Así se vivió la semana de la moda de París

Los días finales de septiembre y los primeros de octubre fueron el escenario perfecto para las pasarelas de las reconocidas casas de tradición en el mundo del prêt-à-porter.
Así se vivió la semana de la moda de París

En tiempos de crisis la moda se extralimita, se sobreactúa, se llena de colores y texturas sofisticadas con inspiración étnica, para distraer la mente y alegrar el espíritu en la primavera-verano de un incierto 2012. Es el gran resumen de las cuatro capitales que vibran con las pasarelas durante sus semanas de la moda.

París es siempre el cierre con broche de oro de un mes de maratónico cubrimiento para fotógrafos, editoras de moda y compradores del mundo entero. París es siempre París, a pesar de que este año Milán brilló como nunca con las colecciones vibrantes de sus casas tradicionales, que han sacado la cara por la economía italiana. Alucinamos con Prada, Armani, Fendi, Ferragamo, Cerruti, Dolce & Gabanna, Cavalli, Etro, Bottega Veneta y Versace… y la lista sigue.

La remembranza y el hedonismo de los años veinte, con su locura, con su cintura caída resaltando la cadera, los pliegues y el brillo de las piedras más los cortes geométricos inspirados en la arquitectura de los años locos del jazz, fueron la gran inspiración de la pasarela. Como textura, la seda y el colorido de los estampados, antes exclusivos de las pañoletas de los años cincuenta, hoy cubren piernas en largos, vaporosos y transparentes vestidos. Mucho color y flores para la próxima primavera.

París, con su “Été indien”, como en la canción de Joe Dassin que sonaba hasta el cansancio, nos recordaba ese verano de intenso calor, el limpio cielo azul, sin una nube, con temperaturas hasta de 30 grados y luz día hasta las 8:30 de la noche. Los días finales de septiembre y los primeros de octubre fueron el escenario perfecto para las pasarelas de cada reconocida casa de tradición en el mundo del prêt-à-porter, con materiales livianos y transparencias que dominarán la escena en el 2012.

Anthony Vaccarello, ganador este año de la Asociación Francesa de Diseñadores, mostró una de las colecciones más osadas y sexys de los últimos años en París: jerseys de seda, mucha transparencia y aberturas hasta la ingle en largas y ceñidas faldas.

Colecciones como la de Bárbara Bui, inspirada en la caña flecha colombiana; Isabel Marant, la fresca y sexy niña revelación, que viste a las francesitas más sofisticadas; Thierry Mugler, ecléctico, inspirado en su musa, Lady Gaga; Jean Paul Gaultier, con su alta costura punk e irreverente.

Los clásicos Balmain, con Olivier Rousteing, nuevo diseñador, inspirado en los archivos clásicos de la casa hasta la época de De la Renta, con mucha pedrería y lujo motivado también en Las Vegas y México, corridas de toros con un denim transformado; Carven, con Guillaume Henry, un creador creole de 31 años con nuevos aires y nuevos colores; Lanvin, con un Albert Elbaz mediático y su tecno-couture, que vuela con sus diseños para la generación de la tecnología y de los blogs de la gente joven; Balenciaga, con Nicolás Ghesquiere, inspirado en los sombreros de pescador de su padre, mezclando imágenes religiosas.

Y hay más:

La Maison, con Martin Margiela, belga, con “trabajo en progreso”, nombre para una pasarela futurista y plástica con formas impresionantes; Dries Van Noten, también belga, seudo hippie, siempre inspirado en texturas y colores africanos, pero que esta vez sorprendió con impresiones fotográficas en blanco y negro sumergido en las imágenes de riscos, cascadas, montañas y ciudades; Rochas, con el diseñador Marco Zanini, de origen italiano y sueco, apoyado en los efectos del séptimo arte.

Dior merece un comentario aparte. Fue el más esperado de todos los desfiles por la incertidumbre de no tener aún la aceptación definitiva de Marc Jacobs para asumir la dirección de la legendaria casa. Se presentó en el Museo Rodin, en medio de bellos jardines llenos de esculturas monumentales y con la presencia de la plana mayor del grupo LMVH, con Bernard Arnaud a la cabeza. Bill Gaytenn, quien fue la mano derecha de Galliano hasta el último día, tuvo la responsabilidad de esta pasarela, que está en veremos hasta un nuevo anuncio. Se caracterizó por los colores empolvados, mucho encaje y aplicaciones en piedras y concha nácar; sombreros en cuero inspirados en los años cuarenta y mucha napa, muy delgada, en abrigos y faldas. En general, una colección muy femenina. Los accesorios, zapatos y carteras, el fuerte de la casa y lo que realmente se vende con un éxito absoluto.

El colombiano Haider Ackerman es otro que se destacó. Desde el 2002, rinde culto a la perfección y la originalidad. Ese año trabajó con Rufo, que en aquella época contrataba jóvenes talentos, Raff Simmons y Sophia Kokosal. En el 2004 ganó el premio de los textileros suizos en el Gwand Fashion Festival, y recibió 100.000 euros como premio, que le sirvieron para consolidar su siguiente colección. Anna Chapelle ha sido la figura definitiva en la carrera y el ascenso del diseñador colombiano, al invitarlo a hacer parte de su compañía y quien dice de él que ha recuperado en tres años toda su inversión. Ackerman ha intervenido en buen número de exhibiciones, todas con una gran repercusión, pero fue su colección del 2009 la que lo disparó a que un ícono como Karl Lagerfeld, director creativo de Chanel, lo mencionara como su posible sucesor. También se barajó su nombre al pensar en sustituir a Galliano en la casa Dior. Trabajó con Martin Margiela, considerado el “Santo grial del diseño”, quien lo quiere como su director creativo.

Tanto la pasarela del 2009-2010 y la que acabo de ver en Bercy, obligan a alucinar con su minimalismo sobre un piso de cemento y una pared de espejos como único recurso. Un silencio sepulcral, unos toques muy lentos y luego Imagine, de John Lennon, en la primavera-verano 2012 hacen que este joven, nacido en Bogotá el 9 de marzo de 1971, adoptado por franceses, hijo de un cartógrafo que lo llevó a viajar con su madre durante sus primeros 12 años por países exóticos, tenga un lugar privilegiado en el mundo de la moda.

“Ver París y después morir” es realmente lo que se siente cuando se ama y se sigue la moda durante la semana en la que se presentan, en los mas icónicos lugares, los grandes creadores. Toda la ciudad se vuelve una pasarela. En la calle, en el metro y en los cafés, hombres y mujeres aparecen ataviados con el producto nacional: su moda. Y esta vez no fue la excepción..  

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