¿Por qué son tan famosas las fajas colombianas?

Su éxito no solo incluye jugosas ganancias, sino que involucra el narcotráfico, el feminismo y hasta a Kim Kardashian.

Fotos: Mauricio Alvarado.

 

Esta es otra de esas historias que comienza con una foto de Kim Kardashian en Instagram: la exportación de las fajas colombianas a Estados Unidos creció desde que la reina de las redes sociales le contó al mundo que estaba ‘obsesionada’ con una cinturilla de látex de la marca Waist Gang, fabricada en Colombia. O así lo cuenta Jairo Cubillos, director de Medivaric- Cupisa, una compañía colombiana que fabrica prendas de control: “Desde que una de las Kardashian se tomó una foto con una de látex, ha habido una gran demanda de este producto en Estados Unidos, sobre todo en la comunidad latina y afroamericana”. El regalo le llegó de parte de Premadonna, otra diva de los reality shows y la CEO de Waist Gang, la marca que comercializa con su sello las fajas manufacturadas por la compañía caleña Ann Chery, que abrió desde hace diez años su primera tienda en Miami.

 

La cinturilla que lucía Kim Kardashian está confeccionada artesanalmente con látex y varillas flexibles, conocidas como hueso de ballena. Desde la publicación de esta foto, este tipo de faja comenzó a usarse por las mujeres de occidente como prenda exterior. Esta prenda, nacida para el interior, ahora se consigue en el mercado con estampados y colores a un precio de 70.000 pesos colombianos, en promedio.

 

Mauricio Saldarriaga, director de Comercio Exterior de Fajas MyD, cuenta que sus productos llegan principalmente a Estados Unidos, le siguen México, Honduras, República Dominicana, Suiza y Suecia.  Entre sus planes está vender un millón de unidades en el 2021, de las cuales el 60% irá al mercado exterior y el 40% restante al mercado interno. 

 

Tanto Saldarriaga como Cubillos coinciden en que la calidad de los textiles colombianos es lo que les ha permitido competirle a China, su rival más grande.

 

FABRICA DE FAJAS

Desde que una de las Kardashian se tomó una foto con una faja de látex, ha habido una gran demanda de este producto en Estados Unidos.

 

Las fajas colombianas las llevan hasta las mujeres de Medio Oriente. “El mercado que primero se abrió, irónicamente, fue el de Arabia Saudita, esas mujeres no se muestran, solo se ven sus velos que cubren todo el cuerpo –le dijo Angélica Rivero, presidenta y CEO de Ann Chery USA, a El Espectador–. Ese mercado fue el que más empezó a comprar y a pedirnos las fajas desde Miami hacia Arabia Saudita. Todo eso fue muy nuevo, pues pensábamos que no eran muy femeninas, por sus tradiciones, y nos encontramos con todo lo contrario, hay un mercado muy grande, sus mujeres compran muchas cremas, perfumes y cosméticos de todos los precios. Ya tenemos clientes importantes que al comienzo solo compraban 100 unidades; ahora les enviamos 35.000 unidades mensuales solo para Medio Oriente. Luego llegamos a Emiratos Árabes, que es un mercado más abierto, es más popular, tiene más turismo y fue un hit el cuento del waist trainer y la calidad colombiana. Ellos usan mucho producto chino, pero prefieren, sin importar precio, un producto colombiano. Desde Dubai hacemos ventas al por mayor para fuera de Dubai, para Arabia Saudita, para Turquía, para los países cercanos...  El próximo año vamos a tener la primera tienda oficial en Dubai”. Ann Chery creó un nuevo empaque, sobrio y sin imágenes, para que las mujeres de países como Arabia Saudita pudieran ingresar a su país sin que la aduana les decomisara los productos por contenido sexual. 

 


| La herencia de la cintura de avispa

Se dice que las abuelas colombianas enseñaban a sus hijas, incluso nietas, a tallar la silueta de avispa amarrando medias veladas a la cintura o apretando un hueco más la correa. Luego, está práctica se volvió más sofisticada: las mujeres empezaron a usar tejidos de lycra y nylon forrados en algodón, con ganchos de ajuste y varillas.

 

Según Camilo Herrera Mora, Presidente de Raddar y experto en consumo y cambios culturales, el gasto que destinan los hogares colombianos a este tipo de productos es bajo. Sin embargo, desde el 2016 aumentó un 2%. “Nuestros principales clientes son los catálogos de venta directa o de revista –dice Jairo Cubillos, de Cupisa–. También vendemos a mayoristas en San Victorino, en Bogotá; El hueco, de Medellín; y a los San Andresito, de Cali, el Eje Cafetero y la capital del país. También a los almacenes de grandes superficies”. La participación de la ropa de control dentro del mercado total de la moda en Colombia aumentó del 2% en el 2010 al 5,3% en el 2016, según el estudio de Raddar.

 

Y aunque la cintura de avispa a la colombiana es un producto de exportación, la prenda más vendida en el país es una pantaleta que cubre desde la cintura hasta los muslos y tiene dos huecos en las nalgas. El material con el que está confeccionada aprieta el abdomen y los gordos de la cadera, y levanta la cola.

 

FABRICA DE FAJAS

 

Para Cubillos, Colombia ha sido un país que ha desarrollado una industria de cirugías estéticas y el narcotráfico fue uno de sus orígenes. “Los narcotraficantes querían tener mujeres muy voluptuosas, de grandes senos y nalgas, eso de alguna manera impulsó los tratamientos quirúrgicos en el país. La industria de la confección vio una oportunidad de negocio y creó estas prendas de control que ayudan en la recuperación posoperatoria. Sin embargo, desde antes de esto ya se creaban prendas para moldear la figura”.

 

“En los 80, el paradigma estético era exagerado, saturado de volúmenes y colores  –comenta Federico García, politólogo, historiador y analista– . Con Heather Thomas, de Profesión peligro, se inauguró una moral californiana que impuso el modelo  de la rubia de senos grandes, cintura pequeña y cola voluptuosa. En Colombia, esta estética comenzó a copiarse cuando llegó el dinero. Con la entrada de los 90, no obstante, cambió el paradigma del color por el blanco y negro y por modelos de belleza a lo Kate Moss, flaquísimas. Esa nueva estética fue asumida por las clases altas, pero los sectores populares se mantuvieron en la década anterior, una tendencia que permanece hasta nuestros días: con la estética de ‘la prepago’, que es una emulación criolla de la mona californiana”. Sin embargo, para él, “si bien el boom de las fajas tiene que ver con la narcoestética, también obedece a la nueva cultura fitness, a la apuesta por la salud y a la figura fornida que ha marcado la estética de este siglo”. El alto consumo de las fajas tiene un origen médico y una finalidad de belleza.

 

La docente e investigadora de la Universidad de Antioquia, Ángela María Chavera, recalca que la influencia del narcotráfico en el país echó para atrás la lucha por la liberación de las mujeres que su generación había adelantado. “Antes había otra pregunta relacionada con la intelectualidad y el rol de ser mujer en una sociedad conservadora: ¿cómo ganar espacio con nuestra inteligencia y no solo por la belleza?”. La narcoestética objetualizó el cuerpo femenino y lo hizo centro de “una sociedad que exige y tortura” con estándares de belleza exagerados, que cuestan un sacrificio exorbitante, cirugías e implantes.

 

FABRICA DE FAJAS

 

La modelo de tallas grandes, María Jiménez Pacífico, usó su primera faja a los 8 años –la sacó del armario de su mamá–. Luego, a los 17, usó otra que llevaba al colegio. Aunque le dificultaba respirar, sin ella se sentía insegura. En un momento de su vida notó que no le estaba circulando la sangre en ciertas zonas del cuerpo e, incluso, parte de su pierna estaba deforme, ya que usaba la faja de cuerpo completo. Tuvo que dejar de ponérsela y desde entonces advierte que, en exceso, estos accesorios pueden tener consecuencias físicas, desde la irritación de la piel hasta la pérdida de apetito y la nueva acomodación de los órganos del cuerpo. “Lo más importante es que la belleza viene desde adentro. Las fajas no hacen milagros y es mejor aceptar el cuerpo con rollos y curvas tal y como es”, asegura Jiménez.

 

“Me preocupa que, desde muy pequeñas, las mujeres de Medellín se están haciendo operaciones invasivas, incluso he sabido de algunas que son obligadas –comenta Chavera–. Y no es que esté en contra de la cirugía. El problema es cuando esto legitima su autoestima, porque si su belleza no cumple dichos patrones se vive una lucha interna y social para alcanzarlos. Yo me pregunto ¿dónde está la palabra de la mujer? ¿Qué tan feliz es? ¿Cuál es su bienestar?”. 

 

últimas noticias

Tres consejos para aprender a combinar tu ropa