¿Qué es un vampiro blanco?

Es un hombre que tienen una fantasía sexual relacionada con la leche materna. Suelen atacar por redes sociales.

¿Qué es un vampiro blanco?
Estos hombres suelen hacerse pasar por profesionales de la salud, estudiantes de enfermería o nutricionistas.Getty.

Compartes una foto con tu bebé en Facebook y empiezas a recibir likes. Todas tus amigas te llenan de corazoncitos. Tu mamá escribe un mensaje que dice “¡Qué belleza de foto!”. Y tus tías se suman con un: “¡Está divino!”. Luego, por privado, aparece un desconocido. Te explica que es un estudiante de enfermería y que le gustaría hacerte unas preguntas sobre el proceso de lactancia. Tú, dichosa en esta etapa de tu vida, accedes a contestarlas. Las primeras son fáciles, pero la cosa se vuelve incómoda cuando te pregunta “¿Cómo son tus pezones?”.

Si pasas por una situación como esta, ¡ten cuidado! Ese desconocido puede ser un vampiro blanco, un hombre que tienen la fantasía sexual de tomar leche directamente de los pechos de una mujer. Este fetiche se conoce como lactofilia y, como cualquier otra parafilia, cuando se da en una pareja establecida y que tiene una buena comunicación no debería ser preocupante. Pero cuando los hombres son extraños, empiezan a perseguir madres a través de redes sociales y a ofrecerles dinero para hacer realidad sus fantasías, el asunto toma otro matiz.   

¿Cómo detectarlos?

Estos hombres suelen hacerse pasar por profesionales de la salud, estudiantes de enfermería, nutricionistas o incluso padres o madres, que sienten que algo no funciona bien en la lactancia de sus hijos. Según la página LactApp, especializada en lactancia materna, cuando los vampiros blancos contactan a las madres, empiezan con preguntas sencillas: ¿qué edad tiene el bebé? ¿Te gusta darle el pecho? ¿Qué sientes? Y luego pasan a preguntas más personales y subidas de tono: ¿cómo son tus pezones? ¿Te excita que los chupe el bebé? ¿Has pensado en que hay hombres a los que les gusta chupar también?

Cuando esto ocurre hay que hacer el miedo a un lado. Hay una pantalla y un enorme mundo virtual entre la madre y el lactofílico. Pero vale la pena tomar medidas.

1. Si estás segura de que no es un hombre con buenas intenciones, haz un pantallazo del perfil y difunde la información entre los grupos de lactancia y maternidad que conozcas. Incluso, si no te molesta hacerlo, vale la pena compartir sus datos entre otros grupos que sigas, así tu experiencia servirá para ayudar a más mujeres, antes de que se sientan acosadas y vulneradas.

2. Está la opción de denunciarlos en redes sociales, pero ten en cuenta que, una vez bloqueen su perfil, seguramente abrirán uno nuevo.

3. Trata de hacerle seguimiento. Revisa quiénes son sus amigos y a qué grupos pertenece. En ocasiones roban las fotos en las que estás amamantando y las comparten en espacios virtuales en los que se reúnen otros lactofílicos. Si encuentras una foto tuya y de tu bebé, no solo deberías denunciar en redes, usar esa foto sin tu aprobación es un delito.

4.  Vale la pena configurar tus perfiles en redes para que sean menos públicos. Limita quién puede ver tus publicaciones, especialmente aquellas en las que aparece tu bebé.

5. No mandes fotos de tu lactancia a nadie que no conozcas. Y antes de enviar una imagen de este tipo a un conocido, verifica su identidad.

6. No aceptes en redes a personas que no conozcas, aunque tengan amistades en común.

La otra cara de la moneda

El año pasado, el diario Independent publicó la historia de Rafaela Lamprou una madre que ha reunido miles de libras por vender parte de la leche de su hijo. Poco después del parto, Lamprou se dio cuenta que producía leche en exceso. Su congelador se llenó rápidamente, así que decidió hacer donaciones.

Eventualmente, ciertos hombres empezaron a aproximarse. Los más interesados eran los fisicoculturistas: decían que la leche materna era maravillosa para fortalecer la masa muscular. Luego la buscaron personas con fetiches.

Al darse cuenta de las posibilidades del mercado, Lamprou decidió vender los dos litros de leche que producía al día. Cobraba un euro por cada onza. En el momento en el que el texto fue publicado, ya había vendido alrededor de 500 litros de leche materna a extraños.

 

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Redacción Cromos

Maternidad y Bienestar

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