
Estos 1000 días se consideran una oportunidad que no se repite y de ahí la importancia de una adecuada alimentación en este período crítico. Cuando el bebé nace, el mejor regalo que su madre puede darle es alimentarlo con leche materna, que contiene proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y cubre las necesidades de agua que requiere el bebé.
Dentro de los nutrientes esenciales para el niño, la proteína se considera un componente fundamental para el organismo, porque hace parte de casi el 50% del peso seco del cuerpo humano y porque la velocidad de crecimiento del niño está vinculada, en parte, a la proteína que el bebé recibe.
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Las proteínas están distribuidas en todo el organismo, se utilizan para formar células, renovarlas, reparar tejidos, para el crecimiento y para dar estructura a órganos importantes, como el cerebro. También, existen proteínas en el organismo con diferentes funciones (proteínas funcionales), por ejemplo, las que transportan el oxígeno en el cuerpo, las enzimas que digieren los alimentos, los anticuerpos que defienden de las infecciones, las hormonas que, como la insulina, ayudan a utilizar los azúcares que se consumen, los neurotransmisores que están involucrados en las funciones del cerebro como los estados de sueño-vigilia, en los estados de ánimo y en la regulación del apetito.
La leche materna es el mejor alimento para el bebé, porque aporta los nutrientes necesarios para desarrollar el intestino, el cerebro, el sistema endocrino (hormonas), el sistema inmune (defensas), así como el desarrollo de otros sistemas.
Los nuevos descubrimientos de la leche materna se relacionan con la cantidad y la excelente calidad de proteínas que le provee a tu bebé.
La leche materna, en los primeros dos meses de edad del niño, contiene mayor cantidad de proteína. A medida que el niño va creciendo, se va reduciendo la cantidad de esta proteína, que se estabiliza entre el segundo y el tercer meses de vida del niño. En general, la cantidad de proteína que aporta la leche materna es de alrededor de 1,8 gramos por 100 kilocalorías. Esta cantidad de proteína es la justa, sin excesos, para que el niño tenga su crecimiento óptimo y para el desarrollo de su sistema de defensas y cerebro.
La razón de esta disminución de proteínas es para que no tenga un exceso de proteínas en su organismo que empiecen a alterar el metabolismo. Cuando hay excesos de proteína, la no utilizada por el organismo del bebé tiene que ser metabolizada por el hígado y, luego, ser eliminada por los riñones. Ambos órganos, el hígado y los riñones, son inmaduros en el bebé y esta recarga de trabajo les ocasiona estrés metabólico.
Además, la calidad de la proteína de la leche materna es única, tiene una excelente distribución de sus aminoácidos (las unidades que conforman las proteínas), con niveles menores de algunos aminoácidos, que estimulan la hormona insulina. Dentro de las funciones de la insulina, está la acumulación de grasa en el organismo. Por tanto, con una proteína de excelente calidad en los primeros años de vida, también se programa para que el niño tenga menos acumulación de grasa, un crecimiento óptimo y reduzca el riesgo de sobrepeso y obesidad.
El cuidado del metabolismo desde los primeros días de vida para que el bebé goce de excelente salud infantil (funcionen adecuadamente su digestión, sus hormonas, sus defensas y mantenga un peso saludable) y que continúe este bienestar de su metabolismo en la vida adulta es lo que actualmente se llama “programación metabólica”.
Los últimos avances científicos han demostrado que los niños amamantados tienen un crecimiento óptimo, un adecuado desarrollo del cerebro y menor probabilidad de sufrir infecciones y diarreas cuando están en la etapa infantil y, además, menor posibilidad de sufrir sobrepeso-obesidad y enfermedades asociadas, como diabetes, hipertensión y problemas cardíacos cuando sean adultos.
Foto: Istock.