Con tu hijo en la cocina: ¿Qué valores y habilidades desarrolla?

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Como ayudante en la cocina, tu pequeño aprende recetas sencillas, conoce sobre alimentos y nutrientes, desarrolla diversas habilidades y aprende muchos valores positivos para su vida.

“¿Quieres pollo? Ya te lo preparo”, “Siéntate a la mesa, te voy a traer tu almuerzo”, “¿Quieres café? ¿Cuántas veces has escuchado estas invitaciones de tu hijo? Probablemente muchas, porque uno de los juegos preferidos de los niños es la cocina, en los que con delantal, gorro e implementos como platos, ollas, cubiertos y vasos de ficción, asumen con entusiasmo roles de experimentados chefs y clientes satisfechos.

Es un buen momento para transportarlo a la realidad e invitarlo a que te acompañe en la preparación de suculentos menús, no como simple espectador sino como ayudante de lujo. Disfrutarán de un excelente plan en familia que, con seguridad, será del agrado de todos sus integrantes; eso sí, siempre bajo tu supervisión y protección.

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Además de incentivar su gusto por la comida, será una gran oportunidad para que en un ambiente lúdico y de aprendizaje, pero también de camaradería y diversión, tu hijo tenga la oportunidad de obtener múltiples conocimientos y cultivar diversos valores que serán de gran utilidad para el resto de su existencia, entre ellos:

Fortalecimiento de su confianza. Al permitirle que participe de esta actividad gastronómica, se siente importante y capaz de realizar tareas; es decir, afianzas la seguridad que tiene de sí mismo.

Desarrollo de habilidades. Con la diversidad de labores que le puedes poner mientras están en la cocina, refuerza facultades y destrezas en varias áreas: matemáticas, al medir cantidades y contar ingredientes; lenguaje, al profundizar su vocabulario; ciencias, al entender las propiedades de los alimentos; motricidad, al mezclar, batir, cortar o mover músculos; coordinación, al cambiar y poner alimentos o productos y, obviamente, culinaria, al conocer nuevos sabores, texturas, nutrientes, menús, etc.

Obtención de hábitos alimentarios. “Dicho encuentro familiar permite que desde temprana edad el niño tome conciencia sobre los beneficios de comprometerse con una nutrición sana y equilibrada, decidiéndose por alimentos saludables”, manifiesta la nutricionista de la Pontifica Universidad Javeriana, Silvia Margarita Contreras.

Compromiso. Tal vez en sus inicios de “chef” hará regueros, manchará utensilios o se ensuciará la ropa. Pero con tus consejos, aprenderá a asumir responsabilidades relacionadas con la seguridad, la limpieza y el orden.

Armonía familiar. Además de brindarle alegría a tu pequeño, cuando todos participan en la planeación y preparación de las comidas, se crea un contexto de unión familiar agradable. Incluso, puede convertirse en un espacio que favorezca la comunicación, la confianza y la relación entre padres e hijos.

Trabajo en equipo. Mientras tú cocinas, tu hijo puede alcanzarte el libro de las recetas, los ingredientes y otros utensilios que no impliquen peligro, o realizar tareas sencillas, de acuerdo con su edad: limpiar mesas, lavar implementos usados, pelar habichuelas, etc. Esta labor permitirá que aprenda las ventajas de hacer una labor en conjunto, coordinada y participativa.

Creatividad. Cuando sirve los alimentos, combina ingredientes, inventa menús y decora la mesa, está cultivando su imaginación y dándole rienda suelta a su capacidad de crear.

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Refuerzo de valores. Algunos de estos: responsabilidad, compromiso, orden, limpieza, esfuerzo, autoestima, disciplina, perseverancia, aprovechamiento, empatía y cooperación.

Y de aptitudes. Planificación, psicomotricidad, destreza manual, poder de decisión, memoria, manejo de dificultades, planificación y creatividad, entre otras.

Al permitirle a tu niño que participe activamente en cada etapa de la planeación y preparación de las comidas, se sentirá dichoso de poder colaborar. Sin embargo, es fundamental tener presentes ciertas recomendaciones para que este encuentro gastronómico sea fructífero.

Invítalo a mercar. Para Silvia Margarita Contreras, “mientras hacen las compras, la mamá puede explicarle al hijo las propiedades y características de cada grupo de alimentos, además de los beneficios que aportan a su organismo”. También se familiarizará con los ingredientes que utilizarán en cada receta que prepararán en los siguientes días.

Incentiva la limpieza. Insístele sobre la necesidad de mantener óptima higiene, primero aseándose bien las manos con agua y jabón, y después lavando los utensilios, los espacios que van a utilizar y los alimentos como frutas y verduras, estas últimas sin usar detergentes, limpiadores, blanqueadores, etc. Enséñale cómo quitar el polvo, y dónde botar la basura o depositar el material de reciclaje.

Asígnale tareas culinarias. Muy sencillas pero con las que se sentirá útil; por ejemplo, deja que intervenga en la preparación de galletas, helados o refrigerios y que bata huevos, amase harina, agregue salsas, azúcar o sal, alistándole las medidas. Ya habrá tiempo para que te colabore en menús más elaborados.

Ante todo, con seguridad. Es primordial. Si tu hijo es de corta edad, mantenlo siempre alejado de fogones, ollas o sartenes calientes y de elementos peligrosos: tijeras, cuchillos, ralladores o utensilios de vidrio, porcelana y otros materiales delicados. Explícale porqué debe permanecer lejos de estos, pero indícale cómo deben manipularse y manejarse.

Con disciplina. Aunque la jornada sea un espacio de sano esparcimiento y aprendizaje, también es necesario que se realice con seriedad y responsabilidad; por lo tanto, establece normas y deberes para que sean cumplidos por tu hijo: recoger loza y utensilios usados, lavarlos, ponerlos en su sitio, etc.

Reconoce su intención. Probablemente se equivocará en una mezcla, agregará más o menos azúcar de la debida, o algún cubierto quedará con mugre. Sin embargo, resalta el deseo que tiene por hacerlo bien y estimúlalo para que cada vez lo haga mejor. Hazle ver sus equivocaciones con tacto, sin que se sienta mal.

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