Los beneficios científicos de la presencia del padre en la crianza

De acuerdo con varios estudios, la figura paterna puede ayudar a que los niños tengan un mejor desempeño académico y a que sean más empáticos y más hábiles a la hora de manejar sus emociones.

Los beneficios científicos de la presencia del padre
El impacto emocional, físico e intelectual de la figura paterna en los niños se extiende hasta la adolescencia. Pixabay.

Durante mucho tiempo, se ignoró la importancia de los padres en la crianza. En tiempos en los que el rol del hombre en el hogar consistía en llevar el dinero para el mercado, la atención de la sociedad y de la ciencia se concentró en las mujeres, quienes pasaban la mayor parte del tiempo con los hijos. Esta limitada visión de lo que era una familia también llevó a que se creara el estereotipo burlón del padre torpe que no es capaz de ponerle el pañal a su bebé, una imagen que no siempre representaba de manera acertada la realidad del hombre como cuidador.

En las últimas décadas, no obstante, se han ido sumando investigaciones que han evaluado los beneficios de la presencia del padre en el hogar, no solo para los niños sino para las madres, desde los primeros días después del parto.

Algunos estudios han demostrado que los bebés que tienen contacto piel con piel con sus padres durante sus primeras horas de vida suelen llorar menos, se calman con mayor facilidad y se quedan dormidos más rápidamente que aquellos que se quedan en su cuna. Este proceso, así como la presencia permanente y comprometida del hombre en los primeros meses de su hijos, favorecerá el apego positivo que, a largo plazo, permitirá que los niños sean más seguros de sí mismos, más autónomos y más independientes. Además, ayudará a que tengan un mejor manejo de las emociones, menos problemas de comportamiento y un mejor desempeño académico durante la adolescencia.

Estudios anteriores insinuaban que los bebés solo se apegaban a un cuidador, que usualmente era la madre, pero ahora sabemos que se pueden apegar a muchas personas, especialmente si son atentas con ellos y responden a sus necesidades físicas y emocionales. La ciencia también ha comprobado que el apego positivo no depende de la cantidad de tiempo que se le entrega a un niño, sino de la calidad del trato que se le ofrece y de la disposición a la hora de atender sus peticiones. El apego positivo, al final, consiste en estar sincronizado con el bebé, y esto puede ocurrir incluso con los abuelos, que no lo ven todos los días.

De la infancia a la adolescencia

El impacto emocional, físico e intelectual de la figura paterna en los niños se extiende hasta la adolescencia.

Durante la infancia, luego de que han pasado los primeros meses de vida y el niño ya empieza a caminar, a hablar y a exponer su forma de ser frente al mundo, el rol del padre en su desarrollo social es clave. Los estudios muestran que, en estos años, los papás estimulan habilidades emocionales como la empatía y la capacidad de leer los sentimientos de las otras personas.

Tenemos la idea de que los padres son más bruscos a la hora de jugar y, aunque parece otro estereotipo, las investigaciones no solo confirman que efectivamente esto ocurre en los hogares sino que este tipo de relacionamiento con los niños lleva a que sean más fuertes en términos sociales.

Por otra parte, los estudios han indicado que la presencia del padre en actividades cotidianas, como la lectura o la escritura, impulsa el progreso educativo de lo niños. Tanto, que los hijos de papás comprometidos con la crianza tienen más posibilidades de graduarse del colegio. 

En la adolescencia, el rol del padre es muy importante. En tiempos turbulentos, esa figura puede ser crucial, ya que actúa como una fuerza protectora en días de mucha vulnerabilidad. Hay estudios que señalan que los adolescentes que han contado con papás cercanos tienen menos problemas de depresión y son menos dados a caer en la delincuencia. Por eso es clave seguir trabajando en establecer un vínculo fuerte basado en una comunicación abierta.

Todo esto indica que la presencia del padre es tan importante como la de la madre, y, en ocasiones, complementaria. Esto no quiere decir, sin embargo, que una madre soltera o que una pareja LGBTI sean incapaces de criar niños hábiles y felices. La ausencia del padre no impide automáticamente que los niños crezcan sanos o que tengan vidas satisfactorias. Todo depende del contexto, de los genes y de las oportunidades que cada bebé tiene al nacer.

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Redacción Cromos

Maternidad y Bienestar

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