Vanessa De La Torre: "Todo estaba dispuesto para que yo fuera mamá"

Raquel y Carlota llegaron a la vida de la periodista en el momento indicado. Acababa de pasar siete años en Estados Unidos, el amor la complementaba y su pasión por el periodismo le permitía desempeñarse con éxito en este trabajo. “¡Ni que lo hubiera planeado!”, dice.
Vanessa De La Torre: "Todo estaba dispuesto para que yo fuera mamá"

Periodista Noticias Caracol y Blu Radio.

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@vanedelatorre

 

Primero, debo aceptar que yo nunca fui como Susanita (el personaje de Mafalda), que soñaba con la familia y los hijitos, incluso, en algún momento de la típica rebeldía juvenil pensé que no tendría hijos porque estaba muy desesperanzada del futuro de la Humanidad. Pero llegó un día en que coincidieron en mi vida varias cosas que me hicieron replantear mi posición: mi padre falleció, me enamoré intensamente de quien hoy es mi esposo, volví a mi país. Todo eso implicó un cambio de vida que yo ni siquiera busqué pero asimilé con toda la seriedad del caso. Y fue entonces cuando llegó mi primera hija, Raquel. No hubo un llamado de la vida, pero sí una certeza.  

Cuando quedé embarazada de Raquel llevaba cuatro meses viviendo en Colombia. Presentaba Noticias Caracol de la mañana. Había vivido sola durante siete años en Washington a un ritmo incansable. Al llegar a Bogotá mis prioridades se dividieron. Tenía el hombre más especial del mundo a mi lado, un proyecto de pareja sólido y un canal que confiaba en mi trabajo. Tener hijos era lo natural y el reto entonces fue seguir trabajando en medio de un embarazo difícil y, al tiempo, cuidar a mi bebé. Lo hice. No sé si bien o mal, pero a mi manera. Hoy me río cuando recuerdo, por ejemplo, cómo perseguía presidentes con una barriga de siete meses a casi 40 grados centígrados en la Cumbre de las Américas, en Panamá 2010. O hacía tres emisiones diarias de noticiero, pues era la enviada especial a esa Cumbre. Yo me organizaba para hacer siestas cortas, tomar mucha agua y descansar. Esta pasión desbordada que tengo por el periodismo es un motor tan fuerte en mi vida, que me impulsa a no quedarme quieta, ni siquiera en medio de los malestares más intensos del embarazo. Me daba mucho mareo, náuseas y un sueño infinito, pero sabía que debía alimentarme bien y descansar, y eso hacía. 

 

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"Hoy me río cuando recuerdo, por ejemplo, cómo perseguía presidentes con una barriga de siete meses a casi 40 grados centígrados en la Cumbre de las Américas, en Panamá 2010."

 

Al mismo tiempo tenía responsabilidades laborales que no podía dejar. De pronto me vi en un estado de vulnerabilidad que nunca había experimentado y simplemente me tocó bajarle el ritmo a la vida y concentrarme en lo único que realmente era importante en ese momento: el bienestar de mis hijas. Afortunadamente conté con un gran apoyo por parte de mis compañeros de trabajo y de mi esposo. Todas las incomodidades desaparecían cuando tenía a mis bebés conmigo. 

Tuve mucho susto con los embarazos, obvio, acababa de comenzar una nueva etapa laboral y me sentía insegura. Pero estaba convencida de mi proyecto familiar. Nunca he pensado que la maternidad vaya en contra de la evolución laboral. Tengo tres pilares en la vida: la familia, el trabajo y los amigos. Trato constantemente de mantener un equilibrio en los tres. Me esfuerzo por ser una buena profesional, amo lo que hago, pero eso no sería suficiente si no tuviera a mis hijas y pudiera organizar el tiempo para estar con ellas. Y claro, me gusta tener amigos y divertirme. Lograr ese equilibrio es difícil y es mi mayor esfuerzo todos los días de mi vida. 

Para conjugar todos estos aspectos de mi vida cuento con la ayuda de mi esposo, que  es mi apoyo más grande. Es un excelente padre, que va al pediatra y al jardín cuando yo no puedo y está muy pendiente de las niñas. Es una responsabilidad compartida. 

Mi mamá vive en Cali pero viene a Bogotá cuando es necesario. Mi suegro y su esposa, son muy especiales con las niñas y me siento en la tranquilidad total de pedir ayuda si lo necesito. Somos una bonita familia con una mamá muy trabajadora, donde abundan el amor y la solidaridad. Así que nos organizamos para que las niñas, Raquel y Carlota, estén siempre bien acompañadas y hasta ahora ha funcionado bastante bien. Ojo, no es fácil, todas las mamás queremos tener cerca a los hijos. Pero también queremos darles bienestar, comprarles zapatos y llevarlos al médico. Conseguir ese equilibrio es complicado. Son muchas las madres cabeza de hogar en nuestra sociedad. 

Y la maternidad es difícil, en soledad aún más. Yo admiro y respeto infinitamente a todas esas mujeres que lo hacen solas en un país en el que las oportunidades de cara al futuro no son evidentes.

En mi caso, afortunadamente, mis hijas llegaron cuando era. Soy feliz teniendo dos bebés en casa. Son muy cercanas, juegan, se divierten juntas y lo mejor es que la una hereda de la otra. Hoy miro hacia el pasado y me digo: ¡Ni que lo hubiera planeado!

 

Foto: Juan José Horta.