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Nosotras, el libro de Rosa Montero que revive a mujeres desafiantes, crudas y guerreras 

La escritora española visitó Colombia para presentar la reedición de la obra que reúne dieciséis perfiles de mujeres que hicieron del mundo un lugar más igualitario.

Rosa Montero es periodista y escritora.Getty Images

Tiene un tatuaje en la espalda, justo al lado del cuello. En letra negra una frase difícil de olvidar: ni pena ni miedo. El grabado existe en su piel desde que leyó el macropoema que trazó Raúl Zurita en el desierto de Atacama. El chileno lo hizo para que, desde lo alto, recordemos que lo único que necesitamos es coraje de vivir. 

Cuando era niña, Rosa Montero narraba historias de ratas parlantes. No supo cómo se hizo narradora, pero tiene la certeza de que no es una sola mujer sino muchas. Vive en cada uno de los personajes femeninos de sus cuentos y novelas. Es una salamandra instintiva que muta en cada uno de sus textos. 

“Yo no escogí escribir, sino que esto es algo que forma parte de mi descripción básica. Soy mujer, soy morena y soy escritora. Es un esqueleto exógeno que me mantiene en pie. Es algo definitorio y estructural en mí”. Las palabras se le amontonan en la garganta, buscando salida. El salón reservado para la entrevista tiene una mesa de madera con dos sillas, junto a una ventana por la que entra la luz del patio central. La madrileña otea fijamente, tiene los ojos brillantes, un vestido colorido y aretes grandes. “Seguí escribiendo desde los cinco años sin parar, luego pensé cómo encontrar algo que me permitiera trabajar. De la ficción no se puede, ni se debe vivir. Estudié periodismo porque tenía facilidad para comunicar y pensé, acertadamente, que me ayudaría a seguir aprendiendo de todo el resto de mi vida”. 

Mientras habla le sostiene la mirada a su interlocutora. Mueve las manos como si le estorbaran. En 1978 publicó su primera columna semanal en El País de España. Allí mismo fue redactora-jefa del suplemento dominical, de 1980 a 1981. “Ser reportera es un trabajo maravilloso, me ha permitido conocer muchos mundos, no solo geográficos, sino distintas maneras de estar frente a la vida”. 

De repente se mueve con brusquedad, con un gesto de dolor habla de los cuatro tornillos que tiene incrustados en la espalda. Estar horas en la misma posición es uno de los males del escritor. De su disciplina incansable y solitaria no se regresa ileso. Los narradores son obreros de la literatura, hormiguitas dotadas de dedos que quieren ganarle la carrera al tiempo y un día dar a luz una obra. 

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“Hay un amor que nos salva” dice. Se refiere a Pablo Lizcano, el periodista español que la acompañó en largos y entrañables recorridos. En La ridícula idea de no volver a verte, un libro sobre la científica Marie Curie y su esposo, Montero comparte fragmentos de su propio amor. Su relación fue atípica en varios aspectos. Los dos eran caóticos, seres absortos en sus propios trayectos profesionales que, sin embargo, sabían acompañarse. Con gracia recuerda una entrevista antes de que Pablo muriera: “Él llega de su trabajo y se mete en su despacho. Yo estoy en el mío, y a las doce de la noche oigo que grita: '¿Pero no cenamos?'. Si estoy escribiendo un capítulo interesante, no bajo”.

La muerte lo alcanzó en mayo del 2009. Mientras Lizcano luchaba contra la enfermedad, ella escribía Lágrimas en la lluvia, un guiño al monólogo final de Roy Batty, personaje de la película Blade Runner. A partir de ese texto nació la detective Bruna Husky en una novela futurista. Fue la primera de varias entregas en la ciencia ficción.

Desde niña ha reconocido la finitud de la vida y se abraza a su naturaleza efímera. A los diez ya pensaba en la muerte, diciéndose “Mira Rosita, qué tarde tan preciosa, qué cielo tan azul, qué árboles, aprovéchalo porque enseguida pasará y te morirás”. 

Sobrevivió al dictador Francisco Franco. Tras la vuelta de la democracia se volcó a las calles con sus compañeros y amigos. Lo sigue haciendo, hoy copa plazas para defender los derechos de las mujeres. En 1995 intentó hacerle justicia a las que olvidaron la mayoría de las biografías. De este modo nació Nosotras, una pieza que revive a mujeres desafiantes, crudas, guerreras, inesperadas, en una edición de colección. 

Nos hace justicia desde la primera línea. En la tarea de ponerle rostro y color a las dieciséis le ayudó la ilustradora María Herreros. En sus páginas el lector se aproxima a la feminista María Lejárraga, la escritora Agatha Christie, la artista Frida Kahlo, la filósofa Simone de Beauvoir, la compositora Alma Mahler, entre otras. 

Antes de iniciar este viaje ameno y profundo, Montero advierte que “tenemos que esforzarnos en extirpar de nuestras cabezas ese parásito del pensamiento que es el prejuicio. Yo no pido que haya más mujeres en los diversos premios, en los centros de mando, en las cátedras o en la dirección de las empresas, porque seamos todavía pocas, vengamos de una discriminación de siglos y, pobrecitas de nosotras, necesitemos algo de ayuda. No, de ninguna manera. Lo que yo pido es que haya más mujeres en todos los ámbitos, porque somos tan buenas como los hombres. Es decir, reclamo que se nos evalúe con objetividad y con justicia. Y lo terrible es que eso hasta ahora no ha ocurrido: ni la sociedad ni nosotras mismas nos valoramos igual”.

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