Desde las entrañas

Ovarios poliquísticos: un ballet fallido de hormonas

Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 4 y el 8 por ciento de las mujeres a nivel mundial lidian con esta enfermedad que causa menstruaciones irregulares, crecimiento anormal del vello, acné e infertilidad.

Ilustración: Lina Gil.

Me llegó la menstruación más tarde que al resto de mis amigas del colegio. Comenzaba a sentirme acomplejada porque todas hablaban del tema: la marca de toallas que utilizaban, los cólicos, las pastillas que les funcionaban para aliviarlos. Incluso comenzaban a considerar la posibilidad de usar tampones, algo que no era tan común como ahora. Yo solo esperaba el día en el que iba a contarles que ya era una de ellas; que, por fin, me había desarrollado. Pero cuando pasó, no pude ir al colegio. El sangrado fue tan abundante y los dolores tan fuertes que falté a clase toda la semana. Llegué el lunes siguiente con una excusa médica que decía ‘Incapacidad por disminorrea’ (menstruación dolorosa). 

Así fueron mis menstruaciones por los siguientes dos años, con una característica más: eran completamente irregulares. Después de la primera, pasaron tres meses antes de que me volviera a llegar, luego dos meses, uno, cuatro… Se convirtió en un evento imposible de predecir, lo que me obligaba a estar equipada con toallas y protectores todo el tiempo porque nunca sabía cuándo me iba a sorprender. La creencia popular era que con el tiempo se iba a regular, así que era cuestión de esperar. 

La primera en tener sospechas fue mi mamá. Ella había pasado por algo similar en su adolescencia y me llevó al ginecólogo. Me hicieron una ecografía y, en cuanto mis ovarios aparecieron en la pantalla –con la forma de un racimo de moras–, el diagnóstico fue claro: tenía síndrome de ovarios poliquísticos.  

 

Una carrera sin ganador

Me sorprendió enterarme de que las mujeres nacemos con una cantidad determinada de óvulos. A lo largo de nuestra vida no producimos ningún óvulo nuevo, al contrario, esta cifra se reduce con el paso del tiempo. Por eso, cuando llega la menopausia, la regla se detiene: es la señal de que la reserva se ha acabado. 

La cifra entre una mujer y otra puede variar, pero se estima que llegamos al mundo con unos 400 mil óvulos inmaduros, que se almacenan dentro de pequeñas bolsas de líquido llamadas folículos, una especie de traje protector. 

Cada mes, un puñado de estos óvulos comienza la carrera por la maduración, pero solo uno logra desarrollarse por completo y se libera de su folículo para viajar a través de las trompas de falopio, en busca de la fecundación. Si no hay en el camino un espermatozoide que lo fecunde, llegará la menstruación. 

Este proceso se da gracias a un ballet de hormonas, perfectamente sincronizadas, que se producen en la hipófisis (una glándula en la base del cráneo) y en los ovarios (estrógenos y progesterona), y que mandan las indicaciones necesarias para que la ovulación funcione, cada 28 días, como un relojito. 

Las mujeres con ovarios poliquísticos tienen un desequilibrio hormonal que altera este proceso. En ellas,  aunque varios óvulos comienzan la carrera, ninguno logra llegar a la meta, que es salir del folículo y emprender el camino a la fecundación. 

Sin ovulación, la menstruación no llega, por eso, una de las primeras alertas de la enfermedad son los periodos irregulares. En condiciones normales, esos folículos que no llegaron a madurar se van disolviendo con el tiempo, pero en la mujer con ovario poliquístico se acumulan en el ovario y se convierten en pequeños quistes. 

 

Síndrome de las mujeres barbudas

Es importante saber que tener ovarios poliquísticos no es lo mismo que tener síndrome de ovarios poliquísticos (SOP). El primero es una característica del segundo, pero el SOP encierra también otro tipo de síntomas. 

“En los libros de medicina clásicos hay referencias a las ‘mujeres con barba’, que eran exhibidas en los circos del siglo XIX. Estas mujeres llamaban la atención por sus características masculinas: tenían barba, bigote, sobrepeso, manchas en la piel y senos planos; además, no menstruaban. Ellas eran usadas como centro de atracción cuando en realidad eran mujeres que muy posiblemente sufrían de síndrome de ovario poliquístico”, me cuenta Lina Rubiano, médica especialista en acupuntura y medicina china.

Los ovarios tienen la facultad de fabricar, a partir del colesterol, hormonas femeninas y en menor cantidad, hormonas masculinas. Sin embargo, con el SOP se da una alteración de estos niveles. “Los ovarios comienzan a producir más hormona masculina de la que deberían y eso lleva a que se presenten fenómenos de androgenismo. Esto provoca que las mujeres adquieran algunas características masculinas, como crecimiento anormal del vello (hirsutismo), acné, sobrepeso, manchas en la piel, acumulación de grasa en el perímetro abdominal e infertilidad”, explica Fernando Monsalve, ginecólogo y obstetra, y jefe del departamento de Ginecología de Sanitas.  

 

Resistencia a la insulina

A pesar de que el SOP afecta entre el 4 y el 8% de las mujeres a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud, no hay un consenso sobre el origen del síndrome de ovario poliquístico. Algunos estudios han arrojado la incidencia del componente genético: si la madre lo padeció, el riesgo de que la hija también lo haga es mucho mayor. También se ha relacionado con la resistencia a la insulina, condición que nos arroja un dato importantísimo: casi la mitad las mujeres con esta anomalía desarrollan diabetes tipo 2 y prediabetes antes de los 40 años. 

Cuando se habla de resistencia a la insulina (frecuente en mujeres con sobrepeso) se   hace referencia a que los niveles de esta hormona son insuficientes para la cantidad de grasa disponible en el cuerpo, por lo que el páncreas se ve en la obligación de segregar mayor cantidad para mantener el azúcar normal en la sangre. El exceso de producción afecta órganos como los ovarios, donde al combinarse con otras hormonas aumenta la producción de testosterona, que puede detener la ovulación. 

 

¿Planear la maternidad?

Cuando fui diagnosticada con síndrome de ovario poliquístico, a los 16 años, el ginecólogo me explicó que esta enfermedad era un desorden hormonal que dificultaba mi proceso de ovulación y que el tratamiento consistía en regular mi ciclo menstrual. Así que me mandó Yaxibelle, los anticonceptivos que he tomado desde entonces. 

En esa época de mi vida la posibilidad de tener hijos no estaba nada cerca. Los anticonceptivos fueron la mejor opción, porque me permitían planificar y controlar los síntomas de mi enfermedad. Hoy, a mis 27, otro ginecólogo me hace la misma pregunta:
—Diana, ¿tú estás interesada en tener hijos?

—Hasta ahora no he considerado la idea –le respondo. Él calla por un par de segundos y me sale con las siguientes cifras:

—Te lo pregunto porque la tasa de fertilidad de las mujeres en condiciones reproductivas normales, que han intentado quedar embarazadas durante un año, son las siguientes: por debajo de los 35 años, es del 67%; entre los 35 y los 40 años, cae drásticamente al 27%, y de los 40 en adelante, es tan solo de un 12%. Es decir que, entre más esperes, la calidad de tus óvulos se irá degradando y probablemente no sea tan fácil que puedas quedar embarazada. A esto se suma que el síndrome puede implicar un fenómeno de infertilidad de un 30 o 40 por ciento. 

Es por eso que un tratamiento del SOP depende de los planes de la mujer con respecto a la maternidad. Si definitivamente quiere tener hijos, podría empezar por tomar medicamentos que estimulen la ovulación. Después de un año de intentar, debería recurrir a un centro de fertilidad. 

Cuando un embarazo aún no está planeado, entre los tratamientos más comunes están el uso de anticonceptivos orales, los medicamentos utilizados en la fase temprana de la diabetes y las terapias basadas en una dieta y un estilo de vida saludables. 

 

Un cambio en el estilo de vida

Existe un concepto consignado en el Consenso de Ovarios Poliquísticos del 2014, que me refirió el doctor Monsalve: “La piedra angular en el manejo del ovario poliquístico se basa en los cambios en el estilo de vida, la dieta y el ejercicio en las pacientes, particularmente aquellas que puedan tener obesidad, de fenotipo abdominal”. Aunque esta advertencia está dirigida a mujeres con sobrepeso, Monsalve cree que aplica para todas las mujeres con la enfermedad. 

“La actividad física es clave a la hora de mejorar la resistencia a la insulina, ya que ayuda a mantener el peso correcto, regula los niveles de colesterol y las concentraciones hormonales”, asegura Karin Franco, especialista en ginecología y obstetricia.

Adicionalmente, una dieta adecuada, que lleve a una pérdida de peso que oscile entre el 5 y el 10% en un periodo de 6 meses, permite restablecer la función ovárica hasta en un 50% de las pacientes con sobrepeso, de acuerdo con un estudio publicado por Rafael Silva en la Resvista Médica Clínica Las Condes.

Esta teoría se encuentra con medicinas alternativas como la china, que pone como centro de cualquier proceso de curación los buenos hábitos. “A veces es más fácil aceptar el medicamento del doctor y desentendernos de nuestro autocuidado”, advierte Rubiano.
 

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Diana Franco Ortega/ @dianafortega

Maternidad y Bienestar

Ovarios poliquísticos: un ballet fallido de hormonas

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