Clara Restrepo, la nerd de la moda

La mente creativa detrás del sello Rohka lleva más de dos décadas en Milán y se parece mucho a su propia marca: es una mujer romántica pero funcional, algo naif y completamente alejada de lo convencional.
Clara Restrepo, la nerd de la moda

El pelo de María Clara Restrepo está compuesto por mechones grises y rosados. Por eso, una primera impresión de ella es una invitación a mirarla un poco más. ¿Le gusta llamar la atención o se trata de un gesto excéntrico? Es un hábito que la ha acompañado a través de los años y que refleja la juguetona relación que mantiene con el tema de la apariencia, donde reina una característica lúdica que traduce a sus diseños.

Después de trabajar con titanes como Romeo Gigli, Versace y Marni, María Clara fundó su propio sello, Rohka, cuya indumentaria puede encontrarse en más de 30 tiendas alrededor del mundo –entre ellas Barney's y Harvey Nichols–. A pesar de ese rotundo éxito, nunca se ha integrado a un modelo convencional y prefiere conservar un espíritu independiente. Sus desfiles no son típicos y aunque son escenificados durante la Semana de la Moda de Milán, no son parte de la feria ni suceden en lugares ordinarios. Y eso que Rohka fue premiada por personajes como Donna Karan y Jean Paul Gaultier.

“Desde siempre he usado el pelo en los colores más diversos, ha sido para mí algo divertido, un accesorio más”. Tal vez esa libertad de espíritu a la hora de presentarse al mundo le viene de las imágenes que sembró en ella su madre quien, en plena década del 60 no escatimaba en exhibir asertivas muestras de estilo. Los primeros recuerdos que tiene María Clara de la moda son de ella precisamente. “Vestía un abriguito amarillo, de un tono fortísimo, en A, chiquito en hombros; usaba pelucas o, como tenía el pelo larguísimo, usaba bandas de terciopelo. Era estéticamente fascinante, arrolladora, elegante y juvenil”.

Durante su adolescencia, en la década del 80, María Clara se arrimó a la expresión estética. Las indulgencias de su madre en el terreno hicieron que sus propias decisiones sartoriales fueran audaces. “Cuando estudiaba Derecho, siempre fui la rara en la universidad. Durante el consultorio jurídico preguntaban por la doctora Restrepo y, al verme, dudaban y preguntaban por la ‘doctora’ otra vez”.

Aun cuando se sumergió en una profesión que le exigía una cierta formalidad estética, María Clara fue coherente con sus ímpetus. No satisfecha con el inicio de su desempeño laboral partió a París, detrás de una carrera en diseño de moda. También estudió modelismo (que tiene que ver con la composición de siluetas), una decisión que ya auguraba su temperamento creativo, motivado por la técnica y la profundidad investigativa. “Mi carrera duró tres años pero ¡estudiaba tanto…! En realidad, soy una nerd de la moda. Como soy colombiana en ese contexto, necesitaba esforzarme mucho más porque era más probable que contrataran franceses o europeos. Tenía que hacerme deseable para las grandes casas”.

En aquella época la estimulaban los lenguajes de Issey Miyaki, Yohi Yamamoto, Martin Margiela y Romeo Gigli. Siempre la cautivaron las siluetas rompedoras y las estructuras desorbitantes del diseño japonés; también se sentía atrapada por las transgresiones de Margiela, quien no usaba modelos profesionales. Pero era el lugar que daba Romeo Gigli a la investigación textil lo que más la atraía. Quería trabajar con él. Así que se coló en un desfile y le expresó personalmente su deseo. Al día siguiente Gigli la citó pero nunca llegó y María Clara esperó horas, en el frío inclemente del invierno parisino. Desolada y agripada, tuvo la determinación de volver al día siguiente. Gigli la contrató y por eso se trasladó a Milán, donde comenzó a trabajar en investigación textil. En esa época conoció a su marido, Ian Phin, compañero laboral, cofundador de Rohka y padre de su pequeño hijo Daniel.

Hacia el final de la década del 90, los llamaron de Versace, para trabajar en el taller de Donatella. “Era una metodología totalmente distinta pero –dice– en el momento en que tienes esas experiencias opuestas, logras identificar qué eres y qué quieres comunicarle a la gente”. Allí nació Rohka, originalmente como una manufacturera para ropa de muebles. Hablaron con Donatella, quien les dijo pícaramente que podían seguir adelante “hasta que Rohka se convirtiera en competidora directa de Versace”.

Entonces los invitaron a participar en un concurso auspiciado por la productora de viscosa más grande del mundo. En el jurado figuraban Jean Paul Gaultier, Milla Jovovich, Donna Karan y Franca Sozzani (editora de la Vogue italiana). María Clara e Ian no eran muy amantes de la viscosa así que, gracias a su bagaje investigativo, fueron al Japón, donde aplicaron una técnica que permitía endurecer la fibra, convirtiéndola en una especie de organza. Ganaron el concurso, entre cuyos premios se incluía una editorial en Vogue Italia. Les ofrecieron hacer un desfile y se rehusaron; les ofrecieron a Naomi Campbell como modelo para la editorial y rechazaron la idea. En vez, prefirieron un rostro nuevo.

Ese espíritu indie se refleja en sus pasarelas, que prefiere escenificar en locaciones atípicas –unos baños públicos en Milán o un hospital de guerra–. También se evidencia en su paisaje cotidiano, un molino del siglo XVIII, en el que vive con su familia, a las afueras de Milán. Allí, la vida se reparte entre la maternidad y hacer, como ella misma dice, “faldas y suéteres”.

Nació en: Medellín

Edad: 46 años

Es: Diseñadora de moda y alguna vez intentó ser abogada

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