Hábitos de higiene, indispensables para la salud de tus hijos

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Con el fin de ayudarle a prevenir enfermedades y a conservar su salud, es vital que estimules en tu hijo esas rutinas de aseo personal que son indispensables.

Perseverar por mantener una buena salud no solo implica visitar al médico para un control rutinario, o tomarse los medicamentos que él indica para el tratamiento de determinadas enfermedades o afecciones. Normalmente, el bienestar de una persona también se asocia con una nutrición equilibrada, la práctica de ejercicios o actividades deportivas, un descanso nocturno suficiente y reparador, y no fumar ni consumir alcohol u otras sustancias psicoactivas.

Pero otro factor fundamental es el empleo constante de medidas de aseo personal, que permiten prevenir la circulación y expansión de gérmenes que conviven a diario con el ser humano.

“Los hábitos de higiene son muy importantes para mantenernos saludables, por lo que es imprescindible inculcarles a los niños, desde pequeños, las medidas básicas de aseo e higiene personal, para así evitar que contraigan enfermedades infecciosas virales o bacterianas”, comenta la pediatra de la Pontificia Universidad Javeriana, Diana Salamanca.

De ahí la necesidad de enseñarle a tu hijo estas buenas conductas, porque al aprenderlas, poco a poco se transformarán en buenos hábitos de higiene que favorecerán su desarrollo integral; con el tiempo, fomentarán su autonomía, disciplina y rigurosidad con el cuidado de su salud y se interesará por su presentación y aspecto personal.

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Y como el buen ejemplo comienza por casa, es necesario que tú y los demás miembros del hogar cultiven a diario estas prácticas beneficiosas, y que al enseñárselas a tu pequeño, lo haga con agrado, dedicación y de forma amena y creativa para que se “enganche” rápidamente, sin perder el entusiasmo. Los hábitos más necesarios en este proceso de enseñanza, te los comentamos a continuación:

Baño en ducha:

Por sus extensas jornadas académicas y lúdicas, incluyendo revolcadas en el piso y tocando todo lo que encuentra en su camino, la ducha diaria lo libera de la suciedad, del sudor y de los agentes contaminantes con los que ha tenido contacto su piel.

Si aún es bebé, será un juego para él, pero si está más grandecito, también tendrá un momento de relajación. Enséñalo a que sea un baño corto, con agua tibia, y a limpiarse todo el cuerpo con esponja suave y jabón, incluidos genitales, axilas y pies; eso sí, para evitar accidentes, en los primeros años siempre bajo tu supervisión.

En cuanto vaya creciendo, especialmente si se acerca a la pubertad –o antes si lo crees necesario–, acostúmbralo a usar talco o desodorante, que sea suave con su piel, en las zonas de más sudoración y transpiración.

Lavado de manos:

Tan trascendental es para la supervivencia de las personas en todo el mundo, como para la prevención de infecciones respiratorias agudas y enfermedades diarreicas, especialmente en los niños, que Naciones Unidas destina cada año una fecha para celebrar el Día Mundial del Lavado de Manos.

Y aunque es tema de moda por la pandemia, no está de más insistirle con frecuencia a tu pequeño que lo haga adecuadamente: de 20 segundos a un minuto con agua y jabón para eliminar todo tipo de gérmenes, refregándose las manos por arriba, por debajo, por los lados y entre los dedos, sin olvidar los pulgares ni las muñecas; al termina, recuérdale que debe secárselas muy bien con una toalla de papel limpia.

Pídele que lo haga al tocar superficies sucias, antes y después de las comidas e inmediatamente estornude, tosa, se suene o termine de jugar con sus carritos, muñecos o en la calle.

Limpieza de uñas:

Además del lavado con un cepillo especial de cerdas suaves, es fundamental que las mantenga cortas tanto en manos como en pies, con el fin de evitar bacterias presentes en las superficies que toca continuamente. Mientras él se las puede cortar por sí solo, realiza tú la tarea, pero recalcándole la importancia de tenerlas aseadas y pequeñas.

Y de pies:

Nos imaginamos que a tu pequeño le encanta estar descalzo; por tal razón, y como en el piso, en la arena o en el prado se encontrará con gérmenes y hongos, e incluso, cuando está con zapatos, el sudor, la humedad, los cambios de temperatura y el mismo tipo de calzado puede ocasionarle problemas de salud, hay que enseñarle a asearlos e hidratarlos muy bien, y a que permanezcan secos y frescos.

Cepillado de dientes:

Si se lo inculcas desde pequeño, seguramente tendrá una adecuada salud bucal y le hará el quite a las “odiadas” caries. Cuando pase la etapa de ayudarle, recomiéndale hacerlo después de cada comida, con un cepillo de cerdas suaves y con movimientos circulares por las zonas internas y externas de los dientes, y otros movimientos cortos, de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás, donde se realiza la masticación.

Aseo de oídos:

Adviértele que “en los niños se recomienda no introducir objetos como copitos, únicamente se debe limpiar el conducto auditivo externo. Como esta zona queda húmeda después del baño, es el momento adecuado para limpiarla, preferiblemente con una toalla o un pañito húmedo; no es aconsejable hacerlo con agua ni con jabón porque alteran el pH normal.

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El cerumen que hay dentro del oído sirve para protegerlo, y si introducimos objetos podríamos ocasionar un tapón de cera o lesionar la membrana timpánica”, revela la doctora Salamanca. El oído tiene la capacidad de autolimpiarse, y si hay exceso de limpieza, es posible que se produzca un trauma y se facilite la aparición de infecciones.

Aseo de nariz:

Acostúmbralo a que se suene cada fosa nasal por separado, con la boca cerrada y que expulse las mucosidades sin hacer mucha presión sobre el papel o los pañuelos desechables, que debe mantener siempre a la mano y en gran cantidad. De este modo, le enseñarás a evitar la propagación de gérmenes.

Cuidado del cabello:

Como se ensucia con mucha facilidad, mientras adquiere la habilidad para hacerlo, hay que lavárselo y cepillárselo con frecuencia, con un champú muy suave, en lo posible sin tanto químico y con un pH levemente ácido para no debilitarlo, para que mantenga una óptima salud capilar, y evitarle picores o acumulaciones de grasa.

Si a tu hijo le gusta usar gomina, laca, diademas y otros accesorios o productos, no hay problema si son suaves, pero exhórtalo a que lo haga con moderación.

Cambio de ropa:

Por el contacto permanente con la piel y la consecuente sudoración y transpiración, además de la exposición continua a múltiples agentes contaminantes dentro y fuera de la casa, enséñale a cambiarse todos los días.

Tu hijo debe aprender que la ropa, tanto interna como externa, debe lavarse después de usarse.

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