y de mis emociones (puedes leer Seis síntomas curiosos del embarazo de los que nadie me contó).

Por eso he aprendido términos que otras futuras mamás quizá no han oído, como episiotomía (el corte que hacen en el periné para facilitar la salida del bebé), hipoxia (la falta de oxígeno que puede experimentar mi hijo si sobrepasa la semana 40 en la panza) u oxitocina (la hormona que desencadena las contracciones y que tiene su par artificial para inducir un parto o acelerarlo). 

Ha sido una fascinante experiencia de aprendizaje que me ha dejado una moraleja que se divide en dos. La primera parte es que la información parece inabarcable, cada día hay algo nuevo por entender. La segunda es que no salgo del asombro de que las mujeres de las generaciones que nos antecedieron no hablaran del proceso de convertirse en mamás. Me sorprende ser mujer y enterarme de muchas cosas hasta ahora, a dos meses del parto e impulsada por mi curiosidad periodística (te puede interesar Mitos del embarazo que por fin tenemos que aclarar).

Por esta razón he hecho un breve listado de unos cuantos datos claves que debemos saber para no asustarnos, para irnos preparando, para que podamos disfrutar la llegada de nuestro hijo sin angustias. Por supuesto, hay cientos de datos más, aquí solo menciono algunos de los que me enteré hace poco o que tomaron por sorpresa a algunas amigas en su camino a la maternidad. 

1. Vamos a sangrar después del parto (y mucho)

Hace un par de semanas fui consciente de que en la maleta que llevaré a la clínica tengo que empacar pañales, no solo para Lucas, sino para mí. Una vez sale el bebé, expulsaremos la lochia, una secreción vaginal normal que contiene sangre, moco y tejido placentario y que puede tardar entre dos y seis semanas en salir completamente de nuestro cuerpo. Cada parto es diferente y la hemorragia no siempre es igual de abundante, pero igual recomiendan usar pañales, no toallas higiénicas, y, de ser posible, comprar de esos que se ponen como si fueran calzones, para que no se muevan de un lado para otro y así sentirnos más cómodas.

2. Puede que nos dé miedo entrar al baño

La orina puede producir un doloroso ardor en la piel maltratada que hasta ahora empieza a sanar. Especialmente si tienes que pasar por una episiotomía o si se produce un desagarro que requiera puntos. Para evitar que tengan que hacer ese corte, en otros países instruyen a las mujeres para que semanas antes del parto se realicen masajes perineales que ayudan a mejorar la elasticidad de esa parte del cuerpo que tendrá que expandirse como nunca antes. En Colombia, no obstante, estos masajes por lo general no se realizan porque son vistos con pudor, ya que requieren que la mujer o su pareja introduzcan dos dedos en el canal vaginal y que los muevan en forma de péndulo por unos diez minutos (hay muchos videos explicativos en Youtube si te interesa buscar). Según el caso, en el hospital pueden aplicar un medicamento para dormir la zona y aliviar el dolor en un principio. En tu casa vale la pena que tengas un spray que te permita limpiar sin tener que usar tanto papel higiénico. Si te gustan las recomendaciones de mamás y abuelas, aquí va una: recurrir a un laxante para evitar hacer fuerza y tener que limpiar (puedes complementar con  Cinco productos recomendados por mamás 'cancheras' para primerizas).

3. Las contracciones no pararán después de que salga el bebé

Uno no vive un parto sino dos: primero el del bebé y después el de la placenta. Por supuesto, las últimas contracciones serán mucho más leves que las que acompañaron la expulsión del bebé, pero es bueno saber que llegarán. Incluso después de que salga la placenta es posible que tu útero aún se contraiga, hace parte del proceso en que va volviendo a su tamaño normal y ayuda a que la hemorragia no sea tan abundante. Las enfermeras te podrían ofrecer analgésicos y desinflamatorios para controlar el dolor.

4. Una vez en casa, puede que nos ataque una tristeza profunda

No es, necesariamente, una depresión posparto. La montaña rusa de hormonas que pasea por tu cuerpo (que intenta volver a la normalidad) será la culpable de que te sientas sola, triste y vacía, justo en ese momento, que sería el más feliz de tu vida. Aunque todo esté bien, tu pareja te consienta y tu bebé se porte como un angelito, verás solo oscuridad y querrás llorar hasta desocuparte. Abraza esos sentimientos con la tranquilidad de que pasarán y en unas semanas tendrás la energía, el ánimo y la disposición para disfrutar como nadie a tu bebé, del que tal vez te enamores unos meses más tarde (no todas sienten ese flechazo a primera vista). Si los síntomas se extienden por mucho tiempo y a la tristeza se suma el rechazo a tu esposo, el deseo de permanecer aislada del mundo o la aversión a tu suegra, podrías consultar a un especialista que confirme si tienes depresión posparto.

5. Nuestro cuerpo tal vez se demore en volver a ser el de antes

Hay mujeres que piensan que una vez sale el bebé la panza desaparece. Algunas, efectivamente, corren con esa suerte, pero es muy probable que la barriga permanezca tal y como estaba antes del parto. Es normal. Así como el cuerpo necesitó tiempo para crecer y armar ese hogar para el feto, se tomará tiempo para ser el de antes. Puede tardar un mes, cinco o un año. Cada mujer es distinta. Vale la pena que tengas en cuenta que la lactancia ayuda a que adelgaces, pero también debes estar preparada para que tus pezones se agrieten y duelan con intensidad. La saliva y la fuerza de la boquita del bebé suelen maltratarlos durante las primeras semanas, ya que están acostumbrados a estar cubiertos y protegidos. Hay muchas cremas para aliviar el dolor, consúltale a tu médico cuál es la ideal para que no le haga daño a tu hijo. También hay consejos de las mamás y las parteras, aquí va uno para prevenir: en la ducha, durante el embarazo, frotar los pezones con estropajo para irlos alistando para el trajín que se les viene.