La ciencia indica que no deberíamos pegarles a nuestros hijos

La Asociación Americana de Psicología sacó una resolución que explica que las palmadas y los gritos pueden tener el efecto opuesto al que buscamos: la rebeldía.  

¿Por qué no deberíamos pegarles a nuestros hijos?
Un estudió relacionó los castigos corporales violentos con una materia gris reducida.Getty

“Las investigaciones indican que la disciplina física no es efectiva a la hora de alcanzar logros a largo plazo relacionados con la diminución de comportamientos agresivos y desafiantes en los niños, como tampoco es útil en la promoción de comportamientos adecuados”, dice la resolución adoptada este año por la Asociación Americana de Psicología (AAP).

Según los estudios, golpear y gritar a los niños es dañino para ellos y no funciona de todas maneras, así que por qué lo seguimos haciendo. “Esperamos que esta resolución permita que más padres y cuidadores sean conscientes de que otras formas de disciplina son más efectivas”, aseguró Rosie Phillips Davis, presidenta de la AAP.

“Unas de las relaciones más importantes es la que tenemos con nuestros padres, por lo cual tiene sentido que eliminemos o limitemos el miedo y la violencia de esa relación que debería ser principalmente amorosa”, aseguró el pediatra Robert D. Sege, uno de los autores de la resolución.

Lo que dice la ciencia

Cuando lo investigadores analizaron múltiples estudios sobre el impacto de las palmadas, fue claro que para los niños no eran beneficiosas. Un estudio demostró que ellos retoman los mismos comportamientos 10 minutos después de haber recibido una palmada. Y otro relacionó los castigos corporales violentos con una materia gris reducida y un menor IQ.

También descubrieron que las palmadas introducen a los niños y a sus papás en un ciclo negativo: entre más palmadas reciben, peor se comportan, lo que lleva a más palmadas. Nadie gana. Lo que quiere decir que el castigo físico tiene el resultado exactamente opuesto al que los padres buscan.  

En esta medida, los expertos invitan a comportamientos opuestos de los padres: la empatía y la psicología positiva son mucho más productivas que la fuerza física y la humillación.

Lo que los padres deberían hacer

A AAP sugiere las siguientes estrategias para reemplazar las palmadas:

1. Decirles a los niños qué esperamos de ellos.  

2. Ser claros y consistentes a la hora de poner límites, y dar las explicaciones de una manera adecuada a cada edad.

3. Explicarles que romper las normas trae consecuencias.  

4. Escuchar. Si oímos los problemas de nuestros hijos podemos entender la raíz de sus comportamientos.

5. Ponerles atención. La herramienta más poderosa en la crianza es reforzar los buenos comportamientos y desestimular los negativos.

6. Redireccionar a los niños si se están portando mal por aburrimiento. Planear con anticipación, avisarles qué va a pasar en el día, y tener alternativas para entretenerlos en ciertas situaciones puede ayudar a prevenir un mal comportamiento.

7. Tómense un tiempo cuando se porten mal. El ideal es darle un espacio al niño para reflexionar sobre lo que hizo (un minuto por cada año que tenga en edad). El tiempo debe empezar sin muchas emociones y palabras de parte de los padres. Es algo del estilo de: “Vas a pensar sobre lo que acabas de hacer por cinco minutos”.   

En definitiva: lo realmente efectivo es el amor, la empatía y la atención.  

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