El destape, la historia del bikini

El bikini cumple 70 años y por eso, hacemos un recorrido sobre los momentos que marcaron esta prenda que revolucionó la moda femenina.

El bikini fue pensado para producir el efecto de una bomba atómica. Su nombre se relaciona con un atolón del Pacífico, en las islas Marshall, donde EE. UU. hizo las explosiones nucleares de prueba que siguieron a aquellas bombas que castigaron Japón.

Cuando aún las mujeres eran observadas como equis kilos de músculos, tantos de huesos y tantos de grasa, envuelto todo en telas que ocultaban como ocultan hoy a las mujeres islámicas, alguien rayó el cielo con una idea: dos piezas, y el resto nada. Fue un ingeniero francés, Louis Réard, quien interpretó como nadie aquello que definiría medio siglo después Sylvia Kristel, la Emmanuelle de la pantalla, cuando educó a un boxeador colombiano que la entrevistaba, explicándole que el deseo, casi siempre, es mejor que sus consecuencias.

 

97f/07/huch/6292/46

Micheline Bernardini, bailarina del Casino de París, fue la modelo del que es considerado el primer traje de dos piezas, un diseño producido por el diseñador francés Jacques Heim y confeccionado en papel periódico. Tiempo después, llegaría el ingeniero Louis Réard con un diseño similar llamado Bikini. 

 

Aunque presente en mosaicos sicilianos del 1600, el origen del bikini se relaciona con su primera exhibición en Francia, julio de 1946, sobre el cuerpo de una bailarina del Casino de París, la única que aceptó posar con ese traje de baño que era la evolución de otro, bautizado “átomo” por su creador Jacques Heim. Cuando las fotografías aparecieron en la sección escándalos de la prensa, las chicas más lanzadas comprendieron la idea de inmediato.

“Un bikini es un impulso que ni siquiera se piensa”, declaró en aquellos días Esther Williams, la estrella de Escuela de Sirenas, el film que se había estrenado dos años antes. Pero las recatadas enrojecieron, más de ira que de pudor.

 

164 95Moda DESTAPE brigitte bardot-1

Cuando la sensual Brigitte Bardot apareció con las diminutas prendas de su vestido de baño en la famosa película de Roger Vadim, en 1957, los puritanos pusieron el grito en el cielo. Para ellos, era el anuncio de lo que se venía: una época de inmoralidad y vulgaridad. A los más liberales, sin embargo, Bardot les pareció como una caída del cielo. 

 

La historia tuvo un tropiezo en el certamen de Miss Mundo 1951, al ser prohibido en la pasarela por “mal gusto”, una señal que los críticos de moda interpretaron como que hasta ahí había llegado. Pero entonces volvió la magia cuando Brigitte Bardot llenó páginas con sus encantos en Saint Tropez, y el cine italiano derramó maravillas en Rímini. Y poco después arribaron las chicas Bond, con Ursula Andress al frente luchando contra No, el satánico doctor. Enseguida las exóticas, como Raquel Welch partiendo el horizonte en dos. Y CROMOS las puso ante los ojos de un país que entre la misa y el recato aún no sabía a qué apuntarle ni cómo liberar sus deseos innombrables.

 

ursula-andress

Ursula Andress, la primera Chicas Bond, dejó a todos sin habla cuando salió del mar con un bikini blanco y un cuchillo en el año 62.

CROMOS tiene el mérito de habernos liberado de las tinieblas en buen grado. O al menos de ayudarnos a hacerlo. Gracias a sus portadas y a sus páginas, Colombia conoció el final de la inocencia erótica. Mujeres fieles clientas de Iglesias marcaban aún en sus rostros la idea de que el sexo era un hedor que mancha, cuando el paisaje comenzó a contaminarse con algunas cuantas malvadas gringas que aparecían por Cartagena o Santa Marta, exponiéndose impúdicas al sol y a los hombres.

Y esos hombres comprendían en aroma de bolero, que el deseo esclaviza más que lo que libera. Esto mientras los intelectuales cachacos ponían su pensamiento a rodar sobre la semántica de los gestos, el cuerpo erótico, la incertidumbre que provoca lo que se oculta mostrando. Entonces, como a gotas, las chicas más brillantes del barrio se pusieron en movimiento, anticipando lo que con el tiempo estallaría en esplendor con Esther Farfán, Amparito Grisales, Natalia París…, y un largo etcétera que es un pecado no evocar.

 

1

Luego de participar en tres novelas dio a sus 16 años la primera portada a una revista, a Cromos, justo antes de comenzar en su participación en ‘La mala hora’, la novela de Gabriel García Márquez adaptada a televisión. 

 

Si amor en lengua mapuche patagónica expresa “mis ojos están abiertos a tu luz”, bikini ha expresado en estos trópicos algo así como “mis ojos estallan al verte, mi cuerpo se dilata en deseos cuando apareces”. Porque ver esos volúmenes envueltos en aquellas mínimas telas ha sido como una iluminación, en términos de gurú oriental. Fue entender aquello de “menos es más”, ese principio del minimalismo que los viejos capitalistas jamás comprenderán.

 

9

Con esta portada CROMOS celebró el éxito de la paisa en los Estados Unidos cuando en el 2003, fue elegida para ser la nueva imagen de la cerveza Coors Light.  

 

Hoy que todo lo privado es público, que el pudor no existe ante una webcam y los cuerpos han perdido individualidad por la masificación de imágenes, el bikini sigue derramando mares de tinta a su paso sobre los cuerpos de muchachas de Ipanema a Cannes. Esto mientras algún seguidor de Freud trasnochado la relaciona con grandes traumas masculinos, en línea con Lipovetsky, que escribe: “La mujer, con sus exigencias sexuales y sus capacidades orgásmicas vertiginosas, se ha convertido para el hombre en una compañera amenazadora, que intimida y genera angustia. El espectro de la impotencia persigue la imaginación contemporánea”. ¿Será para tanto? Cada año nos lo preguntamos mientras esperamos las novedades de la próxima temporada.

 

Fotos: Archivo CROMOS - Getty.

Temas relacionados