«Aquí la gente no vive para vestirse bien» Kika Rocha

Por segundo año consecutivo, esta bogotana experta en moda se le midió a evaluar a los mejor y peor vestidos del país.
«Aquí la gente no vive para vestirse bien» Kika Rocha

Detalló más de 300 fotografías y, con su política de nunca «criticar por criticar», encontró que en Colombia la mayoría de las personas se visten porque les toca y no porque les guste. Radiografía de estilo.

 

Para Kika hay una verdad muy sencilla: «Así como hay que aprender a saber comer y a saber beber, hay que aprender a saber vestirse». Lograrlo implica partir de dos puntos claves: conocerse a sí mismo y atreverse a probar. Suena un poco intimidante, pero lo bueno es que es un proceso que nadie tiene que afrontar solo. Para la muestra, esta edición especial.

En la moda, como en muchas otras cosas, se necesitan líderes que impulsen a los demás a arriesgarse. A salirse de su pequeña zona de confort y dejarse contagiar por las diferentes propuestas que todos los días surgen alrededor. Lo peor que puede pasarle a una persona es estancarse, limitarse a ser una fotocopia andante y lucir lo mismo todos los días. 

En esa medida, lo peor que le puede pasar a un crítico de moda es encontrarse precisamente con dicha escena. «Al principio, cuando vi las fotos, sentí que podía hacer 300 páginas de limbo. Las miraba y no me decían nada».  Pero como la tarea era, al igual que el año pasado, clasificar ese material entre cielo, infierno y limbo, se sentó de nuevo con el propósito de categorizar. «Fueron muchas fotos que comprobaron que, en general, en Colombia la gente no vive para vestirse. Lo hacen porque les toca, pero no le ponen ilusión al tema».

Grave error. El glamour, a diferencia de lo que muchos piensan, sí se puede aprender. La moda es un proceso educativo de la persona con ella misma. Primer punto clave mencionado al principio.  Que se mire al espejo y diga «sí, tienen razón, este corte de pelo no me favorece», o «yo tengo las caderas muy anchas, mejor me pongo faldas en forma de trapecio», por decir un ejemplo.

Kika lo explica de manera sencilla: «Si uno empieza a conocer su cuerpo, a saber qué es lo que puede destacar y lo que tiene que ocultar, le encuentra sentido a este cuento, aprende el juego y le va bien». Aunque cada día hay más libertad, más tendencias, más propuestas distintas, lo que importa no es estar a la última moda, sino aprender a sacar mano de lo que está vigente y lo que le funciona a cada persona en particular. 

Y es aquí cuando el segundo punto clave  aparece: atreverse a probar. «Yo siento que la gente no le ha encontrado emoción a vestirse bien». Los que ubicó en el cielo y en el infierno fue porque, para bien o para mal, le transmitieron un mensaje. Mostraron locura, irreverencia o estilo. Lo bueno de la gente que se viste bien es que se vuelven íconos que inspiran. Ojalá que esas personas que sí se pudieron destacar en Colombia sirvan de inspiración para otros. «Que yo no me quede corta a la hora de escoger los mejores ni los peores porque, en verdad, decía, “¿qué más cosas saco?”, y dejarlos en el limbo eterno me pareció fatal».

Lo que sí emocionó a Kika fue encontrarse con tres personajes que, con su increíble transformación, le demostraron que la gente, si se lo propone, puede cambiar. Por ellas y para ellas, creó la categoría de mejores cambios, a manera de reconocimiento por haber hecho la tarea. «Un ejemplo de que mis comentarios no son por bromear ni para burlarme de las personas. Al criticar de manera productiva, la gente es receptiva». 

Igual sigue siendo una responsabilidad hacer una radiografía de la moda en Colombia. Siempre trata de hacerlo por el lado positivo. «No quiero quedar como una crítica ácida y antipática porque no lo soy, esa no es ni mi personalidad ni mi esencia, pero desde afuera sí puede uno opinar y dar un diagnóstico de lo que está pasando en Colombia». 

Y la conclusión fue clara: hay mucha moda que se está creando en el país, hay nuevos diseñadores con mucho talento, pero la gente tiene que montarse en esa ola y dejarse tentar. «De lo contrario, es imposible no preguntarse: ¿para quién son dichas propuestas?». Por esta razón, se aseguró que cada comentario fuera un aporte, nunca criticar por criticar.  

 

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