La historia del escote femenino

A mediados del siglo XX, cuando la revolución sexual no haba despegado en el mundo, CROMOS realizó este sorprendente relato sobre el encanto de mostrar o no mostrar.
La historia del escote femenino

Edición 1810 de 1951

Dalila, como cualquier niño lo sabe, fue la hermosa mujer filistea que cortó a Sansón la cabellera. Vive de nuevo, como también todos están enterados, en una gloriosa película filmada en tecnicolor por Cecil B. De Mille, encarnada por Hedy Lamarr. Pero la leyenda de Dalila sobrevivirá hasta la posteridad. Su historia pertenece al Antiguo Testamento y se le sitúa entre 700 y 1.000 años a. C. Su atavío lo formaba una reveladora vestidura con una banda cruzada sobre el hombro.

Dagmar pertenece a los tiempos modernos y su leyenda puede o no subsistir. Es la rubia joven de voluptuosos senos que se ha destacado mucho desde que era una corista ordinaria el verano pasado gracias en su mayor parte –dice que exclusivamente– a un llamativo vestido de noche muy escotado. El año pasado estaba ganando 75 dólares a la semana. Hoy en día, como primera figura de su propia revista, está recibiendo 2.000 semanales bajo contrato exclusivo con la radiodifusora ABC que se la quitó a la NBC. Nacida con el nombre de Virgina Rugh Egnor, indudablemente posee el escote más discutido y apreciado de los Estados Unidos. Algunos de sus vestidos de noche, con uno de los hombros descubierto, hacen pensar que Dalila hubiera sido feliz de usarlos en la tienda de Sansón. De Dalila a Dagmar, el escote femenino ha sufrido infinidad de variaciones durante 3.000 años sin que, sin embargo, llegue a subir extremadamente ni descender demasiado sobre el cuerpo femenino, hasta regresar al punto de partida.

Si nos detenemos en Dalila y vacilamos para seguir nuestra expedición retrospectiva, ello se debe a que los escotes femeninos parecen haber sido más bien deshonestos en los tiempos más antiguos. Así, hace 6.000 años, las mujeres egipcias usaban una especie de falda, también con una banda sobre un hombro, pero dejando al descubierto un seno.

Durante el periodo comprendido entre el año 2100 y 1900 a. C., y en tratándose de la mujer común y corriente todavía después, las hembras llevaban descubierto el cuerpo desde la cintura para arriba. Luego, durante la civilización cretense, llevaban una especie de bolero corto abierto en el frente, muy tieso y posiblemente hecho de piel. Este bolero todavía dejaba el busto completamente descubierto. De hecho, muchas mujeres usaban sólo falda. Evidentemente, nuestra civilización nunca ha intentado reproducir las modas de esas épocas usando modelos vivientes; y por la misma razón nos detenemos en Dalila.

Se sabe que aún en aquellos días, según pruebas conservadas desde el periodo del rey David y hasta el siglo V a. C., la moda prevaleciente requería un seno descubierto y otro tapado con una banda.

La toga griega, sin embargo, impuso una cubierta que sólo ocasional y parcialmente se quitaba en los días del imperio romano. Durante los siguientes milenios, lo que se conoce como Edad Media, se establecieron modas femeninas tan estrictas que aun el pequeño escote de los días de Nerón, era considerado como impresionante y completamente deshonesto. Pero llegó una nueva era.

Durante los siglos X y XI, las mujeres empezaron a usar camisas de lino con los bordes de empaque a medida que los escotes comenzaban a descender.

En el Oriente, en el continente asiático, adonde se había propagado la civilización, los vestidos femeninos continuaron siendo totalmente cerrados y para compensar este detalle, se tornaron más y más adornados.

En el Occidente, el escote continuó bajando y extendiéndose.

En el siglo XIII la línea del cuello siguió bajando. Un breve cambio en la moda femenina donde a menudo suele suceder esto detuvo el descenso del escote e hizo que las mujeres del siglo XIV tuvieran que usar ropas de cuello alto. Pero luego, el escote reanudó su tendencia hacia abajo como desquite. Para el siglo XV había descendido considerablemente. De hecho, el periodo medieval francés de 1450 a 1515 muestra un talle ajustado con un escote muy bajo en los vestidos de mujer. Los escotes femeninos de 1840 pueden calificarse como extremadamente bajos adornados con un cuello, a menudo de piel, que siguiendo la línea del hombro, terminaba hasta la cintura.

Luego, el escote comenzó a hacerse más ancho. De 1499 a 1547, durante el periodo de Enrique VIII en Inglaterra y los Borgia en Italia, los escotes fueron al principio bajos y cuadros; posteriormente subieron en el frente y descendieron en la espalda, formando atrás una “U” o una “V”. La corte española aportó su escote en forma de corazón y bastante amplio. Poco después las mujeres bien vestidas comenzaron a practicar la manía de usar ropas masculinas, cuando menos en algunas ocasiones. La moda no duró. Durante el siglo XVII los escotes, recuperándose de su descenso de una centuria antes, se recogieron formando una “U” y ostentado cuellos erectos; este último detalle fue característico del reinado de Jaime II. Durante el gobierno de Guillermo y María, 1689 a 1702, los escotes en Inglaterra eran de varias formas, bastante bajos y cubiertos por una pequeña bufanda; pero en Francia, el escote se hizo más ancho de nuevo, más horizontal, mostrando tendencia de descubrir el hombro, a menudo hasta un punto bastante bajo.

Evidentemente que una frase tan famosa como “después de mí, el diluvio” no podía ser emitida en una época de cuello alto femenino. María Antonieta llevaba su escote bastante bajo, y las damas de la corte seguían el ejemplo de su reina. Más o menos por esa época, austeros peregrinos desembarcaban en suelo americano para colonizar un nuevo continente. Sus esposas, no obstante el carácter puritano de los inmigrantes, llevaban vestidos con escotes en forma de “V”. Evidentemente, eran muy honestos.

El escote bajo del último cuarto del siglo XVII había continuado usándose durante casi todo el siglo siguiente; por tanto, la historia nos demuestra, sin lugar a duda, la preferencia de la mujer por llevar descubierto el pecho, aunque parcialmente. Con el arribo de Napoleón a la escena europea se hacía menester un cambio que se produjo al subir la cintura del vestido hasta debajo de los senos. Esta moda del “imperio” cristalizó. Allá por 1819 el cuello subió más, pero las mujeres comenzaron a usar bandas cruzadas sobre el pecho para enfatizar cada escena individualmente, cobrando así nuevo estímulo el encanto femenino.

Sin embargo, cuando Napoleón fue a dar a Santa Elena, un cambio total se impuso. Y, cuando Victoria, reina y emperadora, ocupó el centro de la atención mundial proclamando sus estrictas opiniones sobre modas femeninas, pareció que el escote amplio estaba destinado a caer en el olvido. De hecho, durante la viudez de Victoria el cuello femenino fue más alto que nunca. Alto debía ser el cuello de los vestidos de calle y lo único que se permitía era un modesto escote que mostraba una ligera “U”, en los trajes de noche.

De cualquier manera, este detalle atrajo suficientemente a las mujeres de principio de este siglo, que conservaron cuello alto como norma para todos los vestidos de calle. Luego, por 1911, principió una nueva tendencia hacia el escote bajo. Para 1912 ya se llevaba la garganta descubierta aunque los cuellos seguían siendo altos. Luego, en 1914, volvió el escote cuadrado y redondo.

En 1920 estuvo de moda el escote cubierto por encaje en los hombros. En los años 30 estuvo muy en boga el talle del vestido con la espalda descubierta y sin mangas, suspendido del cuello. El cuello de camisola se llevó en 1934 y los hombros descotados en 1938 gozaron de un gran favor.

El escote hendiente ha llegado ahora a su punto culminante –o digamos a su más bajo nivel– en los Estados Unidos, gracias a la televisión y a los reveladores vestidos de las estrellas. Fay Emerson comenzó a usar el escote bajo en la televisión. Dagmar reina ahora allí. Los escotes bajos son populares en todas partes, aún entre las adolescentes que gustan de copiar a sus mayores; y hasta en Hollywood donde se dicta el pudor por temor a la Legión de la Decencia.

 

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