Ángela María Robledo: ¿por qué el Consejo de Estado le quitó la curul en la Cámara?

hace 7 horas

La amenaza a la lactancia materna que se encuentra en la lengua del bebé

A algunos niños se les dificulta mamar debido a una característica anatómica que lleva a que pierdan peso muy rápido y a que sus madres sientan dolor durante el amamantamiento.  

La amenaza a la lactancia materna que se encuentra en la lengua del bebé
Tener el frenillo lingual corto dificulta que el bebé tome leche del pecho de su madre.Pixabay

Hay mamás que saben que algo anda mal cuando les dan pecho a sus hijos pero no identifican qué es. Van a donde pediatras, cirujanos y asesores de lactancia que no resuelven sus inquietudes. Solo algunos especialistas dan el clavo: el bebé tiene anquiloglosia o frenillo lingual corto.

La anquiloglosia ocurre cuando el pliegue vertical de mucosa que une la lengua con el suelo de la boca dificulta los movimientos de la lengua hacia el paladar o fuera de la boca.  Tener el frenillo lingual corto hace que las personas tengan problemas a la hora de pronunciar algunas palabras (la dificultad más común se da al decir la erre), influye en un inadecuado desarrollo de la mordida y el paladar, y lleva a que sufran con mayor frecuencia de infecciones respiratorias, reflujo o problemas cervicales. Aparte de estos efectos, también es una amenaza para la lactancia materna.   

Es un problema frecuente en torno al cual existe mucho desconocimiento. De acuerdo con la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial, se estima que afecta al 9,3% de los niños, pero otros estudios hablan del 12 y hasta del 25%. Pero lo más grave es que la comunidad médica aún no se pone de acuerdo sobre la manera adecuada de tratarlo.

“Las matronas a principios del siglo XX lo cortaban directamente con la uña del meñique cuando atendían un parto en casa –explica a El Independiente Chiqui de Cos, asesora de lactancia cuyo hijo sufrió de anquiloglosia–. Algunos especialistas lo siguieron haciendo cuando los partos pasaron de las casas a los hospitales, pero la costumbre se fue perdiendo con la introducción de las leches artificiales, ya que los biberones ocultaban el problema de la succión al tener la tetina más alargada”.

Hoy los médicos tienen diferentes opiniones al respecto. Están los pediatras y cirujanos que sugieren cortar el frenillo en recién nacidos solo en los casos en los que definitivamente afecte la lactancia. Para ellos, si se encuentra la manera de amamantar, lo mejor es esperar a que el niño cumpla el año, cuando las estructuras anatómicas son más visibles y la resección se puede hacer con más seguridad.  

También se encuentran los especialistas que prefieren intervenir lo más pronto posible, antes de que el niño empiece a hablar y genere vicios que son más difíciles de corregir más adelante.

Y hay algunos que consideran que hay frenillos que se pueden corregir con masajes, ya que pueden deberse a una contractura muscular. Si después de unas semanas los masajes no tienen ningún efecto se puede considerar la cirugía.  

La intervención

Cuando el especialista y la familia deciden cortar el frenillo, llega el otro dilema: hacerlo con tijeras o con bisturí eléctrico. Hay cirujanos que prefieren el quirófano, la sedación y el bisturí, porque la operación es totalmente ambulante y casi no genera sangrado. Quienes están a favor de hacerlo con tijeras aseguran que de esta manera se logra mayor elasticidad (el bisturí sella la zona) y esto contribuye al amamantamiento y al desarrollo del habla; además, casi nunca toca poner puntos.  

En lo que sí coinciden los profesionales es en que no es suficiente con la cirugía: hay que hacer ejercicios para que la zona se vuelva más elástica. “Durante la primera semana hay que realizar unos ejercicios para mover la lengua mínimo cada cuatro horas, después hay que seguir realizándolos al menos cinco veces al día durante unos dos meses. Si no, la zona se puede fibrosar y el resultado puede ser peor que el de partida”, advierte De Cos.

No obstante, como no hay estudios que hablen de la necesidad de los ejercicios, algunos especialistas no se los recomiendan a las familias y los niños deben pasar de nuevo por la cirugía.

Cuando son operados y hacen los ejercicios, los bebés cambian radicalmente. Se cansan menos al tomar pecho y tienen un mejor agarre, así que ingieren mucha más leche, llegan a la más nutritiva (que sale al final de la toma) y empiezan a ganar peso. Adicionalmente, mejora la experiencia para la mamá, que deja de sentir dolor durante el amamantamiento.  

También te puede interesar:

Agitación por amamantamiento: cuando las mamás rechazan al bebé que toma pecho

"El bebé está quedando con hambre" y otros mitos sobre la lactancia

La leche materna es mágica