La valentía de un papá trans

La paternidad de Damián Castro empezó de una manera distinta a la de la mayoría de los hombres: pariendo a su hijo. Ahora, junto a su esposa, trabaja todos los días para criar a un ser humano con carácter y libre de prejuicios.

Fotos: Juan Pablo Benavides Pereira / @hilomental

El 19 de abril del 2019 un rumor corrió por las calles de Zipaquirá: en el hospital había un hombre pariendo. 

“Eso solo lo había visto en las películas”, decían las enfermeras entre sorprendidas y nerviosas, mientras Damián intentaba —a pesar de las dolorosísimas contracciones que le robaban el poco control que aún tenía sobe su cuerpo— ignorar el tacto brusco del médico. El único oasis que el futuro padre encontró en medio del caos del parto fue la serenidad de su suegra. 

—El parto fue durísimo –me cuenta Damián, a través de una videollamada–. Es el dolor más terrible que he sentido en la vida. Fue algo feo y maravilloso, al tiempo. 

—¿Qué pensaste cuando tuviste, por fin, a tu bebé en brazos?

—Lo primero que pensé fue que quería que la mamá lo viera. 

 

“No es que nosotros seamos diferentes. Es solo que el mundo no está preparado para familias diversas, como la nuestra”. 

Foto: Juan Pablo Benavides Pereira / @hilomental

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Damián nunca había considerado ser papá hasta que conoció a Sahory Balaguera. Hace dos años se fueron a vivir juntos y la idea de formar una familia caló cada vez más en la mente de ambos. Lo intentaron por un tiempo, pero nada pasó. Hasta que un día el malestar apareció, el periodo se retrasó y una prueba terminó por confirmar la noticia. Estaban esperando un hijo. 
Con el bebé en camino las decisiones importantes llegaron. Una de ellas fue dejar atrás la vida que habían construido en Bogotá y mudarse a Zipaquirá. 

—¿Por qué Zipaquirá?

— Por la discriminación que existe hacia nosotros. Bogotá es un lugar para todos, pero desde nuestras vivencias, la violencia es muy fuerte. Los policías agreden a las chicas trans en cada momento. Quizá con los hombres trans las cosas son un poco más sencillas porque pasamos desapercibidos y eso evita, entre comillas, la violencia directa en la calle. Pero para las chicas no sucede igual. El temor de nosotros era que mi esposa saliera con nuestro bebé y un policía se la montara o los agrediera a ambos. Queríamos que nuestro hijo viviera en un ambiente más tranquilo. Por eso tomamos la decisión de venirnos a vivir a acá. 

—¿Y allá no han sufrido discriminación?

—Pasan cosas, claro. No falta la burla, las miradas extrañas, los comentarios, pero es mucho menos. Entendemos que la gente no está acostumbrada a nosotros. 

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Tengo una cirugía en la columna y, cuando quedé en embarazo, los dolores en la espalda se hicieron muy fuertes, así que tuve que ir a la clínica para asegurarme de que todo estuviera bien. Cuando me ingresaron, el trato fue pésimo. Mientras me atendían me pusieron en medio de dos personas: una tenía una úlcera infecciosa y la otra un problema respiratorio. No creyeron que estaba en embarazo. “Ustedes a mí no me están negando nada, ustedes le están es negando el derecho a la salud a un bebé que ni ha nacido; todo, porque tengo un nombre masculino en ese papel”, los confronté. 

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Aunque muchos tienen una idea romántica sobre el embarazo, la experiencia física para Damián fue difícil. 

—No me sentí incómodo embarazado, pero no logré reconocerme del todo. Yo amo a mi hijo y desde el primer momento en que lo vi se convirtió, junto a su mamá, en mi persona favorita, pero créeme que a mí el embarazo sí me dio muy duro. 

 

Foto: Juan Pablo Benavides Pereira / @hilomental

as típicas náuseas no tuvieron nada de típicas y lo acompañaron durante los nueve meses de gestación. Él se sentía feliz, muy feliz, pero a la vez le era complicado relacionarse con un cuerpo que se ensanchaba sin parar con el paso del tiempo, que lo obligaba a dormir sentado porque el reflujo le quemaba la garganta y que rechazaba todo lo que comía. A veces piensa que su cuerpo no estaba hecho para soportar un dolor así y, aunque siente orgullo por haber podido traer a su hijo al mundo, hoy se alegra de que ese pequeño sea un ‘auténtico niño de mamá’.

—Para mí es un alivio saber que él se apegó a mi esposa más que a mí. Yo lo alzo, lo atiendo, lo cambio, le doy su tete, hago todo lo que él quiera, pero llega un momento en el que se cansa y debe cargarlo su mamá, si no, ese hombre no se halla. Yo ya hice mi parte, que fue el embarazo. Ahora le toca a la mamá –me dice entre risas, aunque sabe que su tarea como padre apenas empieza. Por eso echa un vistazo más allá del computador, tras bambalinas, donde está su esposa consolando a Damon, quien, con 46 días de nacido, ha llorado intermitentemente durante nuestra entrevista–. Es muy consentido. 

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Mi esposa y yo hemos hablado muchas veces sobre la clase de crianza que queremos darle a nuestro bebé. Queremos que sea una persona amable, honesta, que no tenga miedo a tomar decisiones propias. Queremos que tenga carácter y que entienda que en su familia no existen los prejuicios. Nosotros no queremos hacer lo mismo que todo el mundo hace con la crianza: imponerles a los niños que tienen que hacer esto o aquello; que tienen que ir a la iglesia, que tienen que ser bautizados, que tienen que hacer la primera comunión. Si eso es lo que él quiere hacer cuando crezca, perfecto. Pero para entonces lo hará porque es consciente de que puede hacerlo. Porque fue su decisión y porque sabrá que estamos dispuestos a apoyarlo en todo

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—Damon es el hijo de una pareja trans. ¿Qué va a significar eso en su vida?

—Como te dije hace un rato, nosotros no es que seamos diferentes. Solo que el mundo no está preparado para familias diversas como la nuestra. Damon tiene que ser un niño fuerte, porque siempre van a existir personas que, en su ignorancia, van a buscar atacarlo. Eso es algo que hemos vivido nosotros a raíz de nuestra forma de vida e identidad de género. 

 

Foto: Juan Pablo Benavides Pereira / @hilomental

A pesar de las incertidumbres que le han llegado con la paternidad, él se toma el camino con calma. Cada día aprende un poco más a ser papá. Cada día hay algo nuevo en qué pensar, algo por hacer mejor, una decisión por tomar. “Ahora es chiquito y depende de su papá y su mamá. Tenemos que alimentarlo, vestirlo, darle educación. Y sin duda le daremos todo lo que esté a nuestro alcance, pero hay algo que no le podemos dar y es una identidad. Él debe buscar su propia identidad. Y si algún día él decide que es femenina, estaremos felices de acompañarlo si eso es lo que lo va a hacer feliz”. 

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No existe una pareja más ocupada que la que se está conociendo con su hijo recién nacido. Desde hace unos minutos, Damon no deja de llorar. Presiento que reclama la atención de su papá. 

Le agradezco a Damián por los minutos que me ha regalado y él llama a su esposa para que yo pueda conocer rápidamente al bebé. La mujer aparece en la pantalla con el pequeño en brazos y acerca su rostro a la cámara. Por arte de magia, deja de llorar. Quizá solo quería deshacerse de la intrusa que le roba la atención de sus papás. 

 —Dile, 'hola, Diana. Soy Damon' –susurra Sahory.

—Un gusto, Damon –digo enternecida mientras lo saludo con mi mano–. ¡Es muy chiquito! 

No los demoro más y me despido. La imagen de los tres, en ese proceso de quererse y conocerse, queda congelada en la pantalla. 

 

Fotografías: Juan Pablo Benavides Pereira.

Instagram: @hilomental

Página web:  https://hilomental.wixsite.com/misitio-1

Producción de arte: Naidu Salamanca.

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Diana Franco Ortega/ @dianafortega

Maternidad y Bienestar

La valentía de un papá trans

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