No más estigmas

¿Qué hacer cuando los hijos varones piden de regalo muñecas y ollas?

La pregunta surge porque un tío se enojaba con su hijo que le pedía juguetes que a su consideración son exclusivos para niñas. ¿Mi tío estaba equivocado? Consultamos a mamás, papás y psicólogas para dar con varias conclusiones.

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Carolina Vegas, periodista y escritora del libro Un amor líquido.

“¿Qué debemos hacer? Pues comprárselas, yo no veo problema en que los niños tengan juguetes diversos. De manera criminal, a partir de los juguetes se han encasillado los estereotipos de género. Uno entra a cualquier tienda donde vendan juguetes y tienen delimitada la sección rosada, que se supone es para niñas, y la azul que se supone que es para niños.

Los juguetes no están hechos para un género o para otro. Son para jugar, en el juego es donde aprendemos a ser los ciudadanos que somos y los habremos de convertimos. Separar los géneros de esa manera tan violenta crea una cantidad de ideas erradas sobre lo masculino y lo femenino. Lo femenino y lo masculino no son una sola cosa, los géneros son espectros donde están los colores que encuentras en el arcoíris.

Dividir a los niños en dos es perpetuar binomios que le hacen daño a la sociedad. Plantean la idea de que las mujeres tenemos unas tareas específicas y los hombres otras. Que los niños jueguen con ollas y muñecas es sano, los ayuda a entender el arte del cuidado; el manejo del hogar es una cosa que los concierne a ellos el día de mañana cuando vayan a ser parejas de alguien más.

Si un niño quiere que un juego de ollas o muñecas, los padres deben bajar la guardia, dejar los estereotipos infundados y comprárselas.  Tenemos que aprender a usar todo. Los juguetes deben ser más diversos y universales. Si una niña quiere un carro o un dinosaurio, deben comprárselo también. Eso no la define, los padres y madres están para permitir que tanto el niño y la niña definan su identidad más allá de lo que se espera de lo femenino y lo masculino que nos han metido en la cabeza”.

Juan Sebastián Sánchez, licenciado en literatura, papá de Daniel.

"Es necesario dejar de juzgar ese tipo de deseo como algo atípico. Un niño no sabe que vive en una sociedad que pretende imponerle un rol basado en su sexo. Está bien que explore los juegos que su creatividad le pide, porque de ninguna otra forma se puede conocer a sí mismo.

A los papás que no están de acuerdo darles muñecas y ollas, les aconsejo que no sexualicen el comportamiento de sus hijos: el juego es el juego y no debe estar conectándose con miedos personales. no hay relación entre jugar con unos objetos y las preferencias del niño en el futuro. Está mal transmitirles miedos y represiones sexuales a los hijos. Es necesario quitarse ese miedo".

Carolina Barreto, sicóloga.

“El juego es la manera simbólica en que los niños entienden e interpretan el mundo, por eso hay que facilitarlo y promoverlo.  Lo más saludable es sentarse a jugar con ellos, tener la curiosidad de padre y madre sobre qué es lo que está llamando la atención en ese juego, en ese rol, en esa imitación, no porque haya algo negativo, sino porque a través de la interacción y la curiosidad que la madre y el padre tengan van a poder entender qué está pasando en el mundo interior de los niños que están empezando a construir un concepto de la realidad”.

Natalia Roldán, periodista, futura mamá de Lucas.

“Me parece una pregunta muy importante, porque dice mucho sobre lo que somos como sociedad y sobre la manera en que los estereotipos nos han lavado el cerebro para pensar que el orden de las cosas es uno y no el otro. En nuestra cabeza, lo lógico es que sean las niñas las que juegan con muñecos y ollas y escobas porque la mujer solía ser quien cuidaba los hijos, hacía la comida y ordenaba la casa. Pero quisiera pensar que esa no será la sociedad en la que va a vivir mi hijo y, en ese sentido, ¿qué tiene de malo que juegue con muñecas, que las consienta, que se preocupe por darles de comer y de arrullarlas? Esa posibilidad me hace pensar en que, tal vez, cuando él tenga un hijo, será consciente de que el papel del cuidado y la crianza no recae principalmente en la mujer sino que es una tarea conjunta. Qué tiene de malo que pida ollas si, muy seguramente, verá con más frecuencia a su papá en la cocina, preparándonos platos deliciosos que su mamá, carente de talento y sazón, nunca cocinará.

¿Qué tiene de malo que le guste barrer y recoger? Ojalá piense para siempre que es un juego para que tenga un hogar agradable y limpio. Claro, muy seguramente nos sentiremos más tentados a regalarle superhéroes y carritos, porque eso de tener lavado el cerebro es difícil de manejar, pero si es él quien nos pide barbies, no veo ningún problema en regalárselas. Incluso si lo que le interesa es vestirlas y maquillarlas; si eso es lo que él quiere, si es con eso con lo que se identifica, lo importante es acompañarlo para que sea feliz”.

Natalia Izquierdo, sicóloga.

“El juego es la herramienta de desarrollo principal del niño.  Dentro de él está la posibilidad de dramatizar roles. Es común encontrar en varones que soliciten juegos de niña para dramatizar ese rol. Esto no debe generar inquietud ni preocupación por la preferencia sexual del niño, simplemente podemos utilizar este juego como una oportunidad para que el niño aprenda diferentes maneras de relacionamiento con el mundo. Podemos generar espacios de participación en la familia donde el niño puede saber que puede involucrarse en varias actividades. Es bueno insistir que esto no tiene nada que ver con la preferencia sexual a futuro.

En el caso de juegos con muñecas, este puede ser un buen ejercicio para enseñar a los niños que el hombre contemporáneo se involucra más en las labores de crianza. Entonces, cuando el niño varón juega con muñecas, simula lo que va a proyectar en el tiempo cuando sea papá. Puede servir para que haga un modelado de sus funciones posteriores como papá, ayudando en las labores cotidianas.

De igual modo, el juego de las ollas sirve para aprender sobre el involucramiento con actividades cotidianas de casa, que no son solo para mujeres. Es valioso que el niño no reciba comentarios negativos sobre el rol, pues esta es una oportunidad de explicar cómo en la familia se trabaja de diferentes maneras independiente de nuestra identidad masculina o femenina”.