Estrategias para manejar la agresividad en los niños

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Las agresiones de los niños hacia sus padres, hermanos y otras personas en algunos casos son comunes, pero no por ello aceptables. Ciertas recomendaciones permitirán que tu hijo logre autocontrolarse y actuar con serenidad.

No es Mike Tyson, tampoco Muhammad Ali ni Pambelé, ¿pero tu hijo lanza golpes de gancho o jab como todo un boxeador o como si estuviera pataleando en una piscina cuando se enfada? No es el único; es un comportamiento relativamente frecuente, especialmente en niños entre los 3 y 5 años.

Golpes, mordiscos, patadas, empujones y jalones de pelo, entre otras acciones, se convierten en su arma predilecta para responder ante mandatos, regaños o negativas de sus padres y compañeros o amiguitos, o como medio para proteger lo que es suyo o cree que le pertenece.

La casa, el colegio, el parque o cualquier escenario pueden convertirse en una especie de ring donde los niños pretenden ganar sus batallas ¿Pero por qué reaccionan de esta forma? Muchos lo hacen porque a esta edad empiezan a autoafirmarse y en el proceso de ese conocimiento objetan todo con oposición, resistencia, berrinches y golpes, porque entienden que es una manera de llamar la atención.

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En esta etapa de sus vidas los niños también piensan que son el foco de atención y que todo gira a su alrededor. Por ello, cuando no se cumplen sus deseos y expectativas o no son atendidas sus peticiones sienten frustración, y por su aún poco manejo de la tolerancia, responden con golpes.

“Los golpes de los niños de esta edad son una respuesta innata de la primera infancia. Ellos no saben cómo autorregularse porque su cerebro no está preparado aún para ello y no tienen las herramientas para reflexionar sobre lo que les genera molestia. El problema es que, por lo general, el adulto se engancha con la emoción del niño porque cree que él lo hace con la intención de molestar, desobedecer o hacerlo quedar mal cuando sucede en un sitio público”, asevera Liliana Machado, psicóloga clínica.

Otro factor está relacionado con la imitación. Si observan que sus padres o compañeritos del centro educativo, llámese jardín o colegio, actúan así, es posible que también adquieran este comportamiento, como lo sugiere Liliana Machado, con maestría en Psicología Clínica y de la Familia, de la Universidad Santo Tomás, “cada ser humano tiene reacciones únicas, pero por lo general los niños aprenden de lo que observan en los adultos que los rodean. Aprenden a autorregular sus emociones tal como sus padres, abuelos o profesores regulan las de ellos”.

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¿Entonces qué puedes hacer?

Si tu hijo presenta estas características y responde de manera similar a lo señalado anteriormente, hay varios caminos que puedes tomar para que entienda que su manera de actuar no es correcta y encausarlo por el rumbo apropiado:

Contrólate. Es fundamental que te calmes y pongas a prueba tu paciencia antes de tomar decisiones. Si actúas con ira, gritos, insultos o agresividad, le enviarás un mensaje contradictorio y lo confundirás. Tampoco lo humilles ni lo señales como un niño violento o incorregible, pues puedes generarle miedo, desconfianza y baja autoestima.

Guíalo. Tu hijo no hace la conexión entre sus emociones y su razón, no porque no quiera sino porque su nivel de desarrollo todavía no se lo permite. Por eso desde la primera vez que te pegue a ti o a otra persona, hazle comprender con firmeza pero con respeto y en un lugar privado, que es una reacción dañina, que lastima y que no es una conducta aceptable. Esfuérzate por enseñarle a canalizar su enojo siempre en un ambiente de relajación y tranquilidad.

Da ejemplo. Si en su diario vivir es blanco de tus golpes u observa que con tu pareja, otros hijos y demás personas procedes con gritos y agresividad, lo asimilará como algo normal y se comportará de igual manera. Con paciencia, buena comunicación y con amor, lograrás mejores resultados. Expresiones como “Comprendo tu enojo, pero no debes golpear a nadie”, “Sé que vas a cambiar y que no lo volverás a hacer”, funcionarán mejor que los regaños y ofensas.

Invítalo a excusarse. No es suficiente con hacerle comprender que se equivoca cuando le pega a alguien. También es importante que entienda que debe reparar el daño hecho y pedir perdón con sinceridad, con el fin de que tenga empatía, se sensibilice ante el sufrimiento de los demás y aprenda que él también puede ser víctima de situaciones similares y que todo acto tiene una consecuencia.

Entiende sus sentimientos. “Hay que comprender que los niños están en formación, su neurobiología no está preparada para reaccionar de manera reflexiva y necesitan de un adulto que les enseñe con paciencia, firmeza y cariño. Por eso hay que dejar de juzgarlos y tener una mirada sensible para interpretar y leer sus comportamientos positivamente y enseñarles a gestionar adecuadamente sus emociones”, apunta Liliana Machado.

Valora su esfuerzo. Cuando notes progresos en su conducta y que responde con docilidad, reconócelo y felicítalo; de esta manera, comenzará a distinguir lo bueno de lo malo y sabrá que existen otras alternativas más eficientes y adecuadas para relacionarse con los demás, a pesar de las diferencias.

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