El encanto femenino de Marly Velásquez, la modelo del año

Cuando era niña, vivía trepada en los árboles. Nunca se imaginó que un día todas las miradas iban a estar puestas sobre ella. Hoy lo disfruta.
El encanto femenino de Marly Velásquez, la modelo del año

Por: Manuela Lopera Fotos: Esteban Escobar

El lunes 25 de noviembre, Marly Velásquez revisaba insistente el reloj mientras esperaba el anuncio de su vuelo a Bogotá. Esa misma noche debía estar en la gala de los Premios Cromos de la Moda, que enaltecen, desde hace once años, lo más sobresaliente del panorama sartorial colombiano. Ella era una de las nominadas en la categoría Mejor modelo femenina. Aunque estos cinco años le han servido para asumir con seguridad sus 1,77 metros de estatura, estaba convencida de que no se lo iba a ganar: «Las modelos con las que estaba nominada son muy tesas». De las siete en competencia, ella era la menor de todas y la que menos tiempo llevaba en esta carrera, pero eso no fue impedimento para que el jurado la eligiera este año como la más impactante: «Marly interpreta perfectamente a cada diseñador o marca y eso se ve reflejado en la pasarela», afirmó Ángela Posada, una de las jurados.

Marly1 Foto: Esteban Escobar

En el aeropuerto de Rionegro, mientras esperaba abordar el avión, que ya llevaba varias horas de retraso, llegó a pensar que no lo lograría. Cuando premiaron su categoría, estaba en una carrera contra el tiempo, tratando de llegar al hotel Hilton. Al cruzar el lobby, fue el diseñador Camilo Álvarez quien le dio la noticia. «Camilo, no me digas eso, me vas a hacer llorar». Al estrés por la tardanza se sumaron las felicitaciones de todos los que se iba encontrando a su paso. Margarita Gómez (de Informa Models), le dijo: «¡Te lo ganaste!». No lo podía creer.

Esa noche, con el premio en sus manos, seguía incrédula. «No sé si no me valoro lo suficiente pero en esa parte no he sido tan buena. O soy muy relajada o muy insegura». Su madre, María Elena Marín, dice que su virtud es hacer las cosas con mucha naturalidad. Marly, por su parte, dice que de niña no se imaginaba en estas porque siempre había estado lejos de ser el centro de las miradas. Cuenta que en su infancia no fue la típica princesita sino que se la pasaba al aire libre y en contacto con la naturaleza. A Marly le gustaba acostarse en el césped y vivir montada en los árboles: «Tuve una infancia feliz pero siempre fui más niño». Ahora que han pasado los años y que la etapa de patito feo está en el pasado, recuerda que cuando entró al colegio le tocó volverse ruda. «Tenía que hacerme respetar. Me tenían miedo y el concepto que tenían de mí era el de la brava».

Marly4 Foto: Esteban Escobar

La belleza estaba ahí, escondida en una estatura desproporcionada en comparación con la de sus compañeras de clase, que se acostumbraron a verla sentada en la última fila. Era alta, flaca y además empezó a sufrir porque a sus amigas les crecieron los senos y a ella no. «Yo era la única flaca y plana. Todas tenían, menos yo. Además, era más alta que el niño más alto de la clase, como un hombrecito. Era la que nunca conseguía novio». En el fondo, se sentía inferior, acomplejada por ser dueña de esa genética exótica que la ponía más en lugar de rara que de patrón de belleza. Se habituó a la última silla, a que no la vieran, a pasar desapercibida.

Con ese panorama, el sueño del modelaje era algo que no se le pasaba por la cabeza. Alguna vez fantaseó con ser cantante, le parecía emocionante poder expresar sentimientos por medio de la música, pero muy pronto se desanimó: «No salí con voz, con solo escucharme sabía que era una pérdida de tiempo».

Un día, mientras estaba en una feria aeronáutica, alguien se le acercó para hacerle la pregunta de rigor: «¿Tú eres modelo?». Este señor trabajaba en una agencia, la invitó y un mes después ya estaba haciendo su primer desfile. Durante los días previos la entrenaron en lo básico: mirar al frente, caminar, controlar la expresión. No sabía caminar en tacones y tuvo que pedirle unos prestados a una prima, para practicar. El primer casting que hizo fue para la pasarela de Custo Barcelona y salió elegida: «Yo no sabía quién era Custo».

La importancia de aquella experiencia la entendió tiempo después. Cuando le pagaron una suma cercana a los cuatrocientos mil pesos, comprendió que el modelaje era un trabajo que podía ir en serio.

Pasó un año entero sin modelar. Iba a castings pero su perfil no correspondía con lo que querían, y llegó a desanimarse, a pensar que tal vez el modelaje no era para ella. En ese momento apareció Chacha Posada, quien la llevó a INforma. De ahí en adelante su carrera ha ido en ascenso constante.

Marly3 Foto: Esteban Escobar

En estos momentos combina el modelaje con sus estudios de diseño de modas en la Arturo Tejada, carrera que la tiene fascinada y a la que espera poder dedicarse algún día. «Yo me siento una persona alternativa, mi deseo es innovar. Si me decido por hacer diseño de autor, no quiero ser una creadora convencional, me veo como alguien más excéntrica». Le encanta la estética punk, la ropa negra y el estilo gótico moderado, que todavía conserva ese toque femenino. «Es que no soy definida en muchas cosas, todo me da vueltas en la cabeza, soy muy rara». Dice, intentando definirse.

Como cualquier mujer de su edad, está llena de sueños. Conocer Italia y ser un ángel de Victoria’s Secret, son algunos de ellos. Trabajar en televisión, tal vez. Está ennoviada hace tres años y algún día le gustaría casarse, pero no sabe todavía si quiere ser mamá. «Quién sabe si Dios me mandará un hijo», «si Dios quiere eso para mí» o «si Dios me hizo así es por algún motivo», son frases que repite en la conversación, como un mantra. «Me habría gustado ser cantante pero con solo escucharme ya sabía que era una pérdida de tiempo.»

Marly2 Foto: Esteban Escobar

Marly tiene 22 años. Dice sin pena que no tiene una rutina de belleza, como explicando de paso que sus atributos no se deben a sus esfuerzos sino a la genética.

¿Dieta? Jamás. «Hay gente que piensa que uno es flaco por anorexia, pero yo como de todo, ahora estoy intentando dejar un poco el dulce por los dolores de cabeza». «Esa es una de las partes más difíciles», dice refiriéndose a lo sicológico, a la capacidad que hay que tener para recibir las críticas y la presión. El fantasma de los desórdenes alimenticios persigue a las modelos como el peor de los estigmas aunque ni ella ni tantas hayan tenido nunca problemas con la comida. «A mí ya no me afecta que me digan que estoy muy flaca pero a muchas compañeras sí».

Marly5 Foto: Esteban Escobar

Ahora que ya dejó atrás sus complejos de inferioridad y que se acostumbra cada vez más a estar en primera fila, quiere aprovechar al máximo el cuarto de hora de una profesión efímera: «Hay que sacarle el jugo hasta el final. Hasta que el tiempo me diga: ya no más».

A pesar de su juventud, Marly parece tener las cosas claras. Se define como una persona radical y malgeniada que a veces quiere imponer su voluntad pero que al final siempre agacha la cabeza. En palabras de su mamá: «Es muy juiciosa, entregada y cariñosa. Siempre le he enseñado a hacer las cosas con amor». El premio no se lo toma a la ligera: «Yo reflexiono: “Mejor modelo femenina”. Para mí no solamente es en el modelaje. Yo lo asumo como mujer. Es un reconocimiento que me impulsa a hacer las cosas bien, a dar ejemplo».

 

Fotos: Esteban Escobar/Producción: Juan Rojas INforma Models/Maquillaje: Adriana Pérez/Asistentes: Luis Escobar y Andrés Bustamante

 

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