«Me aterra el culto que las mujeres le rinden a la belleza transgenerista»

*La negra, una trans que maquilla a famosos de la televisión, admite que las mujeres les han copiado a ellas el uso de las extensiones, las uñas postizas, las plataformas.*
«Me aterra el culto que las mujeres le rinden a la belleza transgenerista»

 

Carolina R. Carvajal

En 1984 nació como hombre, en Cartagena. Tiene 29 años y trabaja como maquilladora en producción de nombre como Escobar, el patrón del mal y La selección, la serie. Su gran pasión es el mundo del color, las lentejuelas y el styling, y aunque ha sido víctima de discriminación, ella prefiere hablar de su vida. No quiso revelar su nombre de pila, a pesar de estar dispuesta a revelar los más íntimos detalles hablar de su transformación.

Criada en una familia de padres divorciados, La Negra llegó a Bogotá para vivir con su mamá, su abuela y su tío. «La figura paterna en mi familia siempre fue el hermano de mi mamá, un hombre atlético y muy deportista que al final no logró influenciarme», y lo asegura ya que jamás fue amante de «esas cosas que le gustan a los hombres», pues desde los siete años supo que lo suyo no serían las mujeres.

A los 14 decidió salir del clóset y encarar su sexualidad. Le contó a su familia que era gay, que «era un chico al que le gustaban los chicos», y recibió el respeto y apoyo que esperaba. No obstante, los cambios y sensaciones sexuales en el cuerpo del hasta entonces jovencito no habían llegado a su fin, pues años más tarde descubriría lo mucho que le apasionaba verse como mujer.

«Un día estábamos montando una obra de teatro en el colegio y tuve que vestirme de mujer». Esa fue la primera vez que La Negra experimentaría en carne propia lo que era lucir como una dama: delicada, tierna, bonita e inteligente. «Desde ese momento me sentí muy cómoda. Mucha gente no lo vio bien, de hecho me llamaron la atención, pero a mí no me importó».

De hombre a mujer

Tan solo un par de años más tarde se encontraría viviendo sola y a merced de sus deseos. «Cuando terminé el colegio, mi mamá se mudó a los Estados Unidos a vivir con su pareja, yo me quedé sola y empecé a trabajar». Y fue ese, su primer trabajo el que le abriría las puertas de lo que sería el resto de su vida.

A los 18 años conoció a Fernando Coral, productor de uno de los bares gay más reconocidos de la capital, quien le propuso participar en un concurso de drag queens que no ganó, pero que sí le sirvió para vincularse de inmediato en el mundo del show y el espectáculo trans. «Él me ofreció ser transformista durante las rumbas, lo que sin dudar acepté, pues aparte de vestirme de mujer, iba a recibir dinero por eso. La idea me encantó».

Así, un día sin pensarlo decidió dejar de ser una transformista de fin de semana, para darle paso a la travesti que siempre vivió en su interior. «Fue de un día para otro, yo jamás me senté a pensar en eso, las cosas poco a poco se fueron dando».

Un cambio físico extremo

«Me aterra el culto que actualmente las mujeres le hacen a la belleza trans. Muchas cosas características de nosotras están siendo usadas por las demás, como las extensiones, las uñas postizas, la microcintura y la macrocola».

No obstante, asegura que nunca se ha realizado ninguna cirugía, que no hace dieta ya que «fui muy delgada y eso me enfermó», y que es muy vanidosa.

«Desafortunadamente uno en esto comente errores, pues las hormonas que funcionan en una, puede que no tengan el mismo efecto en otras. La recomendación que yo le doy a quienes estén empezando este proceso, es que acudan al médico y empiecen un tratamiento hormonal adecuado y acorde».

Cédula en mano

En  nuestra sociedad, aparte de haber una repulsión notable hacia todo lo diferente (pues no se discrimina solo a las minorías sexualmente diversas), existe una confusión entre las palabras «transformista», «travesti» y «transgenerista».

«Las personas suelen confundir los términos, pero lo cierto es que transformista es la persona que tiene una vida común y en la noche se transforma, crea un personaje»; las travestis y las transgeneristas, en cambio, «somos aquellas que traspasamos el género con el que nacimos para ser otra persona. Nos identificamos con todo lo femenino desde los diversos puntos de nuestras vidas».

Por otra parte, a la hora de pasar por inmigración, asistir a una cita médica, o realizar algún trámite bancario «el género como tal no cambia, ya que en la cédula sigue apareciendo la “m” de masculino, pero sí hay diferencias como la entrada al baño de las mujeres y la requisa, que es realizada por una mujer policía».

La hora de la verdad

Encontrar una pareja acorde a los requerimientos y necesidades de cada quien no es hoy en día una tarea fácil, y para las trans el grado de dificultad aumenta en un porcentaje elevado.

A la hora de interactuar con alguien que le gusta, La Negra jamás se presenta diciendo «hola, soy transgenerista», pues según ella «el resto de la sociedad no dice: hola, soy heterosexual». Sin embargo, reconoce la complejidad del asunto, pues asegura que es algo que socialmente no está bien visto, en especial porque «no me interesan ni las lesbianas, ni los gays, a mí me gustan los hombres».

Dice sentirse cómoda como está, sola desde el rompimiento de su última relación hace poco más de tres años, pero al mismo tiempo reconoce que desea «encontrar alguien que me quiera, que me respete y que sea lo suficientemente inteligente para aceptarme y quererme como soy; jamás me escondería».

 

Así pues, La Negra seguirá viviendo su vida como le gusta «siendo yo misma y haciéndome respetar», alternando su trabajo como maquilladora y estilista para televisión, que se vio obligada a dejar por el acoso laboral al que fue sometida, con las actividades en pro de su comunidad, pues aunque no se considera activista, hace parte del grupo Transgredir que lucha por los derechos de esa comunidad. «Quiero trabajar, emplear a mucha gente, mostrar que las mujeres trans podemos desempeñarnos en cualquier área».