¿Por qué cielo, infierno y limbo?

Kika Rocha es la experta invitada a esta edición Especial de Mejor y Peor vestidos, y nos explica por qué cielo, infierno y limbo. Preste atención.
¿Por qué cielo, infierno y limbo?

En el cielo

Cuando imperan la seguridad, la clase y el estilo propio, es fácil hacerse notar. No demoran en llegar los elogios. El cielo de la moda se alcanza con autenticidad y sencillez. El equilibrio se logra al integrar con armonía el vestuario, los accesorios y el maquillaje de manera orgánica para que parezca natural y espontáneo, aunque requiera de mucha planeación. Vivir las tendencias sin perder la personalidad demuestra dominio y gusto, cualidades que saltan a la vista en este grupo de seleccionados que saben muy bien vender su imagen y se llevan todos los aplausos.

Claves del éxito

Quienes triunfan con su estilo en materia de vestuario seguramente aplican una o varias de estas consignas. Más que reglas, son pautas de sentido común.

1. Conocer nuestra silueta: Para lograr armonía al vestir y resaltar nuestros atributos, debemos conocernos y aceptarnos como somos. Hay toda clase de trucos para lucir más altos, delgados o, incluso, voluptuosos, según lo deseado y lo que convenga a nuestro cuerpo, pero estos solo pueden aplicarse cuando tenemos claro cómo somos.

2. Convertir el espejo en nuestro mejor consejero:Hasta los mejores amigos o estilistas a veces mienten por cariño o conveniencia. Nunca debemos dudar de esa vocecita interna que nos habla a la hora de vestirnos. Después de todo, somos nosotros quienes lo llevaremos puesto.

3. Tener un buen sastre siempre a la mano:La ropa bien entallada muestra interés por nuestra presentación, además nos hace lucir más esbeltos y elegantes. Otra aliada imprescindible es una buena tintorería para mantener la ropa en prefecto estado.

4. Aprender a jugar con el color:Lo importante es aprender a determinar cuáles funcionan para cada tipo de piel y tono de cabello. Hay pocos tonos recomendados para todas la pieles: rojo, azul real, marfil, púrpura y, actualmente, el verde esmeralda, tono de la temporada.

5. Invertir en accesorios de calidad:Me refiero a calzado, bolsos y joyas que completan el atuendo con estilo e impacto. Son, además, en lo primero que se fijan quienes nos están observando por la manera de vestir. Lentes oscuros en una alfombra roja durante el día ¡JAMÁS!

6. Encontrar un balance ideal entre estilo y comodidad: Las mujeres que triunfan en moda tienen actitud y seguridad para llevar la ropa y se muestran a gusto con ella. Cuando sucede lo contrario, y el vestido consume a la mujer o los zapatos son imposibles para caminar, todo se nota y se pierde la batalla.

7. Disfrutar el proceso de vestirse y arreglarse:  El empeño se nota, se aprecia e invita a seguir el ejemplo. Nada más cierto en materia de moda que el lema: “La forma más sincera de adulación es la imitación”.

En el infierno

Los condenados a padecer las penurias de un estilo fallido, aunque sea de manera temporal, siempre tienen la esperanza de redimir sus pecadillos. Es posible reinventarse con un poco de esfuerzo cuando realmente existe la intención de mejorar. Es posible cambiar cuando se está abierto a recibir asesoría y no simplemente críticas que no aporten parámetros para lograrlo. Se puede mejorar el estilo sin renunciar a la esencia. Estas páginas demuestran que soñar no cuesta nada, que hay que divertirse al vestirse y que en materia de moda, como diría la canción de Montaner, “la gloria se puede alcanzar”.

Siete pecados capitales de la moda

Muchos caen en el infierno del estilo por olvidar estas simples reglas de sentido común a la hora de vestir.

1. No usar la talla adecuada:La ropa demasiado apretada no nos hace lucir más delgados. Por el contrario, es más exigente con la silueta. La ropa ancha o grande parece prestada, proyecta descuido o falta de tiempo para acudir a un sastre que la entalle a la silueta.

2. Combinar exageradamente estampados y colores brillantes: Los tonos neutros como el blanco, negro o beige son ideales para resaltar una prenda estampada y crear un balance elegante. El exceso es un atentado visual para quienes tienen la desdicha de encontrarse con un payaso fuera del circo.

3. Usar escotes y aberturas exageradas:Existe una línea muy fina entre la sensualidad y la vulgaridad. Menos es siempre más. Hay que dejar campo abierto para la imaginación.

4. Complementar el vestuario con maquillaje recargado y exceso de extensiones: La idea es resaltar nuestros mejores rasgos y no convertirnos en otra persona. Las extensiones demasiado largas son obvias y poco glamorosas. ¡Ni siquiera las princesas de Disney las llevan tan largas!

5. Usar sandalias o tacones de punta abierta con medias veladas:Falta de elegancia total, más cuando son oscuras y los zapatos claros.

6. Accesorios recargados y exceso de brillo: Las joyas, por más valiosas que sean, deben resaltar el vestuario con discreción para poder apreciar el diseño de ambos. Es preferible brillar con una bella sonrisa y mucho talento.

7. Ser víctima de la modaEsta regla no la predico solamente yo, es el lema estrella de mi colega Nina García. No todas las tendencias nos quedan bien, ya sea por nuestro tipo de cuerpo, estatura o rasgos. Al conocernos tendremos asegurado el primer paso para el buen vestir.

 

En el limbo

Algunos porque van a la fija y lucen sencillos o porque, simplemente, encontraron la fórmula de sentirse a gusto sin que su estilo impacte ni ofenda. Otros porque navegan en aguas indecisas con matices variados: el exceso, la imitación o la indiferencia. La moda no les incomoda, pero tampoco los destaca o los condena. El espacio es breve para clasificarlos a todos. Les queda el consuelo, a quienes no se desviven por esto, que en esta ocasión pasan tranquilos, sin pena ni gloria.

En el limbo de la moda

“Nada peor que la ausencia de gusto”. Nunca olvido esta frase contundente de una de las editoras más célebres de  la historia y a quien admiro muchísimo: Diana Vreeland.

Coincido con ella en que a veces es preferible lucir exagerado que pasar desapercibido. Cuando se nota el esfuerzo, aunque falle el resultado, también tiene valor estético.

Nada más desalentador que la falta de ganas e imaginación. Quienes se visten a la carrera o por salir del paso, desaprovechan una de las cartas de presentación más importantes de su vida. Al fin y al cabo, todo entra por los ojos en esa primera impresión.

Cuando se pierden oportunidades laborales, cuando no se logra atraer a esa persona que nos interesa, siempre pensamos en qué es lo que falla y, en la mayoría se los casos, puede tener que ver nuestra apariencia.

Aunque la imagen no lo es todo, pues la personalidad es la reina indiscutible de cualquier ser humano, sí debemos reconocer que la manera como nos presentamos ante el mundo expresa autenticidad y carácter.

No importa equivocarse, lo que vale es intentarlo una y mil veces hasta lograr el éxito. Hay que seguir luchando para encontrar un estilo propio que revele verdaderamente quiénes somos. En el fondo la intención es lo que vale.