Mi bebé solo se duerme en el pecho, ¿está bien?

Noticias destacadas de Maternidad y Bienestar

Durante tanto tiempo se les enseñó a las mujeres a desconfiar de su cuerpo que, ahora, lo que debería ser normal suele preocuparlas. La lactancia es milagrosa, no solo les permite a los niños estar sanos, sino que les ayuda a dormir y a estrechar el vínculo con sus madres.

“Te está usando de chupo, no puedes dejar que se acostumbre a eso, tiene que aprender a dormirse solo”. Esta frase se oye con frecuencia en los hogares colombianos. Las madres y las suegras la repiten a sus hijas, que por lo general saben poco de lactancia, de sueño infantil o de la importancia de la crianza desde el apego. Y, entonces, heredamos de la generación que nos antecedió conceptos falsos que se han replicado por décadas debido al poder del mercadeo y la publicidad, que en algún momento incrustaron en la sociedad la idea de que la fórmula infantil y el chupo eran mejores para los niños que la leche materna y el pecho.

No, el bebé no nos usa de chupo. Recurre a nosotras porque somos su principal fuente de alimento, protección y paz. Para entender esto hay que empezar por explicar que el pecho no es solo el medio a través del cual le damos comida. La naturaleza esa sabia y todos los procesos biológicos entre una madre y su hijo tienen una razón de ser que va más allá de lo evidente.

Los niños llegan al mundo a aprenderlo todo. Desde respirar hasta dormir. Y entender cómo llegar al mundo de los sueños suele costarles más trabajo, así que ahí entra la lactancia para darles una mano. En primer lugar, la succión es una hazaña atlética: el esfuerzo que deben hacer los bebés al mover la mandíbula los cansa. “Si el bebé tuviera que seguir despierto tras mamar, la leche saldría mucho más fácil”, explica el enfermero pediátrico Armando Bastida en un texto que escribió para Bebés y más. Eso es lo que ocurre con el biberón, como la leche sale más fácilmente y más rápido, les cuesta quedarse dormidos. Por esta razón, cuando lo chiquitos dejan la teta, empiezan a tomar más onzas de fórmula, ya que necesitan más tiempo de succión para que les produzca somnolencia. También necesitan más comida: a ellos, como a nosotros, la llenura les da sueño, ya que el organismo pone todo su esfuerzo y su energía en digerir los alimentos (por algo existen las siestas).

Ver Todas las mamás deberían aprender a dormir con sus bebés

Por otra parte, a la hora de comparar el pecho con el chupo hay que tener algo en cuenta: ese pacificador plástico es una herramienta clave para un papá o una mamá desesperados que ya no saben cómo calmar a su bebé. No obstante,  es un arma de doble filo. Si a un recién nacido, que hasta ahora se está acostumbrando a mamar, se le ofrece un chupo, puede que ocurra lo que se conoce como “confusión entre el chupo y el pezón”. Si esto llegara a pasar, existe el riesgo de que deje de recibir el pecho y que entorpezca por completo la lactancia materna. Adicionalmente, el uso prologado del chupo se relaciona con la formación inadecuada de la boca y los dientes.

Por otra parte, la leche materna tiene un aminoácido llamado L-triptófano que ayuda a los bebés a conciliar el sueño. Este ingrediente no lo ofrece la fórmula de tarro y mucho menos un chupo, y el hecho de que exista permite confirmar que uno de los propósitos de la lactancia es ayudarles a los niños a dormir.

Por último están los brazos de mamá, que reconfortan al bebé y le dan la seguridad necesaria para cerrar los ojitos y saber que nada malo le ocurrirá. “Los humanos somos una especie altricial, es decir que cuando nacemos no nos valemos por nosotros mismos, sino que necesitamos del cuidado de otro, en general, de la madre –escribe la psicóloga Rosa M. Jové en Dormir sin lágrimas–. Por eso los niños lloran si se sienten solos, por ello la mayoría de las madres llevan a sus bebés encima, en brazos o atados a su cuerpo”. Somos animales que necesitan ser protegidos y, en la medida en que sentimos esa protección, no solo retomamos la tranquilidad necesaria para dormir, sino que adquirimos herramientas para ser más seguros, independientes y autónomos en el futuro.

John Bowly, un psiquiatra infantil inglés, describe en El vínculo afectivo la experiencia de otro investigador, Bolwig, que decidió criar en su casa una cría huérfana de mono patas y hacer de madre sustituta.  “Bolwig describe la intensidad del apego manifestado por su monito cada vez que, por ejemplo, lo encerraban en una jaula: ‘Cada vez que lo intenté se producía un retardo en el desarrollo del mono. Aumentaba su apego hacia mí y se volvía más travieso y más difícil de manejar’. El castigo y la separación dan tan mal resultado en el mono como en el niño.

Ver Los brazos son una necesidad del bebé, como comer o dormir

Así que olvidémonos de las teorías de las suegras y las abuelas. Los bebés no nos usan de chupo ni se van a acostumbrar a los brazos, simplemente nos necesitan por naturaleza y, a medida en que adquieren habilidades para defenderse por sí solos, se irán desprendiendo de nuestros pechos y de nuestros abrazos. Yo, mamá primeriza hace un año y medio, cada vez soy más consciente de esto. En sus primeros meses de vida, mi hijo se dormía plácidamente en mis brazos durante las siestas, pero luego era imposible dejarlo en su cuna. Lo mismo ocurría en las noches, pasaba gran parte del tiempo pegado al pecho; ahora, no obstante, succiona un rato y luego aparta su cuerpo del mío, para dormir más cómodo. Eso sí, todavía me tengo que quedar su lado; aunque no requiere la succión, necesita mi presencia, necesita saber que tiene un escudo que lo protegerá de la oscuridad, de las pesadillas, de un mundo que para él aún está lleno de amenazas.

Comparte en redes:

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.