El aborto: más que una opción, un derecho

*Mónica Roa nos cuenta algunos detalles de lo que ha sido su lucha por la despenalización del aborto en Colombia.*
El aborto: más que una opción, un derecho

Por: Carolina Carvajal

 

«Es hora de caminar el trecho que va del dicho al hecho». Con esas palabras, Mónica Roa, abogada y líder feminista que desde hace algunos años lucha una batalla con el Estado colombiano por la despenalización del aborto, da inicio a un relato con detalles de lo que ha sido cursar esta batalla.

Su mensaje e invitación a los colombianos no es diferente a salir de la zona de confort y exigir el reconocimiento de sus derechos. «Hay que cerrar ese abismo que separa las promesas que nos hacen la constitución de nuestras vivencias cotidianas».

El liderazgo de esta emprendedora mujer inició en el seno de su hogar. Creció en una familia con inequidades de género evidentes, en la que la ausencia de su padre obligó a su madre a trabajar por dos y a sacrificar muchos ámbitos de su vida para mantener y educar a sus hijos.

Posteriormente, decidió empezar la luchar por el reconocimiento del derecho a una interrupción voluntaria del embarazo cuando descubrió que Colombia estaba en «la cola del mundo» y que todo el marco legal internacional de derechos humanos exige que se tomen las medidas necesarias para evitar las muertes de mujeres a causa de abortos inseguros. No obstante, y pese a moverse como pez en el agua en la materia, asegura que «fueron las historias de tantas mujeres que he conocido en estos años de trabajo las que han convertido mi trabajo en un compromiso vital».

 

Todo un parto

Para esta experta, la mayor problemática de género que actualmente se presenta en nuestra sociedad es el gran abismo que hay entre el discurso y la realidad. 

«Hoy en día, las leyes en el papel son muy respetuosas e incluyentes con los derechos de las mujeres. Sin embargo, todos los días conocemos casos de manoseos en el transporte público, acosos sexuales, salarios inferiores, «ruletas rusas» al intentar ejercer derechos sexuales y reproductivos; eso, sumado a la presión constante de ser en todo momento la mujer sexi, complaciente, inteligente, trabajadora y buena madre que todo lo puede».   Mónica asegura que debido a la falta de coherencia entre el discurso y la realidad, el  problema más grave que encaran las mujeres es que frente a cada exigencia, la respuesta se quede solo en el hablar, sin que pase jamás al hacer.

 

Entre la camándula y las leyes

Reza la Constitución que «toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva», Título II, artículo 19, Constitución Política de 1991. Por lo que la garantía de creer y profesar, y de que eso no afecte la posibilidad de disfrutar de otros derechos, como el del aborto, es fundamental.

«Las iglesias tienen derecho a la libertad de expresión y, por lo tanto, pueden ofrecer lineamientos de comportamiento moral a sus fieles y opinar sobre cualquier tema». Sin embargo, enfatiza en que el Estado debe ser respetuoso y no puede usar consideraciones religiosas de ninguna clase para tomar las decisiones de garantía de derechos y de política pública que afecten la vida de sus ciudadanas.

Otra de las falencias más grandes que presenta el país, según la experta, es la mala calidad en la educación sexual, pues «en la medida en que aprendamos a debatir estos temas de manera abierta e informada en los diferentes escenarios de nuestra cotidianidad, nuestra cultura irá cambiando».

Falta un centavo para el peso

A nivel político la reglamentación del aborto en Colombia ya existe, pero «ha faltado un compromiso político que haga caso omiso a las amenazas de la Procuraduría y le apueste sin miedo a la protección integral de los derechos sexuales y reproductivos».

Tales derechos incluyen: educación sexual de calidad, acceso a métodos anticonceptivos, garantía de embarazos y maternidad segura, y acceso sin obstáculos a la interrupción voluntaria del embarazo.

A nivel social es importante asumir un compromiso individual por informar adecuadamente. «Nos hace falta entender que la información es un poder de transformación social imparable», de lo contrario, el futuro será la inequidad y el subdesarrollo tanto financiero como ético, pues si las mujeres no encuentran espacios para desarrollar su potencial, «el país estará malgastando el 50 % de su recurso más valioso, las personas».

«Reconocer el aborto como un derecho no obliga a ninguna mujer a abortar, solo garantiza un espacio de libertad para que sea cada mujer quien tome su propia decisión».

 

 

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