Argentina, con pena y sin gloria

Un periodista argentino analiza la derrota de su equipo. "Los argentinos malgastamos el orgullo aún a sabiendas de que no estamos en lo cierto", afirma.
Argentina, con pena y sin gloria

Reivindicar el trabajo de la selección en este mundial es un error demasiado grande y grave. Por qué no podemos disentir en algo con el técnico sin que se enoje, desprecie o maltrate a quien no siga su línea. Haber sido el enorme y talentoso jugador, el emblema y el símbolo patrio de todos y cada uno de los que sentimos ese México 86, así como el luchador incansable que salió victorioso frente a las garras del abuso de poder de Havellange y cía, no lo hace inmune a las críticas de su inexperiencia en las pistas desde la raya para afuera.

La dura eliminación en manos de la fría pero siempre protagonista selección alemana, es una muestra de la carencia de estrategia que padeció ‘el campeón antes de tiempo’ para los engreídos hinchas argentinos. Volvieron a mostrar las mismas cartas que en las eliminatorias: puro individualismo, cero táctica en el campo de juego, inexplicable falta de comprensión al juego rival, escasa actitud frente al resultado adverso.

En fin, una cadena de ´horrores´ en el trabajo de un técnico motivador pero nada ideólogo, director y guionista de un juego que no supo plantear. Hemos sabido perdonar errores, al fin y al cabo todos los cometemos a menudo. Los veinte años sin protagonismo viril en la competencia futbolística más grande del planeta no son culpa de Diego, pero sí lo son su soberbia omnipotente frente a una responsabilidad de tamaña magnitud, la ausencia de planes de trabajo y la falta de equilibrio, tan vital éste en un equipo candidato al título, que por más que no se lo asuma como tal, siempre está dentro de los seis o siete favoritos naturales en todas las competencias internacionales.

Maradona subestimó al resto de participantes, igual que lo hizo siempre cuando jugaba: con el pecho delante de su cuerpo, solo que esta vez no lo acompañó su alma de ganador. Dejó a suerte y verdad el camino de un seleccionado talentosísimo pero joven, demoledor pero distraído, ultra ofensivo pero descuidado en defensa. Varios puntos que de haberlos pulido con trabajo táctico otra hubiera sido la película de cuartos de final.

Y perdón, pero no se puede reivindicar el papel de la selección con los resultados positivos de los partidos previos, cuando con semejantes jugadores regresó de Sudáfrica al quinto encuentro y con una humillante goleada, la segunda peor en la historia nacional en mundiales de fútbol.

No comparto con los que fueron a recibir al plantel a Ezeiza, será que lo que toca Maradona anula todo análisis y opinión. Indiscutible como jugador, al que no lo podían parar ni los mejores defensores ni las suspensiones sospechosas, pero de ninguna manera impune a las críticas como entrenador, porque cuando competía dentro de las canchas tenía entrenamiento de alto rendimiento y una capacidad admirable para decidir toques y gambetas; con traje, de brazos cruzados y del otro lado de la línea de cal, muestra que le falta la formación táctica y estratégica, que es tan importante como la motivación.

Espaldas le sobran para poder seguir, siempre y cuando le de espacio al aprendizaje y a la escuela de los que saben. Deberá superponer humildad y dedicación a soberbia, ego y altanería, que en vez de sumar le van quitando la posibilidad de conseguir más gloria.