Mujer posando para la cámara
Una de las publicaciones de moda más relevantes del momento, The Business of Fashion, publicó recientemente un artículo sobre por qué la moda no puede ser olvidadiza con sus referencias. En ella se cita la visión de educadores inmersos en las academias más notorias del mundo (Parsons, en Nueva York; y Central St. Martin’s, en Londres, por ejemplo). Muchos de los testimonios gravitan en torno a una premisa: en el presente, aquellas grandes coyunturas de la historia de la moda, con todas sus riquezas, se transforman con frecuencia y terminan en postales destinadas a Instagram. No existe un conocimiento sobre el pasado. Muchas personas ni siquiera tienen definiciones concretas de esa palabra que infla sus palabras y sus fotos. ¿Qué es la moda?
Sigue a Cromos en WhatsApp
“Un profundo entendimiento de las referencias de la moda nunca había sido tan importante para sobrevivir dentro del escenario cambiante de empleo en la industria”, advierte el artículo. En el aspecto más técnico, algunos de estos docentes señalan que incluso sellos como Louis Vuitton y Tom Ford están más interesados en contratar buenos investigadores en lugar de jovencitos trendy e informados. Porque, vamos, hoy todos estamos ‘informados’ sobre lo que sucede con la moda. Clic. Pasarela. Tap. Acera. Deslizamiento. Ítem nuevo.
En la era de Instagram nos enfrentamos a un hecho diáfano: nunca antes en la historia –y pese a ser una civilización marcadamente visual– habíamos tenido acceso a tantas imágenes. Esto genera una ambivalencia interesante. Por un lado, el acceso visual ha empoderado a las masas –históricamente excluidas de la moda– para sentirse dueñas del tema. Pero esto, a su vez, ha hecho de la moda un tema tan visible, omnipresente y constante que ha llegado a terminar manoseado.
Otra de las cosas que indica el artículo es que, en aras de generar algo interesante, en términos puramente de diseño, el creador necesita entender el pasado de la moda para proponer cosas novedosas. Vale la pena anotar algo fundamental sobre la moda, ese término hoy tan ajado. A veces, por ejemplo, cuando nos paramos frente al armario, sentimos que no tenemos nada que ponernos. Existen varias razones detrás de esta sensación, pero existe un motivo recurrente: tal vez lo que está ante nosotros no es nuevo. La moda, de cierta manera filosófica, es sinónimo de novedad.
Como sistema, la lógica de la moda está fundada justo en eso: la búsqueda de lo innovador. En otros tiempos, para que algo clasificara como moda se requería, simplemente, que fuera nuevo. Antes, cuando las mujeres veían que las siluetas de sus amigas se transformaban ante sus ojos, sentían que la emergencia de algo novedoso iba sepultando lo anterior, lo viejo. En el terreno de la intimidad, sentimos que nuestro sentido de la moda se eleva cuando nos renovamos.
La moda exhorta a probar y a reemplazar. El concepto de ponerse cosas nuevas estuvo mucho tiempo asociado a un tema de mero poder adquisitivo. Pero la novedad se volvió un bien común, popular, accesible (hola, moda rápida). Y lo que es más importante: lo nuevo se convirtió también en un fenómeno visual, que sucede, como describen algunas teóricas de la moda, a cada instante, con cada espabilar. Antes lo nuevo era mucho más fácil de ubicar, era aquello que se veía en las pasarelas bianuales, que ocupaba el ciclo vital de una tendencia, es decir, seis meses.
Pero desde hace un tiempo colapsó la novedad como ideal. De allí nuestro constante reciclaje, de allí que los estilos más diversos sean válidos de manera simultánea. Una de las características de este mundo digital –visualmente saturado y donde la moda manda– es su dificultad de generar algo diferente. ¿Cómo ser innovador hoy, en un mundo que nos asedia con sus energías visuales imparables? ¿Cómo generar algo interesante cuando habitamos un sistema visual donde las marcas buscan, como puedan, acaparar la atención de una audiencia que no logra concentrarse?
La respuesta es conocer el pasado. La historia. Lo que fue. “Todo lo profundo ama el disfraz”, decía una de las canciones de Cerati. En la profundidad se esconde la forma eficaz de navegar las superficies. En conocer la moda y su historia exuberante está la forma de crear más allá del zumbido efímero que nos deja la imagen digital que se desvanece a cada instante. El conocimiento permanece.
Foto: Getty