¿Cómo evitar el dolor de las vacunas?

Cuando llega la hora de la inyección, las madres sufren tanto como los bebés. Por eso la OMS recomienda la lactancia, que puede servir de tratamiento para ambos.

¿Cómo evitar el dolor de las vacunas?
La angustia lleva a que las madres retrasen la vacunación o la eviten.Getty

Lucas tenía apenas un día de nacido cuando llegaron a ponerle sus primeras vacunas. Justo en ese momento le estaba dando pecho, así que me dispuse a retirar su boquita para que la enfermera pudiera hacer su trabajo. Ella, de inmediato, me detuvo: “¡Tranquila! Déjelo ahí. Es mucho mejor para mí”. Por lo tanto, seguí su indicación. Cuando vi que la aguja se acercaba al cuerpo de mi hijo, me tensioné y me preparé para el llanto que supe que vendría; sin embargo, no hubo lágrimas ni alaridos de dolor. Cuando la inyección tocó su piel, el bebé solo apretó más fuerte el pezón. Encontró alivio en el alimento y en la seguridad que le daba estar entre mis brazos.

En ese entonces no lo sabía, pero la práctica a la que me invitó la enfermera se le conoce coloquialmente como tetanalgesia y consiste en lactar a los bebés durante la vacunación para reducir el llanto, el dolor e, incluso, el sufrimiento de la madre. Desde ese día, cada vez que vacunan a Lucas, pido que lo hagan mientras está en mi pecho. Gracias a eso, he salido triunfante de ese momento que para muchos es traumático (una vez vi a una mamá que se quedó por fuera del consultorio mientras chuzaban a su niño porque no soportaba presenciar esa escena que, para ella, se parecía a una tortura).

Desde hace unos años, esta práctica empezó a ser incentivada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que el sufrimiento que genera el pinchazo, tanto en las mujeres como en sus hijos, tiene un efecto oculto: lleva a que las madres retrasen la vacunación o la eviten.

Dar pecho mientras que los niños pasan por un procedimiento doloroso no es nuevo, pero desde hace poco la comunidad médica empezó a aceptarlo. A medida que aumenta la promoción de la lactancia, también se descubren sus múltiples beneficios. Entre ellos, su capacidad de producir un efecto analgésico en el bebé: “Esta utilidad del amamantamiento es bien conocida y muy probablemente viene siendo puesta en práctica desde siempre por nuestra especie y también por otros mamíferos –explican M. Merino Moína y J. Bravo Acuña, pediatras que acuñaron el término tetanalgesia–. El hecho de contener físicamente al bebé en el regazo materno, dándole calor, olor propio, protección y además un alimento dulce, disminuye los signos externos de sensación de dolor en los niños pequeños, hecho probado, incluso con estudios del más alto nivel de calidad”.

Con los recién nacidos el efecto del pecho es evidente: a veces la única manera de calmarlos es amamantándolos. Así se descubre que la teta no es solo alimento sino protección, especialmente para un ser indefenso que llega a un mundo para el que no está preparado (al salir del vientre tiene que aprender hasta a respirar).

En el pecho, los niños suelen llegar a un estado de paz especial y esto no solo ocurre por las razones emocionales que dan los pediatras Merino y Bravo –relacionadas con el alivio que genera estar en los brazos de la madre–, sino con asuntos científicos: la succión y los componentes de la leche tienen efectos somníferos y analgésicos. Y algo similar ocurre en las madres cuando ofrecen la teta a sus hijos: su producción de prolactina aumenta y esta tiene un efecto relajante.

En el caso de una vacunación, además, el hecho de que la madre pueda asumir una posición activa ante el sufrimiento de su hijo aumentará la confianza en su capacidad de cuidado y esto permitirá que se sienta más tranquila ante la posibilidad de que su bebé sienta dolor: él no está solo o desamparado, ella está ahí para que se sienta mejor.

Por estas razones, Merino y Bravo insisten en uno de sus artículos: “Los pediatras deberían promover el empleo rutinario de la tetanalgesia siempre que haya que someter a procedimientos o técnicas que impliquen causar dolor a los recién nacidos y los lactantes de hasta 6 meses de edad. La diferencia entre usarla y no usarla es, con frecuencia, espectacular”.

Si un dato adicional sirve para despertar el interés de las mamás lactantes en esta alternativa, aquí va: una investigación dirigida por expertos de la Universidad de Ottawa en Canadá demostró que amamantar a los bebés mientras se les da un pinchazo reduce el tiempo de llanto en un promedio de 38 segundos, según los científicos, algo que podría animar a algunas madres a llevar a sus hijos puntualmente a recibir las vacunas. Para una madre, 38 segundos puede sentirse comor una eternidad.

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Natalia Roldán Rueda

Maternidad y Bienestar

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