Valió la pena la espera

El vestido, la actitud, la sonrisa y los ojos de enamorada de Catalina Middleton colmaron las expectativas del mundo entero. ¡Absolutamente perfecta!  
Valió la pena la espera

Con una retrospectiva, el Museo Metropolitano de Nueva York le rinde por estos días un homenaje a la figura del desaparecido Alexander McQueen, el transgresor inglés en el mundo de la moda. “Savage Beauty” (belleza salvaje) es el nombre del recorrido por la mágica y talentosa carrera de Alejandro el Grande, como se le conoce en los círculos del diseño, donde no ha dejado de hacer una inmensa falta.

Todos los asistentes a esa exposición podrán apreciar la espectacular trayectoria que, para que sea completa, debería cerrar con el ya legendario traje de novia de la nueva duquesa de Cambridge. “El Vestido”, como será recordado en los anales de la moda, elaborado en peau de soie, con aplicaciones hechas a mano en toda la falda, la cola en encaje de chantilly que cubrió todo el corset entallado en corte princesa, fue confeccionado en los talleres de alta costura por más de diez mujeres durante tres meses sin parar, para una reina, princesa y condesa, que son los títulos que llevará desde ahora Catalina Middleton.

El pasado 29 de abril, 2.000 millones de espectadores vieron como el nombre de McQueen resultó premonitorio, aun después de su muerte. El inglés pasó una vez más a la historia de la moda con un traje de novia absolutamente perfecto, que llenó todas las expectativas, desde las más exigentes hasta las más populares. Con Sarah Burton, protegida del diseñador por más de 15 años y quien hasta entonces fue una niña más de clase media alta, quisieron rendir un homenaje a Grace de Mónaco y a su inolvidable traje de matrimonio de 1956, cuando se convirtió en princesa y se transformó en la novia del mundo.

Acertaron. Catalina lució la autoestima que le faltó a su príncipe, quien a lo largo de toda la ceremonia, desde la entrada con su hermano, el príncipe Harry, su padrino, se vio nervioso y poco aplomado. Ella, en cambio, entró segura como la más noble de las nobles, siempre sonriente, serena, como si estuviera desempeñando un papel bien ensayado. Nunca se le vio un gesto nervioso o fuera de lugar. La más princesa de las princesas entró plebeya y salió convertida en su Alteza Real.

Su vida cambió para siempre. “Lady in Waiting” (la dama en espera), así se la conocía en su país de forma irónica, en vista de que llevaba años esperando a su príncipe azul. Valió la pena su constancia y triunfaron su paciencia y su perseverancia.

Tuvo más de ocho años para prepararse y no cometer ninguno de los errores de sus antecesoras, que han terminado en divorcio sin excepción. Desde la tía abuela de su esposo, la princesa Margarita, protagonista de muchos escándalos, quien se casó con lord Snowdon, un famoso fotógrafo; y pasando por la tía del príncipe, la princesa Ana, quien se separó del capitán Mark Phillips; el otro tío, Andrés, duque de York, quien se casó con la plebeya Sarah Ferguson y se separó a los pocos años. Y ni hablar de su suegro, Carlos de Inglaterra, príncipe de Gales, casado con Lady Di, quienes protagonizaron uno de los escándalos más sonados en la realeza europea.

Segura, madura y con ganas de pertenecer a su nuevo entorno, no va a permitir que nada sea apresurado y menos improvisado. Ambos se tomarán dos años antes de convertirse en príncipes y atender funciones oficiales. Contrario al caso de sus suegros, que al día siguiente de su matrimonio ya ejercían funciones reales. Al irse al norte de Gales, lejos del mundanal ruido, no solo se consolidarán como marido y mujer, sino que evitarán a los paparazis que llevaron a su suegra a la muerte.

Desde hoy se creó un nuevo ícono en el mundo del glamur y la elegancia para todos los estratos, desde los más populares, donde ya se están vendiendo copias del vestido en las calles. Veremos a las novias del mundo imitando a la futura princesa que llenó todas las expectativas y sobre la que todos apuestan por que sea feliz.  

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