La limpieza de la nariz de tu hijo… ¿cuándo? y ¿cómo?

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¿Tu hijo tiene moquitos? Seguramente sí, pero aún es muy pequeño para avisarte o para sonarse solo. No hay problema, cuando notes que se siente molesto y con algún inconveniente para respirar bien y tosa o vomite, tú podrás limpiarle las fosas nasales con mucho cuidado, para que recupere la calma.

Pero su nariz no solo se tapa si hay mocos. También puede suceder durante una gripa o resfriado, o cuando se atora o se ahoga al alimentarse de tu pecho o de un tetero y un poco de la leche que ha tomado llega a las vías respiratorias provocando moco.

No se trata de eliminar a cada rato los mocos, que actúan como mecanismo de defensa al proteger los pulmones y el sistema respiratorio, evitando el ingreso de polvo, polen, gérmenes, bacterias y virus. Pero en cualquier caso, si las secreciones nasales se adhieren a las fosas o hay gran producción de estas, es aconsejable quitarlas para evitar dificultades o afecciones como otitis o sinusitis. ¿Cuál es la manera indicada y qué cuidados debes tener? Ya te lo contamos.

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El suero fisiológico es la opción más utilizada, y la más indicada por los especialistas. Su acción logra que los mocos se disuelvan y se deslicen hasta quedar afuera de la nariz o muy cerca, donde él los expulse o sea más fácil limpiárselos.

Antes de iniciar el procedimiento y con el fin de evitar infecciones, lávate muy bien las manos con agua y jabón, pon a tu hijo en la cama o en un lugar cómodo en posición decúbito lateral (de lado). Después aplícale la solución salina en el orificio que da hacia arriba presionando con suavidad el envase o recipiente donde se encuentre para que salga la cantidad requerida. Cámbialo de lado y repite la misma acción en la otra fosa.

“Cuando se coloca el bebé semisentado o en posición decúbito lateral se facilita que el suero entre por una fosa nasal y salga por la otra. La solución salina se aplica en spray, gotero o jeringa sin aguja y la cantidad indicada en cada fosa es de 2 ml. para lactantes hasta de dos años de edad y de 5 ml. en niños mayores”, explica Diana Salamanca, pediatra de la Pontificia Universidad Javeriana.

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Aunque menos utilizadas, existen otras alternativas como las monodosis de suero fisiológico con adaptadores para realizar los lavados. Los aspiradores nasales y peras de goma no son muy recomendables porque su uso frecuente y las aspiraciones fuertes pueden ocasionar complicaciones en sus oídos, inflamación de la mucosa de la nariz, irritación de las fosas nasales y producción de más moco.

La limpieza de la nariz no es un procedimiento muy agradable para tu bebé, pero sí necesario en determinadas ocasiones, y para que no se ofusque tanto ni te haga pataletas puedes seguir ciertas indicaciones:

Momento indicado. Si está muy tapada su nariz y respira con dificultad, nada qué hacer, cuando toca, toca. Si no hay tanta urgencia, después del baño es lo ideal, pues el agua caliente y el vapor que se produce ayudan a diluir la mucosidad.

Con extremo cuidado. Ya estás enterada de que no es una tarea del agrado de tu hijo y que posiblemente se enfade y llore. Por lo tanto, debes hacerlo con mucha delicadeza, sobre todo cuando intentes limpiar las secreciones que queden cerca de los orificios. “Para su limpieza no es aconsejable introducir copitos de algodón porque pueden empujar las mucosidades hacia adentro, y por ser un elemento rígido lastimar las fosas nasales del bebé”, complementa la doctora Salamanca.

Caliente mejor. Una alternativa interesante consiste en calentar a temperatura equivalente a la de su cuerpo el frasco, jeringa o recipiente que contiene el suero. De esta manera, tu hijo no sentirá tanto cuando el líquido ingrese a su nariz ni se inquietará como cuando se lo aplicas muy frío.

Algo importante para que tengas muy presente es que entre tantos métodos disponibles, lo fundamental es que elijas el que te resulte más sencillo y cómodo de manejar para hacer la limpieza de la nariz de tu pequeño, y obviamente que le brinde seguridad a él.

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