¿Qué hago si mi bebé no come?

Siempre hemos visto a los padres jugar al avioncito para que los niños abran la boca. Tenemos que dejar de obligarlos a que coman e invitarlos, más bien, a que conozcan los alimentos con sus propias manos y a su propio ritmo.

Qué hago si mi bebé no come
Después de los seis meses el bebé no necesita la comida si complementamos esa alimentación con leche materna o de fórmula.Pixabay

De acuerdo con el pediatra español Carlos González –autor de varios libros sobre crianza–, los padres entendemos equivocadamente la alimentación infantil. “La gente cree que la teta y el biberón hasta cierta edad están bien y que después el bebé necesita algo mejor, así que pasamos a las verduras, las frutas, los cereales –explica en la charla TodoPapas Loves Madrid–. Y es justo al revés. El que necesita una alimentación perfecta es el recién nacido, porque está creciendo muy rápido. En seis meses crece el doble, su cerebro se desarolla, aprende a moverse, a hablar… Por eso solo se les puede dar teta o una leche de fórmula muy bien preparada en un laboratorio. A esa edad no le puedes dar una mezcla equilibrida de cereales, frutas, verduras o pollo, porque lo matas. A partir de los seis meses tolera una alimentación peor”.

Al leer estas palabras, muchos padres se pueden identificar con esa idea errónea de la alimentación. Me ocurrió a mí: “Ya está más grande y seguro necesita más alimento”, pensé cuando el pediatra nos explicó que podíamos introducir comida en la dieta del bebé. Y como uno tiene esa idea, espera que el niño empiece a devorar banano, brócoli, huevo… Pero con mucha frecuencia eso no ocurre y entonces empezamos a vivir con angustia, a preguntarnos si algo le ocurre, a medir cuántos bocados recibe en el día y, lo peor, a obligarlo a comer. 

González invita a que apaguemos las alarmas y entendamos que después de los seis meses el bebé no necesita la comida si complementamos esa alimentación con leche materna o de fórmula. “La leche materna, con el tiempo, tiene más calorías. Incluso, supera a los alimentos que pensamos que son muy alimenticios: 100 ml de leche materna tienen como mínimo 74 calorías y, después de los 12 meses del niño, llegan a ser hasta 90; una manzana tiene 52 y una papilla de verduras con carne 50”.

Según el pediatra español, introducimos los alimentos a los seis meses del bebé para que empiece a familiarizarse con ellos, no para mantenerlo en el peso y la estatura ideales, para eso está la leche. Por eso no debemos preocuparnos si no come suficiente carne o si nos deja la papilla servida. La alimentación complementaria consiste en preparar al niño para el momento en que dejará la lactancia.

En ese sentido, el ideal es darle la mayor autonomía posible a la hora de ponerlo frente a los alimentos y hacerlo antes del año, cuando su curiosidad lo lleva a probar todo y a rechazar poco. Con autonomía nos referimos a dejar de jugar al avioncito con la cuchara para tratar de persudirlo para que abra la boca. Lo que se busca es que sea él mismo quien coge la cuchara, quien introduce los alimentos a la boca, quien experimenta y conoce el mundo.

“Al año, la mayoría de niños rechazan alimentos que se comían perfectamente antes –añade González–.  Suelen rechazar las cosas pobres en calorías, como la verdura (entre 15 y 20 calorías) y la fruta (entre 40 y 50 calorías, pero sin grasa y proteínas). Reciben tal vez banano, porque tiene 90 calorías, y todo lo que engorda: arroz, papa, macarrones… Los niños tienen el estómago muy pequeño, si lo llenas con verduras, no les cabrá la comida que en realidad los satisface”.

Así que podemos dejar de preocuparnos si no come habichuelas o pescado. Es lo normal. Lo importante es complementar esa alimentación con la teta o el biberón. Y seguir invitando al niño a que conozca el mundo de los alimentos, a que su paladar se vaya acostumbrando a todo tipo de sabores, a que defina los que más le gustan y los que prefiere evitar.

En ese proceso es clave dejar de pensar “Se va a ensuciar todo con esa pasta si no se la doy yo”. Eventualmente aprenderá a hacerlo y, entre más pronto se lo enseñemos, más pronto entenderá. Si nos preocupa mucho que llene la ropa de tomate o remolacha, podemos dejarlo en pañal durante las comidas. Y lo que es más importante y más difícil: tenemos que hacer a un lado el miedo a que se atragante. “Es normal que se atragante –explica González–. Como es normal que se caiga cuando empieza a caminar. Atragantarse no tiene nada de malo, lo malo es ahogarse. Atragantarse es que se te quede la comida enganchada en la garganta… Se te queda a medio camino y entonces la devuelves o te la pasas. El problema es cuando entra en las vías respiratorias. Y eso ocurre principalmente con maní, otros frutos secos, la pepa de las aceitunas… Y se debe a que tienen forma circular y son duros. Por eso no deberíamos darle maní a un niño al menos hasta los tres años”.

González hace énfasis en la importancia de darles a los niños, desde los seis mess, comida normal (en trozos, no en puré) y de la forma normal (que él coja la cuchara, el vaso, la comida). De esta manera no odiará la cuchara o lo que le ofrecemos, ya que será él quien decide sobre su alimentación, en lugar de sentir que es alguien quien lo obliga. Poco a poco será él quien nos pide comida.

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Natalia Roldán Rueda

Maternidad y Bienestar

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