Fue portada de Vogue y ahora Isabeli Fontana es imagen de Leonisa

Esta modelo que a sus 15 años ya era figura de los desfiles más importantes de la capital del mundo acaba de estar en Medellín para ser la imagen de Leonisa. Beleza brasileira.
Fue portada de Vogue y ahora Isabeli Fontana es imagen de Leonisa

En la vida de Isabeli Fontana todo ha ocurrido pronto. A los doce años participó en un concurso que la inició en el mundo de modelaje y de ahí en adelante su historia ha sido puro vértigo. A los 14 se fue a Milán a probar suerte, pero un año más tarde ya estaba de vuelta en su país con apenas algunos catálogos. Regresó a Brasil y poco tiempo después le propusieron irse a Nueva York: «Siempre fue uno de mis grandes sueños, amaba el inglés y quería aprenderlo». Con 15 recién cumplidos llegó a La Gran Manzana y en cuestión de meses empezó a hacer parte de los mejores desfiles del circuito.

Sin darse cuenta, ya estaba metida en una vida que le pesaba demasiado: «A esa edad era una tortura trabajar. Lo odiaba, yo solo quería estar con mis amigas de infancia. Yo era todavía una adolescente a la que le tocó crecer muy rápido». Durante esos años fue haciendo su transición de niña a mujer. Su madre la acompañó hasta los 19 y de ahí en adelante aprendió a hacerse cargo de su vida. 

A esa edad, Isabeli ya convivía con su primer novio, y algún tiempo después quedó embarazada. A los 20 se convirtió en madre, justo cuando su nombre empezaba a sonar como una promesa del modelaje internacional. En ese entonces era la marca de Valentino y Ralph Lauren y estaba haciendo una campaña de Victoria’s Secret. Trabajó hasta los cinco meses de gestación, y cuenta que tener al bebé le dio más confianza en su trabajo: «Después de tener a mi hijo, me sentía más respetada, ya no me trataban como a una niña, sino como a una mujer. Ser madre me volvió más centrada». 

Un año más tarde, Isabeli se separó y vivió en Nueva York dos años más en los que se dedicó de lleno al trabajo. Decidió que ya era hora de regresar a Brasil porque la naturaleza de su carrera se lo permitía: «Regresé y casi no lo noté porque el ritmo laboral nunca paró. Me la pasaba entre Nueva York y Sao Paulo y viajaba a Europa para las temporadas de desfiles». En su país se casó por segunda vez, con el actor brasileño Henri Castelli, y tuvo a su segundo hijo. Cuatro meses después vino su segundo fracaso matrimonial. Ella lo explica así: «Opté por tratar de ser feliz antes que continuar con una relación deteriorada». Hasta hace un tiempo, estuvo comprometida con Rohan Marley, uno de los hijos de la leyenda del reggae, Bob Marley: «Fue una experiencia muy linda porque pude estar muy cerca del compromiso humanitario que tienen. La familia es muy unida, solo tengo cosas buenas para recordar». 

A sus 30 años, Isabeli ostenta una carrera envidiable. Ha trabajado para marcas como Versace, Dolce & Gabbana, Bottega Veneta, H&M, Escada, Kenzo, Mango y Louis Vuitton,  y ha sido portada de revistas como Vogue, Elle y Marie Claire. «Ahora disfruto mucho más que cuando era adolescente porque tengo más conciencia del presente, de la importancia de disfrutar cada día».

Tiene los pies bien puestos en la tierra y por eso no se come el cuento de que es una diva: «Nunca pienso que soy más que los demás. Soy igual. No hay que subestimar a nadie». Dice que en este ambiente del modelaje es muy fácil confundirse: «Más importante que tener una carrera, es necesario conservar tu personalidad». 

Dueña de unos impactantes ojos azules, de un físico privilegiado y un carisma que encanta, Isabeli ha sabido abrirse campo en una élite en la que, en ocasiones, se siente como bicho raro. «Nunca fui la chica linda en Curitiba. Era flaca. Mi belleza no era popular; era un poco rara». 

No le preocupa la hora del retiro, adora el diseño industrial e incluso acaba de diseñar unas gafas para Vogue: «Podría hacer muchas cosas con mi nombre. Mi pasión es diseñar objetos, crear estilos, la decoración». Su estilo, que se mueve entre una onda alternativa y hippie, no es nada pretencioso: «Odio el estilo princesa, yo soy más natural, más grunge». 

Vino a Medellín porque es la imagen de Leonisa, la marca antioqueña de lencería. «Me he divertido mucho trabajando aquí, ahora somos más amigos que clientes», dice. Sabe que sus genes son privilegiados porque su cuerpo no delata que es madre de dos hijos. Lleva la alegría en la sangre y con una hermosa sonrisa va enamorando a todos a su paso. La suya es una belleza sin pretensiones. 

 

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