¿Cuáles son las razones de la movilización?

hace 14 horas

¿Es posible ser una mamá amiga del medio ambiente?

Mercedes Monserrat es una argentina que logró desarrollar un pañal de tela, fácil de fabricar en casa. En sus redes sociales explica cómo hacerlo, resuelve dudas y explica por qué las madres y los padres deben prescindir de lo desechable.

Un pañal desechable puede tardar 500 años en degradarse.Julián Andrés Galán

¿En dónde termina el pañal que desechaste en el tarro de la basura de tu casa? ¿En dónde están los pañales que usaste hace 33 años, cuando naciste? Seguramente, están enterrados en un relleno sanitario o en el fondo del mar. Para conocer a ciencia cierta su destino, tu mamá o tu papá tendrían que haberle instalado un chip a uno de ellos para definir su recorrido, desde que lo echaron al tarro de la basura. Hablamos de un solo pañal, ahora imagina lo que sucedió con cada uno de los que usaste en tus primeros años de vida. Desde el primero hasta el último. Un bebé de seis meses usa en promedio siete pañales al día. Es difícil pensar que todos recibieron el tratamiento adecuado para evitar dañar el medio ambiente (También le puede interesar Todas las cesáreas deberían ser más humanas).

Embarazada de su hijo H, Mercedes Monserrat se preguntó una y otra vez por el destino final de los paquetes de pañales que le empezaron a regalar. A su cabeza vino el recuerdo de una visita a una finca en Córdoba, Argentina. Encontró uno sucio, tirado en una zona verde. ¿Cómo había parado ahí? Quizás un perro lo sacó de una caneca y, tras jugar con él, lo tiró cerca de la casa de su hermano (También le puede interesar Las barreras que frenan la lactancia materna).

Para todas las tareas que afronta la madre de un recién nacido, el pañal desechable es un alivio. Es su mejor amigo porque su uso se reduce a sacarlo del empaque, ponerlo en el pequeño y ajustar las cintas. ¿Cuántos futuros padres de familia piden paquetes de pañales en vez de otro regalo en el baby shower?

En el recorrido del pañal sucio nadie quiere pensar. Al menos, tú y yo, no. Pero Mercedes sí, por eso, aún con H en su vientre, empezó a buscar soluciones. En algún lado leyó que el pañal de tela era una opción ecológica frente al plástico, lleno de alcohol y sustancias, cremosas que puede demorar 500 años en degradarse.

El pañal de tela era una de las soluciones. Inicialmente, se imaginó a su abuela esclavizada lavando uno, fregándolo con fuerza y resignación para que al poco tiempo volviera a ensuciarse. Dicha imagen no podía ser posible en el 2017, los pañales de tela tenían que sacarse de encima el lastre del lavado, tenía que haber una manera de confiar en ellos, sin que la existencia se te fuera en una restregada. “En YouTube solo encontré información en España y en México. Quería usar mitad de tela y mitad descartables; pensaba que sería una gran ayuda, iba a reducir la basura”, dice Mercedes, desde Argentina.

Su intención iba por encima del simple acto de comprar pañales de tela, que estaban en el mercado a un precio que no era imposible para su bolsillo. ¿Y qué tal si se tomaba el trabajo de fabricarlos en su casa? A ella, cuyas manos no son de costurera, se le ocurrió esta opción que le quitaría el peso de perjudicar al medio ambiente.

Un día se lo comentó a sus familiares y varios le dijeron, con asco, que por andar protegiendo el medio ambiente se iba a untar las manos de caca. A pesar de su explicación sobre la contaminación de plásticos, algunos terminaron la charla sin entender su preocupación. A Mercedes poco le importó. A punto de nacer su hijo, agarró unas tijeras, camisetas de algodón viejas y, a punta de prueba y error, desarrolló la forma de un pañal de tela fácil de hacer para cualquier persona. Pero solo el calzón no iba a ser suficiente, necesitaba algo que absorbiera los fluidos.

“Usé unas toallas biodegradables de bambú, que se ponen entre el pañal y la cola del bebé. Retienen los líquidos, son las que finalmente se sacan y se tiran –manifiesta Mercedes–. El pañal queda manchado, pero no tenés que hacer nada. Así como está, va al lavarropa. En el caso de no usar toallita biodegradable, se tira en el inodoro lo que se pueda. Si siguen quedando rastros, los retiras con agua y un cepillo. Si queda mancha no hace falta seguir restregando, va todo a la lavadora. Recomiendo, primero, un lavado corto y luego un lavado profundo”.

A los seis meses de nacido, ella y su esposo ya habían hecho la transición al pañal 100% de tela. Su experiencia, casi de laboratorio, la compartió con amigas y alguien le sugirió crear una cuenta en redes sociales dedicada a los pañales de tela. El paso a paso de su empírica creación, las ventajas de la tela frente al plástico y la interacción con los usuarios son las bases de ‘Mamá Sustentable’, una cuenta que le ahorra a los interesados el proceso por el que ella pasó.

 
 

La limpieza

El valor del pañal de tela es la reutilización. Limpiar el popó y la orina es una tarea de costumbre. Aprender a hacerlo es lo que termina agradeciendo el planeta. “Es el principal ‘contra’, porque todo el mundo dice qué asco, vas a lavar caca. O simplemente dicen ‘no tengo tiempo’. Se imaginan la época de las abuelas, fregando pañales. Puedes comprar por Internet las toallas biodegradables de bambú, que duran muchísimo y apenas cuestan 10 dólares. También te las puedes arreglar con las toallas húmedas para la cola del bebé, que no son tan buenas, porque tienen mucho alcohol y no son biodegradables. Se pueden poner entre la cola y el pañal”.

En cuanto al olor, en una de sus muchas publicaciones, Mercedes dice que el olor se percibe como si tuviera un pañal desechable. Como el pañal de tela hecho en casa no tiene químicos, el olor, incluso, es más tolerable. Cuatro horas es lo máximo que el bebé puede tenerlo puesto. Sin embargo, hay telas que resisten más que otras. El algodón es uno de los materiales más débiles. La lana y la tela gruesa, tipo polar, las utiliza para los pañales nocturnos, que pueden durar más de 10 horas.

Antes de publicar esta entrevista, Mercedes escribió lo siguiente en su post número 100 en Instagram: “En noviembre de 2017 nació H y a sus 10 días le pusimos los primeros pañales de tela. Teníamos cinco, en diciembre dos más, en febrero cinco más y en abril llegaron los que me dieron confianza para reemplazar el descartable de la noche. Para nosotros fue relativamente fácil, usar 100% tela fue algo que se dio sin presiones, sin incomodidad. Yo me enamoré de los pañales, de no necesitar descartables, de hackear al sistema. El primero de diciembre de 2018 abrí esta cuenta para contarles nuestra experiencia con los pañales y ayudar a quienes tuvieran dudas y ganas. Varias amigas me preguntaron si pensaba vender pañales y les decía que no, y me preguntaban cómo iba a monetizar y yo decía que lo hacía por amor a la vida… a la vida de mi hijo y de los niños del futuro y del presente”.

¿Es fácil fabricarlos?

La clave está en que tengamos voluntad, multiplicar las manos, saber en qué momento hacerlo. Con iniciativa la costura del pañal irá saliendo. La protagonista de esta historia se pone como ejemplo: “Yo, que tengo cero inclinación a la costura, hice varios pañales y me encanta hacer combinaciones. Da satisfacción saber que no gastas recursos en desechables y, de paso, cuidas el medio ambiente”.

 

 

 

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Carlos Torres / Revista Cromos

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