¿Cómo mejorar la relación con tus hijos adolescentes?

Hablamos con Úrsula Calvo, coach experta en meditación, sobre el uso de la tecnología, sobre aprender a soltar y sobre la importancia de no educar desde el castigo para que los jóvenes dejen de ver a sus padres como enemigos.

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Ahora los padres tienen que enfrentarse a las tablets y a los teléfonos, ¿cuál es la mejor manera de hacerlo?

Las tecnologías son lo que son y son una herramienta de la evolución del ser humano que está facilitando mucho las cosas. Los niños van a dominar las tecnologías y creo que eso va a ser muy interesante. La cuestión está en el mal uso de las tecnologías que se está haciendo. Los padres, sin darnos cuenta, utilizamos estos aparatos para mantenerles entretenidos la gran parte del tiempo.

Por eso recomiendo a los padres que mediten, para que ese diálogo interno que tenemos y no nos permite estar con ellos se detenga. Cuando tienes un pensamiento compulsivo constante, estás con tu hijo solamente en cuerpo, porque la mente está metida en el problema que has tenido en la oficina o en la cantidad de ropa que tienes que planchar. Lo que se pretende con la meditación es volver a experimentar la vida. Si dejamos que los niños estén mucho tiempo con las nuevas tecnologías en lugar de que estén con nosotros, al final les estamos enseñando a vivir en esa realidad virtual en la que nada existe.

Por tanto, estoy a favor de las nuevas tecnologías pero con un tiempo restringido y una utilidad. ¿Para qué vas a utilizar la tablet? ¿Vas a ver un capítulo de dibujos animados? ¿Vas a hacer algún juego interactivo? Bien. ¿Cuánto tiempo? Cada padre sabe qué hacer, pero debe ser algo muy restringido.

¿Qué técnicas se pueden hacer con ellos a nivel de consciencia plena o de meditación?

Lo más importante es darles ejemplo. Los niños van a aprender lo que ven hacer a los padres. Si quieres que tu hijo lea, lee. Si quieres que medite, medita. No hace falta que hagas meditar al niño, él, al verte meditar, te percibirá  de una forma mucho más equilibrada. Va a ver cómo respondes a los retos que te plantea la vida de una forma sosegada, serena. Te va a ver alegre, te va a ver feliz y va a querer hacer lo mismo que tú.

Lo más notable de la meditación es que te entrena para estar presente. Por ello, el tiempo que estés con tu hijo, vas a estar plenamente con él. La clave es que no vas a estar pensando en tus problemas, vas a estar activa. Yo invitaría a los padres a estar solamente 10 minutos al día presentes plenamente con los hijos. Sin estar con el cuerpo y la mente en distintos lugares. Para que vean lo enriquecedor que puede ser ese momento.

Parece que siempre hablamos de niños y adultos, pero siempre nos olvidamos del nicho de los preadolescentes y adolescentes. ¿Cuál es la mejor manera de manejarlos y de educarlos?

Me gusta esa pregunta porque los padres de los adolescentes creemos que tenemos demasiada responsabilidad con respecto de nuestros hijos. Es cierto que si ha habido una buena relación, una relación sana, de presencia, de dedicarles tiempo, creo que la adolescencia se pasa mejor. Lo más importante para los padres es aprender a soltar el control y esto es muy difícil. Soltar el control en el sentido de que tus hijos son seres humanos que han llegado aquí a través de ti.

Por supuesto que les tienes que dar una educación basada en el ejemplo, pero han de empezar a tomar sus propias decisiones y, sobretodo, han de ver que tú las respetas y las aceptas plenamente. Normalmente tendemos a juzgar y criticar la actitud de nuestros hijos adolescentes y creo que esta es la peor actitud que se puede adoptar con ellos.

Con frecuencia los padres se preocupan mucho por las normas y cuando los jóvenes no las cumplen recurren al castigo de quitarles el celular o la tableta. ¿Sirve esta estrategia?

Para nada.

¿Por qué?

Porque es solamente una venganza. Para mí el castigo es una venganza.  Si tú le das un golpe a una pelota la pelota va a salir disparada, pero si tú das un golpe a una pelota no viene alguien y te da una palmada por detrás, eso no es natural. Un castigo que no es una consecuencia natural de tu acto se convierte en una venganza personal del padre que está enfadadísimo y necesita desahogarse.

¿Y si a la hora de intentar ser racional con ellos solo le hacen caso al celular?

¿Por qué solamente hacen caso al celular? ¿Por qué los hijos no se comunican con nosotros? Porque no nos hemos sabido comunicar con ellos. Cuando comunicamos con nuestros hijos desde la imposición, desde el juicio, desde la crítica, constantemente estamos destacando qué hacen mal, las normas, las obligaciones, los deberes, lo competitivo que es el mundo, el "como tienes que ser para parecerte a mí", cómo tienes que ser para cumplir los objetivos que yo mismo no he cumplido... Estamos constantemente en ese modo.

¿Cómo pretendes que el hijo, ante un padre que esta diciéndole normas, juzgándole, que no le acepta como es, no se evada? Es que el amigo de turno, la maquinita, está para él y el padre no. El padre es la imposición, el castigo.

¿Cuántas veces le decimos a nuestros hijos lo que valen, lo buenos que son? ¿Cuántas veces les transmitimos que independientemente de lo que hagan los queremos igual? Eso es lo que facilita una buena comunicación. Si eso no lo hay, lo demás son evasiones y no les podemos juzgar por ello, ni a ellos ni a nosotros porque en realidad cada uno actúa como puede y sabe. Hay personas que sienten la necesidad de castigar pero esto es de sentido común, hay que preguntarse: ¿te sirve?

¿Qué límites pueden o deben ponerles los padres a sus hijos?

Por supuesto que hay unas normas y unos límites que hay que cumplir, y por eso es importante ponerse de acuerdo con ellos, sobre todo cuando son adolescentes, porque ya tienen la capacidad de expresar sus necesidades y de decirte qué es lo que quieren. Llegar a un consenso es importante. Normalmente nuestra posición es muy rígida y está basada en lo que hemos vivido, en lo que hemos visto en otros padres. Tenemos un montón de ideas y de prejuicios sobre lo que es correcto. Y lo que es correcto es lo que surge activamente de escuchar a tu hijo y de lo que surgirá al escucharlo, porque lo vas a contagiar con eso.

Es muy difícil saltarse un consenso cuando es consensuado, cuando hay un acuerdo entre los dos va a ser más difícil que se lo salten y si eso sucede no pasa nada porque no somos perfectos y los padres tampoco, todos de vez en cuando nos saltamos las normas afortunadamente, no somos máquinas y no lo hacemos todo bien.

Quizá la aceptación sea uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos si realmente queremos acceder a la paz interior duradera y al bienestar.