La mujer a la que le dijeron que perdiera peso tenía un quiste de 23 kilos

La masa llegó a tener el tamaño de una patilla pero cuatro médicos fallaron en dar el diagnóstico.

Getty

Muchas enfermedades femeninas suelen pasar desapercibidas. Algunas no han sido estudiadas con detenimiento y aún no existen maneras de tratarlas. Y hay otras que se diagnostican de manera inadecuada. Esto también les ocurre a los hombres, por supuesto, pero la ciencia ha estado más centrada en ellos que en ellas y quizás por esta razón se dan historias como la de Kayla Rahn, una estadounidense de 30 años que empezó a engordar sin razón alguna.

Todo empezó a mediados del año pasado. Al ver los cambios en su cuerpo decidió ir al médico, quien le dijo que simplemente tenía que bajar de peso. Después de la recomendación del especialista, ella pensó que tal vez todo se debía a que había cambiado de trabajo y ahora pasaba más tiempo sentada en su escritorio, así que hizo todo lo posible por reducir el número en la balanza.

Hizo cambios drásticos a su dieta y se inscribió a un gimnasio; no obstante, nada parecía hacer efecto. Todo lo contrario: cada vez se sentía peor. Tareas simples, como amarrarse los zapatos, se volvieron imposibles. Perdía el aliento con solo dar unos pasos y al agacharse. Luego empezó a sentir dolor en el estómago y a sentir su abdomen (que seguía creciendo) duro y tenso.

En la calle todos pensaban que estaba embarazada. Incluso le tocaban la barriga y le preguntaban, asombrados de su tamaño, si eran gemelos. Preocupada, consultó otros tres médicos. Ninguno encontró nada fuera de lo normal.

El pasado 25 de mayo, sin embargo, su mamá la arrastró de nuevo a urgencias. Estaba muy alarmada por la situación de su hija, cuya salud empeoraba y a nadie parecía preocuparle. Ese día, finalmente, dieron con un tratante que encontró cuál era el problema.

El doctor Richard Sample, del Hospital Jackson en Montgomery (Alabama), la examinó, le hizo las pruebas de rutina y les dijo el diagnóstico con bastante rapidez: tenía un quiste de 23 kilos en la pelvis. Al día siguiente la operaron y removieron la masa sin ningún inconveniente. “Es muy inusual que una masa de ese volumen pase desapercibida por tanto tiempo”, dijo Sample.

Rahn, la paciente, también estaba asombrada con el tamaño de ese objeto extraño que tenía en su cuerpo. “Me dijeron que era del tamaño de una patilla –dijo después de la cirugía–, pero no esperé que fuera tan grande, existen patillas de diferentes tamaños”. Aunque era benigno, un quiste de este tamaño afecta el flujo sanguíneo de las extremidades inferiores, provoca hinchazón, obstruye la orina y puede generar problemas intestinales, dificultades para respirar e, incluso, fallos renales.

Aunque para muchos es un caso de negligencia médica, el médico Gregory Jones, quien hacía parte del equipo que la operó defendió a los colegas que no identificaron el quiste: “A los doctores se nos pasan cosas de vez en cuando. Todos somos humanos. Nosotros trabajamos fuertemente todos los días para cuidar a nuestros pacientes”.

De la experiencia de Rahn, tanto ella como sus médicos tratantes sacaron algunas conclusiones importantes para personas que, como ella, no encuentran respuestas a sus problemas de salud:

1. Es clave pedir una segunda opinión, una tercera y hasta una cuarta.

2. Vale la pena llevar a un ser querido a la consulta médica: esa persona ayuda a ver el panorama desde otro punto de vista y puede aportar datos importantes al médico que el paciente tal vez no esté teniendo en consideración.

3. Llevar todo escrito para la consulta con un médico: cuándo empezaste a sentirte mal, de qué manera han cambiado tus síntomas, qué medicamentos has tomado, qué te sienta mal, etc.

 

Quiste

El quiste que fue extraído de la paciente. Foto: Jackson Hospital